Estaba el inca Huáscar reunido junto a su Consejo Imperial, impaciente y preocupado ante la amenaza de sublevación que, según le habían informado, planeaba realizar su hermano Atahualpa en el Norte, en Quito, lo que ponía en riesgo la estabilidad del Imperio, además de sus planes expansionistas más allá del río Maule.
La rebelión era inmediata y Huáscar sabía lo fundamental que significaba el advertir, en el más corto plazo, a sus generales del norte, además de al gobernante del Chinchaysuyo los planes que, en secreto, se estaban manejando.
Sabía, también, que gran parte del éxito del Imperio se había logrado gracias a la red de caminos, que implicaba puentes, tambos y depósitos, que habían asimilado de anteriores pueblos y eran aprovechadas con rapidez y resistencia por sus mensajeros: los chasquis.
Por ello, preveía que la celeridad en el anuncio del mensaje dependía de su mejor portador de noticias: Killapa Wawan, quien, en varias misiones previas, había demostrado tener una capacidad superior a la de otros hombres.
Killapa Wawan tenía un origen misterioso: la primera vez había aparecido, muy joven, a los pies del príncipe inca Cusi Yupanqui, durante los enfrentamientos contra los chancas, para proponerle una estrategia que ayudó grandemente a revertir la crítica situación inca y les permitió hacerse de una victoria clave ante tan hostil y resistente pueblo.
Tras la victoria, Cusi Yupanqui deseó convertir a Killapa Wawan en el máximo general de sus ejércitos, por la inteligencia y valentía demostrada, pero él le pidió conservar su condición de chasqui, para la cual sentía que podía servir mejor al Imperio y a la integración andina.
Nunca había comentado, ni antes ni después, sobre su ayllu de origen, pero sí había demostrado entrega y compromiso, no vistas en ningún otro hombre, lo que, ante los ojos del Inca, era suficiente como para no dudar sobre su fidelidad al Tahuantinsuyo.
Y como en aquel momento contra los chancas, nuevamente ahora, en sus manos estaba el futuro del Imperio, por lo que le fue encomendada la misión de inmediato y dadas las indicaciones que debía informar, pueblo tras pueblo, a los generales incas a fin de que estén preparados ante el peligro de sublevación.
Killapa Wawan salió del Cusco ese mismo día. En tiempos pasados, había ayudado a los ingenieros indígenas en el trazado de los Qhapaq Ñan, ya que era uno de los hombres que más conocía los territorios andinos y de la costa antes, incluso, del auge del Tahuantinsuyo.
En alguna circunstancia había conversado con algunos administradores del Imperio y les había explicado que, en el momento crucial de la guerra inca – chanca, había decidido apoyar a los primeros porque sabía que estos garantizarían el asimilar los conocimientos previos como la red de caminos, además de otros, que habían ayudado al desarrollo de los grupos étnicos y los pueblos andinos.
Casi al anochecer, Killapa Wawan ya había emprendido el camino. Según las predicciones de los astrólogos del Imperio, ese día habría luna llena, lo cual, para sus intereses, sería de mucha utilidad; según les había indicado a quienes lo vieron partir, ante la incertidumbre de estos por la explicación lógica.
Los primeros kilómetros los hizo sin contratiempos, hasta que se dieron las condiciones que tanto esperaba para hacer más rápida su misión: la aparición de la luna llena.
Killapa Wawan era hijo de la luna (el significado de su nombre) y cada vez que esta se manifestaba, como luna llena, se convertía en un puma andino, un animal veloz y resistente, adaptado a la inclemencia de la geografía y clima de los Andes, que superaba sin ninguna dificultad.
Así, en tal condición, avanzó con gran rapidez durante toda la noche, ya que volvía a ser hombre al amanecer, cuando la luna se ocultaba. Gracias a ello, al mediodía ya había realizado un gran tramo de su camino y advertido del peligro a varios generales incas.
Como hombre de extrema confianza y consideración del Inca, su palabra tenía la misma importancia que la del Soberano, además de igual trato en los tambos por los que pasaba.
En su camino, fue corroborando lo que había proyectado de los Qhapac Ñan: su vital importancia en el desarrollo regional, la expansión territorial y, luego, en el establecimiento de la organización del incario.
Se cruzó con agricultores quienes transportaban los excedentes de las cosechas para intercambiarlos mediante trueques, además de llevar sus tributos al Inca y al Imperio, que eran enviados, luego, a los depósitos en los centros administrativos.
Igualmente pudo ver a los ejércitos locales que se movilizaban para garantizar el orden y el traslado de poblaciones enviadas en calidad de mitmaq con frecuencia a lugares distantes de su origen.
Otros chasquis además de jueces, amautas, administradores y quipocamayo, entre otros, también pasaron por los caminos, quienes, para Killapa Wawan, desempeñaban una labor fundamental dentro de la organización inca.
Al tercer día llegó al Chinchaysuyo, en donde se respiraba un aire de incertidumbre que el gobernante no sabía cómo interpretar; por lo que, al ver a Killapa Wawan supo que una solución ya se estaba tomando desde el Cusco.
Killapa Wawan sabía que la situación era complicada y como en el devenir mismo del Ande, en el que se habían presentado periodos de auge imperial y luego desarrollos regionales, quizá –pensaba que– este era el momento en el que el Tahuantinsuyo debía dar paso a mayores estadios culturales andinos: su verdadero interés.
Tras cumplir su misión, emprendió el retorno; cuando, en ese tránsito, vio extraños hombres barbudos montados sobre animales revoltosos, similares a las llamas pero de mayor tamaño, a quienes les brillaba el cuerpo cuando su vestimenta tenía contacto con el sol.
Sabía que su presencia en estos territorios era nueva, pero no conocía sus propósitos, por lo que apresuró su regreso para comunicárselo al Inca, sin tener la seguridad, por cómo estaba la situación en el Norte, de que su advertencia sea tomada en cuenta, esta vez.
Esta imagen, que encontré en Internet, en esta página, grafica, en una parte, el mensaje de la historia. Entiendo que la autoría de la imagen es de: Alba Pascual.
Hay un contacto muy emocional en el tejido que Esperanza Rosas comparte junto a su hija, Ana Cecilia. Lo hace mediante Tejiendo Perú, uno de los canales de Youtube con más reproducciones en el país, que muestra los secretos de este oficio y enseña a compartir y ser solidarios.
Los momentos devastadores ocurren irremediablemente en nuestras vidas y, de ellos, nos quedan pocas alternativas: asimilarlos, recuperarse, aprender y, solidariamente, compartir las lecciones que se puedan sacar. Por ejemplo, cómo superarlos.
Esperanza Rosas es solidaria. Lo es más, después de que un cáncer de mama le arrebatara la vida a su hija Patty; pero, no obstante esa adversidad, no está sola. Su talento y dedicación por el tejido le permitió ganar miles de hijos y nietos virtuales. Ella sostiene que en cada video que sube, además de aprender acerca de la forma más sencilla de tejer, ganan una compañía invaluable, capaz de ocupar un espacio vacío de sinceridad.
Publicación original para Variedades de El Peruano. En la imagen, Esperanza junto a Ana Cecilia.
Esperanza nació en Luya, un pueblito de Amazonas. Teje de toda la vida. Su abuela, tías y madre –cuenta– realizaron esta tradicional práctica que antes desarrollaron magistralmente gran parte de nuestras culturas precolombinas y ella, con la observación, heredó.
Pronto llegó a Lima y con el nacimiento de sus hijos se dedicó, con más ahínco, al tejido, practica que en pocos años le permitió convertirse en una de las youtuber con los videos más reproducidos en el Perú (más de 160 millones de visualizaciones, a la fecha), en cerca de 1,100 videos.
Sin embargo, el éxito lo consiguió, como la mayoría de veces, luego de que una puerta se cerrara. Tras la devastadora pérdida, Esperanza no solo se refugió en el tejido, sino que también decidió compartir lo que había vivido, animando a que otras madres hicieran lo mismo y, desde una perspectiva solidaria, ayudarlas a reconstruir sus tejidos familiares afectados por el infortunio.
“Mi madre encontró un concurso en un canal de cable de manualidades y nos insistía que quería compartir su tejido. Hicimos el video, pero no ganó. La decepción fue enorme; pero uno de mis hijos nos dijo que podíamos subirlo a Youtube”, recuerda Ana Cecilia. Se cerró una puerta, pero se abrió otra, que, en realidad, fue una ventana, virtual y mundial.
Ahí empezó todo. Desde el primer video (espacios abajo), el éxito (y principal motivación) fue la respuesta de los seguidores. “Ver que tuviéramos 80 visitas, era un montón para nosotras. Sobre todo por los mensajes. Desde un principio nos trajo un montón de alegrías”, refiere Ana Cecilia.
Ahora los videos de Tejiendo Perú tienen, en promedio, 3 millones y medio de reproducciones por mes y, gracias a la dedicación puesta, se ha convertido en el trabajo de Esperanza y Ana Cecilia. Pero un trabajo que les apasiona, divierte y permite compartir.
Además, manejan más de cuatro exitosas cuentas en redes sociales (en Facebook y Twitter tienen más de 150,000 y 10,000 seguidores, respectivamente). “Mi madre revisa todos los comentarios y contesta uno por uno”, indica Ana Cecilia.
“Siento que las personas que entran a la página y te escriben son amigos. Emociona mucho. Con los mensajes ustedes me ayudan mucho más a mí que yo a ustedes”, responde Esperanza.
¿Y dónde radica el éxito? “En hacer lo que amas, lo que te apasiona, con dedicación, sin tener la necesidad, necesariamente, de pensar en cuánto será la remuneración”, sostienen.
Nos explican que, para elaborar tan meticulosos y preparados videos, dedican toda la semana en su producción. La elección de los temas se hace de acuerdo a lo que sus seguidores proponen. Personas que les han pedido comprar sus tejidos, aunque ello, por ahora, no está en sus planes. “Se trataría de formar un equipo”, refiere Esperanza.
Ana Cecilia y Esperanza. (Foto: www.tejiendoperu.com)
Pero sí tienen planeado, en un futuro, realizar talleres. Y, sobre todo, impulsar y difundir la Fundación Patty Rosas, con el fin de acompañar a las familias que pasen por situaciones similares. “En cada uno de los videos que hacemos difundimos la importancia de la prevención del cáncer para su diagnóstico temprano”, refieren.
Actualmente, Esperanza tejé y no solo en compañía de sus millones de seguidores. Ella, afortunadamente, ha trasmitido su arte a Ana Cecilia y, además, en una de sus nietas, Lorena. “Es la quinta generación”, manifiesta.
Y, aunque el tejer –puntualiza– es una cuestión muy personal, hay un contenido emocional en hacerlo. “Y mediante las redes y los mensajes hemos corroborado que sí se establece un vínculo entre las personas. Es una tremenda satisfacción", afirma. Tanto para ellas, como para nosotros.
*************** NUEVA ECONOMÍA DEL INTERNET
Para Susana Pabón, gerente de Comunicaciones y Relaciones Públicas de Youtube para el Perú y Colombia, el éxito de Tejiendo Perú consiste en que logró entender que los temas de nicho, en este caso el tejido, son importantes porque es lo que la audiencia está buscando.
“El canal ha tenido muchos éxitos, no solo en el Perú, sino que ha trascendido las barreras geográficas. Gracias a que hacen lo que les gusta, conectándose con audiencias de todo el mundo y a la vez generando ingresos, que permite crear lo que llamamos 'la nueva economía de Internet'", indica.
Canal de Tejiendo Perú
Refiere que, en el Perú, existen diversos canales y de temáticas variadas, desde youtubers de entretenimiento, pasando por la belleza y el deporte. "Por ejemplo, tenemos a Katherine Esquivel y su canal de moda 'What The Chic' que es seguido no solo en el Perú, sino también en México, Estados Unidos, Colombia y España", agrega.
Así como Esperanza, también existe otro canal denominado 'Taller Manual Perú', de Liliana Vega, que, a la fecha, tiene más de 180,000 suscriptores. Cabe indicar que, según cuenta Pabón, Liliana dejó de dictar los talleres presenciales que daba para dedicarse de manera exclusiva a la producción de contenido para YouTube.
Otro ejemplo de youtuber exitoso en el Perú es Anthoni Montalván, quien ya es un empresario digital. Su canal 'Tr4iner', que brinda consejos para ejercitar el cuerpo, tiene más de 380,000 suscriptores de diversas partes del mundo.
También está Bruno Morales, un joven que estudió informática, tuvo su primer trabajo en el almacén de una tienda por departamento y ahora posee un canal de entretenimiento por Internet.
"Su talento para entablar conversaciones con franqueza y reírse de sí mismo son sus mejores armas para posicionar a 'Brunoacme' como uno de los canales peruanos de YouTube más visitados, sus casi 400,000 suscritos así lo demuestran", indica la representante de la red social.
[Parte de este texto fue publicado el 29.05.2015 en Variedades de El Peruano. Acá en scribd].
Marcahuasi está en Lima, pero no es Lima. A
solo 3 o 4 horas de la Metrópoli, puedes encontrar un espacio donde la naturaleza y el hombre trabajaron de forma geométrica y artística como si, en perfecta complicidad, hubieran manejado moldes, escuadras y compases que dieron como resultados esculturas y monumentos en formas de personas y animales, pero... en rocas. Marcahuasi es, además, una zona de paz, mística y enigmática que pondrá a prueba tu resistencia y curiosidad.
Es, más o menos, inteligente tomar
previsiones antes de emprender un viaje, sea corto o largo. Ya, eres
aventurero, vives la vida y has recorrido el mundo, pero, antes de tomar tu
maleta, es preferible saber a dónde vas. Y si vas a Marcahuasi, antes debes
leer lo siguiente.
Vista en dos: en el fondo, el pueblo de San Pedro de Casta. De la cruz a la derecha, el inicio del camino a Marcahuasi.
Entonces primero buscas en Google y, supongamos, que así llegaste hasta este post. Lo primero es saber qué llevarás. Y, en esta parte,
hay dos posibilidades, dependiendo de si vas con la intención de hacer todo el
recorrido de la Meseta o si solo quieres acampar en el Anfiteatro o la Cabaña y, luego de unas horas de reflexión, regresar. Pero, como eres un aventurero (o una),
[primera recomendación] ve ligero y solo con lo básico –luego notarás por qué–,
es decir: linterna, carpa –en la que se puedan acomodar 2 o 3 personas–, sleeping, ropa
para un cambio, agua, frutas, galletas, atún, cámara, documentos solo primordiales
–olvida la tarjeta dorada–, una pequeña radio y algo de caja chica
–aproximadamente S/. 50 por persona, a lo mucho–; aunque todo dependerá de las necesidades particulares.
Alguna información importante que debes saber, al alistar la maleta, es que estarás por encima de los 3 800 msnm o más, caminarás mucho y hace frío en las noches. Si vas un feriado, los precios suelen subir un poco, sobre todo
los pasajes. Y, geográficamente, Marcahuasi está a 80 kilómetros, aproximadamente, de Lima, en las alturas del valle de Santa Eulalia, distrito de Casta, provincia de Huarochirí, departamento de Lima. Sabido ello, estarás mejor preparado y tus viejos ya sabrán dónde irás.
¿Cómo llegar? El punto recomendado de encuentro es el Mali. Es preferible [segunda
recomendación] salir alrededor de las 8:00 a.m. Desde ahí, toma cualquier chosicano. Busca asiento que el viaje será
largo, alrededor de 2 horas, hasta llegar a la Plaza de Armas de Chosica. No
recuerdo su nombre, pero todos los pasajeros y, por supuesto, el chofer la
conocen. Solo pregunta “por el lugar donde salen carros para Marcahuasi” y te indicarán dónde bajarte. Para ello debes pasar algunos lugares como La Cantuta.
El pasaje hasta ahí, dependiendo del día, es de S/. 2.50. ¡No hay medio, cachimbo!
Mapa con el recorrido. Imagen vía la página Y tú qué planes?
Chosica es el último lugar ideal para
comprar lo que falte. Cuando llegues tendrás a la mano varias tiendas y
ambulantes que saben lo que necesitarás: leña, bolsas, linterna, agua. Compra
lo necesario, una vez más, es importante tener cargamento ligero. Ahí también
puedes terminar de desayunar y adelantar un pequeño almuerzo, digamos [tercera
recomendación], ya que, en la siguiente parada, el pueblo de San Pedro de
Casta, antes de subir a Marcahuasi, es preferible solo tomar "fuerzas".
Ya preparados para continuar el viaje,
incluidas las ‘emergencias’, pregunta por el lugar
en el que están las movilidades hacia Marcahuasi. Es una especie de cochera donde
encontrarás buses y minivans. Las ofertas varían dependiendo de la fecha –es decir si es
feriado–, pero el precio promedio está entre S/. 12 y S/. 15. (Debido a que se
busca ‘asegurar la ganancia’, los transportistas esperan que se llene la movilidad para partir –recuerdas, te avisé que llegues temprano–. Mientras más tarde sea, menos gente
habrá y más demorará el vehículo en partir, lo que retrasará todo el
itinerario que tengas hasta la Meseta).
Huinco. Pueblo pequeño, para una breve parada antes de llegar a San Pedro de Casta.
El recorrido de Chosica a San Pedro de
Casta dura, aproximadamente, dos horas, minutos más, minutos menos. Es
fantástico. Una breve añoranza a los caminos sinuosos que se recorren por la Sierra. Aire limpio, panorama agradable, cero bulla y tiempo de reflexión.
Durante el camino podrás encontrar un puente en el que se practica…puenting, ¡evidentemente!,
y luego el pueblo de Huinco, donde [cuarta recomendación] podrás degustar la más rica papa con huevo que hayas probado. Ahí
podrás comprar otras alimentos, estirar las piernas, brevemente, para luego
seguir. El trayecto continuará con más vegetación, un río que sirve de
acompañante y una central hidroeléctrica que será lo único, similar a la
ciudad, a la vista.
Una muestra del camino. ¿Lindo y retador, no?
San Pedro de Casta te dará la bienvenida
desde lejos. Un pueblo tranquilo, de gentes amables, y casas asomadas al abismo, pero que se superponen con el objetivo de llegar hasta el cielo. Deberías estar ahí, si saliste a las 8 a.m., a la 1 o 2 p.m.
aproximadamente. ¡Hora de almuerzo! Mejor no. Desde ahí te espera una caminata
de 2 o 3 horas que, preferiblemente, es hacer, nuevamente, ligero. Se
recomienda, nutrirse sí, con frutas, galletas porque, una vez arriba, donde empieza la
aventura, podrás comer algo más ‘contundente’. Si deseas, realiza un breve recorrido
por el pueblo, pero sin desgastar energías, ni tiempo.
San Pedro de Casta te da la bienvenida. Créditos reservados. :)
Para subir tienes dos alternativas: ir
caminando, lo que pondrá a prueba tu estado físico –y te hará arrepentirte del
cigarrito extra–, o alquilar un caballo que los pobladores ofrecen por S/. 15. Nuevamente, si quieres conocer lo que es resistencia,
valentía y fuerza hazlo sin ayuda. Otra opción es pagar por un burrito para que
lleve la carga, que se alquilan, si mal no recuerdo, por S/. 10. Antes de subir,
además, debes pagar un ticket de ingreso, que es una contribución al pueblo por
el turismo. Una vez ello, ya estarás en la puerta de ingreso a la vida al aire
libre, un encuentro con la naturaleza. (Mejor pide un mapa de la Mesetadonde venden los boletos –como
el de la subsiguiente imagen–. Será de mucha ayuda
cuando estés arriba).
Subida: el caballo ya sabe su chamba.
Durante la caminata te acompañarán
diferentes situaciones que pondrán a prueba tu fortaleza. La primera parte, los
primeros metros, son empinados, casi una prueba inicial que, al sortear,
demostrarás por qué mereces llegar a la cumbre del cielo serrano de Lima. Lo mejor es [quinta recomendación] no
alejarte mucho de tu grupo. Sí, ya sabemos que eres deportista, atleta y
ganaste la medalla de oro en las olimpiadas escolares, pero no tendrás el mismo
optimismo cuando hagas caminos distintos a tu grupo.
Mapa: desde Casta, pasando por los dos caminos (el largo y el corto), con todo el recorrido por la Meseta y sus figuras.
En el 2010 tuve el primer encuentro con
Marcahuasi e hice, hasta ahora, todo lo contrario a lo escrito. Las
consecuencias, en resumen, fueron que perdí mi sleeping, llegué a otro pueblo y,
luego, al Anfiteatro, al contrario que mi grupo con un retraso de 2 horas: a
las 8 de la noche. No tenía linterna (y no hay luz arriba, evidentemente).
El camino está guiado por flechas, pero en
algunas partes por subdivisiones que te pueden desviar. De cualquier forma, un
tramo se divide entre si vas a la Cabaña o al Anfiteatro. El primer lugar es
reducido, con una cabaña histórica y permanente y, el segundo,
el predilecto por los visitantes: amplio, con espacio para acampar y, si es en
temporada de fiesta, puedes encontrar algunas carpas que los pobladores ponen
para vender alimentos.
Aquí empieza todo. Créditos :D
En fin, subir, como adelanté, pondrá a
prueba tu estado físico, mental y hasta la solidaridad que tengas con
conocidos y extraños. En cierto tramo, la jornada se pone cuesta arriba, por lo
que es mejor llegar con la luz del sol. Dicen los expertos que, si vas a
descansar, lo hagas por periodos cortos, minutos contados, para que no se
‘enfríen’ los músculos. Una vez en el Anfiteatro podrás descansar, recuperar el
aire, preparar la carpa y comer lo necesario. A esa altura del día, ya deberían
ser las 5 o 6 de la tarde, por lo que los últimos rayos del sol te permitirán
alistar todo para una noche de amistad, compartir, fogata y cantar al aire
libre. Vale aclarar que, en cierto tramo, el recorrido al Anfiteatro se divide en dos caminos: uno corto, que es empinado, y otro largo, mucho más plano. ¡Escoge el que creas apropiado y suerte!
Con ustedes, el Anfiteatro. Este es, más o menos, el panorama si vas un feriado largo, como en Semana Santa.
Falso, vas a chupar. Ya, es bacán. Estás a
la intemperie, nadie te ve. Necesitarás algo de trago corto para
la altura y, vasos van, vasos vienen, te comenzarás a acordar de ese maldito
sms. Bueno, el panorama es claro. Si buscas hacer todo el recorrido a la Meseta
y llegar hasta donde pocos lo han logrado, ‘guarda’ hígado, pulmón y cabeza.
Pero si se te ‘va’ la mano, pones a Los Cholos o Martina Portocarrero a todo volumen
y ya estás cantando al empezar la noche, lo más probable es que a las 3 a.m. ya
tengas que expulsar, vía oral, el trago extra. En ese caso, al despertar lo
único que querrás es que un helicóptero te regrese a tu casa porque no tendrás
cabeza ni para amarrarte los zapatos (experiencia del cuarto encuentro, año
2014).
Video: este es el recorrido que, idealmente, podrías hacer. ¡Guarda cabeza!
Supongamos que no, te cuidaste. En ese caso,
al amanecer, trata de tomar un buen desayuno porque, ya aclimatado un poco, el
cuerpo resistirá y, sobre todo, necesitará las fuerzas necesarias para una
larga caminata.
La Oficina de Turismo de San Pedro de Casta describe así, en un breve tríptico, a Marcahuasi –este es un resumen–:
Marcahuasi deriva del vocablo quechua Marka, que significa Protector y Wasi que significa Casa, es decir la Casa del Protector o Soberano. Fue dado a conocer hace más de 54 años y se ubica dentro de la comunidad de San Pedro de Casta.
Las primeras referencias de la Meseta las encontramos en las crónicas que relatan los mitos y las leyendas de Casta. No obstante es por los estudios del investigador Dr. Daniel Ruzo que a partir de 1952 la meseta de Marcahuasi se hace conocida.
[Posee] esculturas y monumentos de personajes y animales en roca natural, muchos de ellos solo visibles ante la diversidad de la posición de los astros y juegos de luz y sombra. Aquí también se puede encontrar una abundante flora y fauna (plantas medicinales y animales silvetres).
(Antes de seguir, seguramente tú también
subirás porque quieres ver ovnis. Muchos visitantes dan fe de haberlos visto. Particularmente,
lo más cercano a un ovni que vi fue el de la siguiente imagen, pese a que sí he tenido
la esperanza de un encuentro de ese tipo. Fácil la haces).
Ovni (de piedra). D: ¡Mira bien! ¿Cómo que no? ¡Ahí está!
El recorrido es fabuloso, trata de salir
temprano, como a las 9 a.m. o antes. En el mapa de arriba están cada una
de las figuras que podrás apreciar. Si amas ello, la historia, la imaginación,
repensar cómo lo hicieron, este es tu camino. Eso lo pude hacer en la tercera
visita, aunque no pude terminar todo el recorrido sí estuvimos en una de las mesetas
privilegiadas a la que muy pocos llegaron. [Sexta recomendación] si
perdiste el mapa o no tienes a un guía, pégate, disimuladamente, a los grupos que
sí lo tienen para poder realizar un recorrido completo y apreciar todas las figuras. Ello te puede tomar unas
4 o 5 horas, aproximadamente.
Si cuentas con tiempo podrás regresar
con calma al Anfiteatro y almorzar ahí. Hasta podrías ir a la Cabaña y dormir en ese lugar, para regresar a Casta el día siguiente. Si no es así, es preferible bajar
alrededor de las 3 o 4 p.m. para que, de nuevo, puedas ver el camino con los rayos del sol. Es algo
disparejo por tramos y un poco empinado, pero el regreso es más rápido y te tomará
menos esfuerzo que subir. Igual es perfecto para sacar más fotos para el álbum.
Parte de la arquitectura que se puede encontrar en el lugar. ¡Si vieras por dentro!
Esta es la versión resumida del recorrido a la Meseta, quizá, con la intención de que sea vivida por cada
viajero y, además, motivo de un post especial.
Es raro, pero cuando regresas a San Pedro
de Casta no te sientes cansado y, si te afectó la altura, vuelves a sentirte
bien, pese a que la diferencia de metros no es mucha entre la Meseta y el
pueblo. Igual, si tu cuerpo no da, siempre hay caballos o burros bajando y
subiendo que, por unos soles, te pueden dar una mano. Algo importante es que al
regresar o salir del pueblo está el cementerio. Es preferible
mostrar el respeto necesario para este pueblo que conserva ciertas tradiciones.
Laguna Negra en Marcahuasi. ¿Notas por qué el nombre?
Dependiendo de la hora en que llegues a Casta
podrás retornar a Lima. Los buses salen, si no me equivoco, hasta las 5 de la tarde o más
dependiendo de la demanda y disposición de unidades. Lo seguro es que, antes de esa
hora, sí encuentres movilidad. Igual te podrías quedar en el pueblo. Hay lugares cómodos y acogedores cerca a la Plaza, como los hoteles Municipal y Comunal, además de albergues y hospedajes. El costo del pasaje es el mismo,
hasta menos y, en 2 o 3 horas estarás en Chosica para hacer el mismo camino,
abordar un chosicano hasta el Centro de Lima, todos pasan por el Mali. También
puedes comprar algunas artesanías en una pequeña feria que los pobladores
instalan en la Plaza. Igualmente cuentan con un museo turístico que está en el colegio José Carlos Mariátegui, con restos arqueológicos, cerámicas y textiles.
¿Qué? ¿Quieres más aventura? Si tienes el
físico y es buena hora, digamos las 11 o 12 de la mañana, puedes regresar caminando de Casta a Huinco.
Ello te tomaría alrededor de 3 horas y el camino es más plano y tranquilo que
al de bajar de Marcahusi. Todo es cuestión de preguntar y seguir las huellas
que dejan los pobladores al trabajar en sus cultivos y animales. Si la
batería del celular o MP3 está cargada, tendrás un placentero regreso, sin
mucho esfuerzo. Dicho recorrido lo hice durante la segunda visita, solo que
aquella fue con un Maestro (en mayúsculas) de las incursiones, Don Óscar
Pacheco.
Postal del retorno a Huinco, pero caminando. Créditos, también, por favor.
Pacheco, más allá de ser un profesor de fotografía
de la Facultad de Letras de la UNMSM, es la experiencia andando. Un
caballero medieval, pero caballero. Con extravagancias propias de quien ha
conocido varios ángulos de la Humanidad en diferentes partes del mundo. Un sabio y
experto en quien, verdaderamente, se cumple aquello de que, mientras tú estás
de ida, Pacheco fue, regreso, hizo dos vueltas más y ahora está de reposo. En
fin, querido y agradecido por muchas generaciones de estudiantes.
Fue él quien nos motivó, sin seguramente proponérselo, a regresar tantas
veces a Marcahuasi, además de mostrarnos la magnitud de otros lugares como
Lachay, Paracas, Cerro Azul y, ya por cuenta propia, Arequipa, Chimbote, Puno, Lunahuaná
y un largo camino que continuará con el paso de los años.
Postal clásica de Marcahuasi: en el Monumento a la Humanidad.
Caminando o en bus, igual llegarás a Huinco,
desde ahí, el recorrido es llano y sin contratiempos hasta Chosica. La gran
mayoría de carros te dejan cerca de donde salen los minibuses hasta el Centro
de Lima. Al regresar a casa, puedes ser otra persona, pero eso depende de cada
uno. Sí está asegurado que, luego de unos años, podrás recordar esta aventura y
decir, yo estuve en Marcahuasi, al cielo de Lima.
Valgan verdades, todo viaje-aventura tiene sus experiencias y anécdotas. Una de las más destacadas sucedió en el segundo recorrido cuando, sin querer, conocimos seres tan extraños como fascinantes. Se trata de quienes están en la imagen de abajo (y sus tres hijos), quienes subían a una de las lagunas para rendir y pedir a la Madre Tierra por su bienestar propio y algunos particulares. Gracias a su amabilidad pudimos participar en el ritual, además de probar, por vez primera, el tan controvertido Ayahuasca. Pero no, no terminamos huascas, aunque sí con algunos inconvenientes para el retorno, ya que, por lo concentrados y comprometidos con el momento, nos quedamos un largo rato y regresamos al pueblo en la noche. ¡No teníamos linterna! En fin, como pensábamos, Pacheco nos esperaba.
Tributo a la Madre Naturaleza.
¡Qué esperas, ve a Marcahuasi!
[Queda pendiente para una posterior actualización a este post exponer, con mayor detalle, qué explicación tiene la formación de las figuras. Para unos, las siluetas se formaron con el paso de los años y la erosión del viento. Otros aseguran que fueron civilizaciones prehispánicas quienes las diseñaron. Marcahuasi fue descubierta en 1923 por Julio C. Tello, aunque trabajada, con más tiempo, por Daniel Ruzo, su cabaña de trabajo aun se mantiene en la Meseta].
Carta abierta a los compañeros egresados de la EAP de Comunicación Social de la FLCH (UNMSM), año 2013...
Ya hemos egresado y concluido lo que un día empezamos al aprobar el difícil examen de admisión de la UNMSM [vamos, después de varios intentos ya sabíamos los temas y, hasta, las trampas de las preguntas]. Queda en el recuerdo aquel domingo en el que, sin más que con un lápiz y un borrador, encaramos 100 preguntas que decidieron nuestro futuro [para bien o para mal, aquí estamos].
Ingresar a San Marcos no fue fácil [aunque tampoco tan difícil, valgan verdades]. Si no que lo digan los
miles de postulantes a los que les quitamos una vacante [esos que después de la academia se iban al Honey, Retablo, Los Botes o se ponían a dormir en la biblioteca de Aduni -última carpeta, por favor-]. Las horas de
preparación y el ciclo de repaso por el que pasamos [además del verano, anual, semestral, segundo
anual y, obviamente, el cambio de academia: mucho roche]. Los simulacros, la pre, las maratones, los grupos de estudio [el coleccionar los boletines de Aduni y hacerse pata de los profesores]. Hasta que, por fin: ingresamos [ya teníamos ventaja, ¿no?].
Ingresamos. Entramos a un nuevo mundo con las esperanzas de abrir
nuestros horizontes [y conocimos todos los "ismos" habidos y por haber. ¡Gracias Dante Castro, Zenon de Paz y Muñoz!]. De conocer el mundo y ser mejores personas, pero nada fue
fácil [ni el examen de Psicología que la mayoría desaprobamos, ¿no? ¿NO?].
2008. Pinochito quemado en San Marcos. Todavía no ingresábamos pero ya sentíamos lo que es la TRADICIÓN.
El primer día tampoco. Matricularse, toda una odisea [desde entonces ya nos íbamos acostumbrando a hacer colas]. Conocer
la inmensidad de la universidad, el primer reto, los baches, las aulas... [el burro]. Luego, el segundo objetivo:
escoger los profesores aunque no contábamos con las referencias
necesarias [a la suerte, pes. Yo también me emocioné cuando leí Carlos Cornejo, pero no era el de la tele :/].
Luego vinieron los primeros cursos: Historia, Lógica,
Biología, Matemática [la histórica, menos mal, uf], Filosofía y, con ello, los amigos de otras especialidades [esos sí que chupaban, sobre todo los de Literatura y Filosofía].
Hasta que nos juntaron [unos llegaron, otros se fueron: somos los que estamos]. Pero poco a poco fuimos conformando un grupo de amigos [es lo que hay]. Y para ello fueron de gran utilidad algunas actividades como
el Interfacultades o la Semana de Comu [el Miss Comunicador, ¡qué vergüenza! Desde ya íbamos farandulizando las cosas: todo es cuestión de acostumbrarse]. Claro, no tuvimos un gran triunfo [pero
sí ganamos mucha experiencia].
Aquellos días aprendimos que sí se podía combinar
el aprendizaje con la diversión [además del ¡estudiar y luchar es deber estudiantil!].
Por supuesto, vinieron los trabajos grupales [ya, también nos pasó: uno es el que hacía todo, algunos financian y otros solo ponen su nombre: "amigos"]. El aprender a
investigar [*copiar de uno es plagiar, copiar de varios es investigar*]. El ir descubriendo a Van Dijk, Mattelart
y otros [dividirnos los libros para hacer resúmenes y abarcarlo todo fue una gran empresa]. Pero también aprendimos
a lidiar con las virtudes y defectos de cada uno de nosotros, que nos ayudó a
conocer mejor y desarrollar nuestras potencialidades de trabajar en grupo [era una obligación, qué más da].
Entonces comenzaron a nacer algunos sentimientos tan
humanos: las amistades, enamoramientos, peleas, reconciliaciones, rencores [la política, fuck].
En el tercer año comenzaron a llegar grandes experiencias [ya, los viajes con Pacheco, lo fue todo: Marcahuasi, Lachay, Paracas...], las amanecidas en otras casas, los trabajos virtuales,
las delegaciones de obligaciones, las exposiciones y otras responsabilidades [sanmarquino que se respeta hace todo a última hora]. A
su vez, los grandes proyectos conjuntos como lo fue Combase, que en algún momento nos demostró que estábamos dispuestos a innovar lo que hacíamos [¡Combase nunca muere!].
Con el tiempo, además de convertirnos en sanmarquinos, nos
bautizaron como los muñecos [sí, María y Muñeca, <3, cuantas veces nos fiaron y guardaron cosas. Tanto así que pude recuperar un USB después de tres meses. ¡Este cartón también va para ellas, caracho!].
Además de la amistad fuimos conociéndonos mejor [es lo que hay, parte II].
Toda
promoción tiene su gusano [¡que viva el Malquismo!], aunque, claro, no lo neguemos,
todos hemos ido al comedor, al menos una vez, y por qué no al almuerzo
especial [¡a esa altura ya nos habíamos acostumbrado a hacer colas y dejar nuestra piedra!]. Nos han cachimbeado, hemos cogido mal la charola, hemos hecho nuestra
cola y perdido el tiempo [y probado el almuerzo frío: marca sanmarquina registrada].
Típico. Uf.
Conocernos también fue estudiar en los salones [ah, y cómo no acordarse de los putos vigilantes que te sacaban de los salones peor que al Gringasho de la Dirincri]. Y el ultimar las
exposiciones para deslumbrar a los profesores y demostrarles que habíamos
leído, aunque sea solo las conclusiones, pero estábamos preparados [la práctica hace al maestro].
Pasamos por la Biblioteca Central, sacamos libros, separatas, almorzamos en la Facultad de Economía, repasamos nuestras lecturas en el parque, usamos la cabina de radio, la sala de cómputo y
probamos los panes de Industrial [y los vinos de 3 soles de la tienda de la Puerta 3, claro]. Hicimos todo y todo lo hicimos juntos [es lo que hay, parte III]. El cuarto año empezó con la difícil decisión de escoger
nuestra especialidad [ya qué chucha, perio, dijimos]. Para algunos una decisión ya tomada y sencilla. Para
otros algo que pensar demasiado y sobrepesar. Para unos cuantos, todavía, una decisión no se sabe si adecuada pero que
en la experiencia nos permite saber que esta carrera, la comunicación, te da
las opciones de poder desarrollarte en amplios campos laborales [igual terminarás haciendo notas de prensa :v].
Cada inicio de año, cómo no renegar, si matricularnos
era una misión imposible o casi solo accesible para quienes no comparten Internet con toda la familia [ni con tanto F5 el SUM cedía, hasta para eso nos amanecíamos perdiendo el tiempo].
Junto a los cursos, empezaron las primeras prácticas y
experiencias laborales [practicantes dignidad]. El llegar tarde a las clases, a veces faltar, el pedir
a otros que te firmen [favor con favor se paga] y, vaya momento: el
primer sueldo [mínimo, pero qué más da].
El desarrollo de los cursos nos hizo inmunes a las
transnochadas. ¿Una amanecida más? ¡Qué importa! [papita con huevo de por medio]. Los trabajos finales, los
parciales, la monografía, las impresiones, investigaciones, el PPT, el Excel [los resúmenes grupales, ustedes saben a lo que me refiero].
Llegado el final de cada ciclo, recuerdan compañeros, venía
el ¿y ahora dónde celebramos? [¡tripa, tripa, tripa!]
Las verbenas, capítulo a parte. Ser parte de ellas es también el sentirse orgulloso de ser
sanmarquino. La de Sociales, de Psicología, de Derecho: hacíamos de cada una de
ellas, nuestra [si no dónde podías ver a los hermanos Cartagena y Sensual Karicia sin pagar un sol].
El último año llegó rápido. Comenzaron los contactos y, a su
vez: la tesis [ptm].
Y claro cómo olvidarnos de los grandes privilegios que
representó y es ser sanmarquino [pagar medio, básicamente, y poder contarle a cualquier persona tus aventuras en el comedor y el burro]. Al decir que eres de San Marcos, no sé
ustedes, pero siempre generas un aura de admiración: no cualquiera ingresa y
mucho menos termina: y lo logramos nosotros [también eso, comienzas con la clásica de "ingresar no es fácil, postulan miles"].
Pero ser de la Decana también nos trajo otros privilegios.
Cómo olvidar los conciertos que íbamos a escuchar aunque sea solo desde el
tercer piso [Metálica, Marc Anthony y hasta Olga Tañón. Lástima que Calle 13 llegó pasadas las 03:00 a.m.]. Claro, solo escuchar, porque nuestros alicaídos bolsillos solo nos permitían
eso [ahí está]. Aun cuando estaba a nuestro alcance el trepar el muro, la fiebre de la
juventud, lo permitía todo [malditos VIP que jodían las entradas].
04 de diciembre del 2011. Pese a que Calle 13 llegó ALGUNAS horas tarde, igual lo disfrutamos.
¿Y ustedes, compañeros, llegaron al quinto año debiendo
electivos? [ja, no, para eso estaba Bonilla]. Esos cursos que para algunos debieron representar una ayuda en
cuanto a créditos, algunas veces también significaron ese esfuerzo demás que
nos demostró que somos fuertes [mi lista de los que valían la pena: Mamani, Malpartida, Falla, Mamani, Mamani].
Conocernos también fue recorrer Lima. De San Juan de
Lurigancho a Villa El Salvador, de Ancón a Breña, de Barranco a Villa María:
bien dicen que San Marcos es el Perú en chiquito [algunos viven más lejos, te pasas oye]. Pero para nosotros no había
límites, total compartir momentos juntos era la consigna [chupar, nada más]. Las huelgas, las tomas de facultad, las marchas: de todo
aprendimos y es que el devenir de San Marcos también es la problemática de
nuestra sociedad inseparable de nuestra conciencia como peruanos [lástima que no llegamos a quemar un pinochito]. Eso también
somos o aprendimos ser, mejores profesionales por nuestra familia y por quienes
menos tienen [aunque no faltará quien solo piense en tener el carro del año -_-].
No todos estamos aquí, pero esta promoción es de quienes
empezamos y, desde cada una de nuestras actividades, hacemos que el nombre de la
Escuela de Comunicación quede en alto [Rudy <3]. Porque eso somos, embajadores de San Marcos y sus enseñanzas que les permitirán
abrir las ventanas a futuros profesionales [pásame tu CV, cachimba, yo te recomiendo]. Hoy le decimos un hasta luego a nuestra facultad: al patio,
las bancas, ¡el parque!, la rampa y tantos espacios que hicimos nuestros durante
esta etapa, junto a grandes momentos y recuerdos [el baño de Sociales]. Ahí están la chocolatada de
fin de año del Joven Letrado de San Marcos o las semanas de las escuelas y
aquellas ceremonias en el auditorio que nos sacaron más de una sonrisa [pastruladas de cachimbos].
Hasta la ceremonia de graduación [y S/. 500 menos en la billetera]. Aquel momento en el
que, al salir del colegio, te imaginas algún día [aunque no seas ingeniero]. Para muchos una
ceremonia única en la vida. Pues bien, lo logramos juntos [insisto, S/. 500 menos]. Todos. Pero no es el
fin. Es el inicio de más compromisos, responsabilidades, retos, en los que
probablemente estemos juntos y, luego de algunos años, recordemos para
agradecer por el tiempo que San Marcos nos acogió y permitió formar parte de su
historia [coleguita ignorante!].
Bonus track: Tras una investigación sesuda encontré una clase maestra dictada por un profesor de Historia de la academia Aduni [nótese el estado del salón y por qué le llamábamos "corral"]. El profesor es un tal Iván Caldas, uno de los mejores en su materia. Histórico. [hip, hip, urra!]
Diez segundos no alcanzan para hacer mucho, pero sí para matar. Para matar un policía, por ejemplo. Te consigues un fierro y listo. Te contratan, te adelantan la mitad del botín por tu valentía, y con una simple acción de inteligencia, el ser que estorba a alguien está marcado y próximo a desaparecer. El día final y un disparo. Sicario y víctima. Frente a frente. En diez segundos o menos. Total, la policía llegará al lugar del crimen en 8 minutos, en el mejor de los casos. En 8 minutos ya puedes estar a kilómetros, dispuesto a cobrar lo que te falta del trabajo y planificar el siguiente golpe. Ya está: muerto.
Vicente Chambón, una de las mejores representaciones que se hizo de un personaje dedicado al periodismo.
Así lo pensaste, amigo. El policía no tenía la culpa. La víctima no era él, en realidad. Lo mataste pero era la persona menos involucrada en esto. Su mala suerte consistió en cruzarse en el camino de otro, de otro más poderoso. Se jodió. Total, tus hijas y tu madre necesitan comer. Y si no matas qué haces. ¿Trabajar? De qué. Con antecedentes penales no te aceptan. Sabes que no. ¿Ser estibador, cobrador o cargador? Eso no va contigo. ¿Trabajar mucho para ganar poco? No estás acostumbrado a eso. Y no lo harás, al menos hasta que te jubiles. Todavía tienes tus años.
La policía ya debe de estar por llegar, los periodistas y todas las mierdas de siempre. Los que se creen héroes. ¿Héroes de qué? Ya hay una persona muerta. No la resucitarán. Ellos tampoco entienden. Nunca intentaron hacerlo. Tú no eres un sicario común, tú eres un padre de familia.
Quince minutos después del crimen, efectivamente, llegó la policía a averiguar el crimen. (Solo lo harán si les conviene). La antes desapercibida picantería de San Juan de Miraflores en la que se había cometido el asesinato del día, ahora era la estrella de los reflectores. Sin embargo todos los saben: los asesinatos en Lima no solo reflejan lo precaria de nuestra seguridad, también dan portadas. A la gente le gusta, siempre y cuando no sean las víctimas.
Una buena foto, mucha sangre en el texto y una bailarina al costado son los ingredientes perfectos para la portada que se mostrará en el quiosco. Y qué cocinero más ducho que Ernesto, redactor de calle, experiencia, contactos y sueños frustrados. Ernesto es lo que en una redacción se conoce como un dinosaurio, un tipo de años, que ha vivido y conoce la calle. Ciertamente su vasta experiencia en el periodismo empezó a muy corta edad, cuando aun, indeciso, se cuestionaba si el periodismo era la profesión que desarrollaría para toda su vida. Toda la vida.
Descripción gráfica
Ya en la secundaria había aprendido a diferenciar la prensa objetiva de la sensacionalista. Eran años crudos para la democracia peruana a causa del autogolpe de Alberto Fujimori, en los que decidir estudiar periodismo y, peor aún ejercerlo, era sinónimo de desprestigio. A diario las portadas exhibían la mierda con la que estaba (está) hecha la sociedad, con sus excepciones de siempre, claro. Las buenas redacciones, y más difícil aún las buenas facultades de Comunicación, estaban abandonadas o, en su defecto, poco a poco cada vez más infectadas por los brazos de la corrupción.
Con las líneas editoriales tomadas, los dueños de los medios aliados al sistema corrupto y los grupos económicos dispuestos a tumbarse a cuanto redactor caprichoso dé gritos de libertad; 'Neto' sabía que, como en la vida, ingresar era fácil, pero mantenerse y luchar sería el reto. Mantenerse y luchar; luchar bajo los ideales que te enseñaron en tu vieja facultad y a los cuales no podías decepcionar. Algo tendrías que haber aprendido.
La juventud, vieja traicionera, te las jugaría de nuevo. Añádase la inexperiencia, el pago de derecho de piso y la minúscula presencia de un joven aspirante a periodista reconocido y respetado para que sepas que puedes proponer pero no decidir. Derecho a voz, pero no a voto. El medio no es tuyo, amigo. Tu nota le puede gustar a tu editor, pero no así al director adjunto o al editor general. No va, te dijeron muchas veces. Cómo puedes escribir sobre el precio del petróleo, si el director es dueño de una cadena de grifos. Tu texto no va, ya compraron el espacio. Estás chocando con la empresa que paga publicidad. ¡Cambia de tema! Busca en internacionales, ahí encontrarás temas para llenar hoja, eso le gustará al director, te repitieron.
El periodismo de José Carlos Mariátegui, Jorge Basadre o Luis Alberto Sánchez estaba en distancia a décadas, pero a años luz de calidad con el que se daba al público todos los días. No había de otra. Si no escribías, ¿para qué estudiaste? ¿Cuál es la siguiente víctima? Perdón, no escuche. ¡Andrade!, el gordo quien desde su sillón quiere hacerle la lucha al chino. Búscale otro adjetivo para mañana. Se acercan las elecciones y el desprestigio debe continuar.
¡Vendimos récord y al jefe le gusta! Hay que seguir con el tema, balbuceó en la última reunión el editor. Claro, como él no es que escribe y no tiene que colocar su firma. ¿Y tú, redactor? ¿Estabas conforme? Sin duda no. No era lo que esperabas: escribir sí, pero no esto. ¿Qué otro camino? El negocio familiar, se podría repotenciar. La economía pasa por altos y bajos, luego del shock los rezagos continúan, pero se puede tener esperanzas. Perú, país de las esperanzas que resucitan.
Los días, las semanas y los temas pasan pero no los dueños que contribuyen a formar la opinión pública en los peruanos. Eso lo sabías, pero qué podías hacer. ¿Acostumbrarte? Quizá con un nuevo gobierno. Salió el chinito, llegó el cholo, luego el criollo y ahora el nacionalista, pero no pasa nada. Se critica a las autoridades, pero no al sistema. Esa es la consigna, ¿no la leíste? Está en el 'Manuel de Estilo'.
Podrá volver la democracia al país, se volverá a ir, claro, pero no la función social de los medios. Generación tras generación fue así. No lo olvides, eres el sueño de mamá y papá. Esa noche, cuando llegaste al diario y te comisionaron a cubrir el asesinato del policía, con más de 20 años contando este tipo de historias, ya conocías la rutina que vendría. Hablarían los testigos, los presenciales y los que se imaginaron el hecho; la policía, con fe, capturaría al sicario, pero no al responsable, al que los amigos abogados conocen como el autor mediato, y la portada del día siguiente tendría los ingredientes perfecto para las ventas, pero ¿qué cambiaba? Cuántos asesinatos más tendrías que cubrir en lo que resta del año. ¿Alguno valdría la pena?
Volvemos a especular, Ernesto.
La profesión te había enseñado a cubrir todo tipo de notas, golpes, triunfos, ¡Cienciano campeón de la Sudamericana! (tremenda borrachera la de entonces) y también despidos. De los jóvenes, sobre todo. Si algo tiene el periodismo es la inestabilidad, les habías advertido a los jóvenes, pero no se entiende, el que nace para esto, ahí se queda. “Una vez más en la calle”, no es una frase novedosa para los que se acostumbran a esta vida.
Se van a cumplir 10 años de la obtención de la Copa Sudamericana por parte de Cienciano. 10 años, carajo.
Esa noche, la del asesinato, Ernesto llegó a la picantería con la vieja libretita de notas hambrienta de historias de siempre y de sangre. Lima puede ser sucia, pero jamás aburrida. Violaciones, atropellos, asesinatos; nunca falta nada para llenar hojas. ¿La misma huevada mañana? Sí, seguramente, te respondiste.
"... el desfile de las danzas puneñas en las calles y plaza de armas de la ciudad fue el espectáculo más cargado de significado que vi nunca; y le dije al prefecto del departamento, mientras lo observábamos: este desfile en los Campos Eliseos de París o en la Quinta Avenida de Nueva York causaría deslumbramiento y despertaría en los espectadores inquietudes jamás suscitadas antes en el corazón y la conciencia de esos públicos". Escribió José María Arguedas, impresionado y emocionado, en uno de sus artículos sobre la música folclórica andina; en este caso, la del Altiplano.
La danza, como la agricultura, tiene un calendario. Un ciclo que marca sus celebraciones y festividades. La fiesta, en la que se incorpora la danza, las costumbres y las devociones, es, a la par, un agradecimiento por los nuevos proyectos y por lo recibido o hecho durante el año.
"Y como el calendario festivo es extenso en nuestra región, la fiesta y el rito están en todo el tiempo y en cada comunidad, paralelo al ciclo vital de la naturaleza y el hombre: la madre tierra y sus hijos", sintetiza el libro Puno festivo.
En la cultura andina, en suma, se baila, entre múltiples opciones, por devoción, por diversión o por obligación -ya sea por los cargos que se deben cumplir en los barrios o porque así lo manda la tradición-; pero siempre es un acto divino de renovación de energías.
Caporales Perú Inka. El caporal, danza de luces del Altiplano, es uno de los bailes con mayor aceptación en la festividad.
Una de las mayores festividades es la que, en Puno, en febrero, se celebra en honor a la Virgen Candelaria. Celebración que Arguedas no exageró en señalar que simboliza, en su total cabalidad, al pueblo del Altiplano: un grupo social y étnico con identidad propia y definida.
En sus numerosas danzas, como la morenada, diablada, caporal, waka waka, tinkus, llamerada, entre otras muchas, se reflejan su ideología, idioma, creencias, costumbres, tradiciones, arte, convivencia social, música, teatro, mitos y leyendas.
La festividad tiene dos etapas que empieza en agradecimiento a la Madre Tierra. En esta primera parte, que se inicia el 2 de febrero, adquieren protagonismo los habitantes del campo, quienes practican sus danzas autóctonas y reflejan la convivencia del hombre con la naturaleza.
"Son comuneras y comuneros que vienen a reproducir lo que festivamente realizan en sus pueblos. Son gente que no se disfraza, sino más bien traen lo que consideran los identifica, los visibiliza, en un universo donde la singularidad es básica y tanto el pasado como el presente importan", escribió Sonaly Tuesta, quien ha recorrido esta como muchas otras fiestas en todo el Perú.
Luego es momento de las danzas de luces. Espacio para el paso de las comparsas urbanas que, durante todo el año, realizan innumerables esfuerzos por asistir a la Capital del Folclor Peruano. Se baila todo el año, pero se disfruta más en estas semanas.
Tinkus. Pasacalle en honor a la Virgen Candelaria. Lima, febrero - 2013.
A la Mamita Candelaria la bailan propios y ajenos, diablos y ángeles, devotos y ateos, limeños y puneños. Caporales, diablos, chinas diablas, machitas, morenos y ángeles, osos y cóndores invaden las calles. Sonaly Tuesta, en otro texto, referiría que "a la Candelaria la persiguen los diablos y morenos. Devotos, enmascarados, rezan mientras bailan. Lloran. La fe se parece a una luz centellante que deambula por las calles de Puno y los posee en una euforia interminable". Fraternidades que se forman por entusiastas integrantes quienes, con guapeo y sacrificio, van danzando y coloreando las calles. Así es la fiesta. "Es momento de carnaval, es tiempo de ch'allas y uywach'uas, de wifalas y chak'allos", describe el libro Puno festivo. ¡Es tiempo de bailar por la Virgen del Socavón!
Morenas. La morenada es una danza mestiza de movimientos simples y colectivos.
José María Arguedas estudió durante gran parte de su vida, con gran profundidad, el significado de la música andina. El 28 de marzo de 1943 apareció, en La Prensa de Buenos Aires, un texto suyo titulado La danza de los sicuris que, entre otras importantes conclusiones, indica: "Los Sicuris de Puno son de una complejidad extraordinaria; cada instrumento representa una flauta de órgano, y diez o quince indios tocando sicuris forman una orquesta, un órgano impresionante en que cada flauta está tocada por un artista, por un ser viviente y excitado de violenta sed de danza y embriaguez".
Luego añade: "la mayoría de veces no los contratan ni les pagan; bajan en peregrinación por demostrar su piedad y por rendir homenaje a los santos patronos, por los agasajos y las bebidas, por deslumbrar a los pueblos y como embajadores de los indios del gran altiplano... Tocan bailando, pasan por las calles en tropa; mientras caminan danzan suavemente, pero al llegar a las esquinas el bombo truena más alto, los bailarines forman círculo y danzas a salto, y mirándose las caras aproximándose unos a otros como para acompasar mejor las notas: y suben cada vez más al ritmo del huayno y la danza termina en un zapateo violento y alocado".
Sikuris. Arguedas diría que es un ritual extraño, que significa fiesta, multitud, procesiones, vísperas de grandes borracheras y llantos.
Cuando Dante Alieghieri, en su Divina Comedia, ingresa al Infierno lee las siguientes palabras en el dintel de la puerta de ingreso: "Por mí se va a la ciudad del llanto; por mí se va al eterno dolor; por mí se va hacia la raza condenada: la justicia animó a mi sublime arquitecto; me hizo la divina potestad, la suprema sabiduría y el primer amor... ¡Oh, vosotros, los que entráis, abandonad toda esperanza!".
La llegada hispana a la América india significó la imposición de nuevos patrones culturales, durante el proceso de evangelización, como la idea del Infierno y sus variantes, según argumenta el antropólogo Walter Rodríguez, en su artículo Oro, brocados y bordados para la Virgen de la Candelaria: racionalidad de una devoción. Pronto, las comunidades andinas trasplantaron a sus rituales y fiestas los elementos católicos, como sucede, justamente, en las celebraciones a la Virgen de la Candelaria.
Un proceso de asimilación y sincretismo continuo, como lo sostiene Julián Palacios, un maestro universitario puneño de la cultura y sabiduría indígena, según la cita que realiza Arguedas, quien afirma que los diablos, personajes centrales de la diablada, son de origen reciente, incorporados, aproximadamente, en la segunda década del siglo XX por los obreros de Puno para solemnizar la fiesta a la Virgen.
Morenada de la Asociación Centro Unión Capachica. Alcohol, elixir de la vida.
Un hecho devocional importante en las celebraciones es el vestuario. Aunque muchas de las veces es donado, representa, para las fraternidades, el cumplimiento de la promesa hecha a la Virgen, según continúa argumentando el referido antropólogo. El atuendo con el que se baila, casi siempre de estreno, destaca por el arduo empeño, cultural y económico, que le dedican las agrupaciones. Se valora, sigue refiriendo Rodríguez, la concepción artística, la iconografía, la confección y la identidad que ayuda a diferenciar a cada comparsa. Se cuida los más mínimos detalles porque también simboliza prestigio, pedidos, favores, interés, agradecimiento y preocupación hacia la Mamita.
Arguedas referiría al respecto, sobre los vestuarios, que en ninguna otra región se creó tal cantidad de disfraces que buscan reflejar, en toda su magnitud, la devoción. Muy pocos pueblos, añadiría el destacado etnólogo nacional, si se quiere comparar, supieron aprovechar, con gran imaginación, los vestidos y adornos de origen español para disfrazar y dar misterio a sus bailarines.
Mamachas. Candelaria - Lima 2013.
Ciertamente parte del atractivo de la fiesta, para los bailarines, pasa por ser una oportunidad de relajación. Por ejemplo, un momento muy esperado es la parte final de la celebración en la que se practica el cacharpari, una recepción de agradecimiento a los danzantes por su participación. Se comparten grandes cantidades de alcohol y comida tradicional que, en la mayoría de los casos, corre a cargo del padrino, alferez o mayordomo.
Otra costumbre habitual es el challado. Challar es celebrar un hecho favorable, con comida y más bebida, cuando, sobre todo, se inaugura algo valioso para la fraternidad. En las agrupaciones generalmente se acostumbra challar el estreno de nuevos vestuarios o cuando, por primera vez, nuevos integrantes forman parte de una presentación. Se rocía el suelo o el elemento agasajado con lícor en honor, agradecimiento y en busca de bendiciones de la Madre Tierra.
¡Llegó la banda! Parte importante, en las festividades, es el ritmo que ponen los músicos.
El altiplano, ciertamente, "es frío y cruel". Sin embargo, la gente que da vida a estas tierras es "activa, audaz, industrial y sensible", en la descripción del escritor andahuaylino.
A pesar de que, por momentos, se combinan fuertes lluvias con inclementes rayos del sol, durante las primeras semanas del año en Puno, el paso de las agrupaciones nunca se detiene. Anualmente participan, en promedio, más de 80 comparsas, integradas por cerca de 1,000 miembros cada una, que en torno a dos importantes fechas, para las danzas de luces (el concurso en el estadio Enrique Torres Belón y la parada por las principales calles de la ciudad), demuestran su ahínco por ser parte de la Fiesta Grande. Ritmo y devoción.
La belleza y alegría del caporal. Integrante de la Agrupación Asiruni 100x100.
En el mismo texto de Arguedas que se mencionó, el escritor de El zorro de arriba y el zorro de abajo, indicaría con mucha claridad que: "en los últimos años los conjuntos de bailes indios han ido perdiendo su pureza. La tradición perdió su rigurosa autoridad y surgió una nefasta libertad de mezclar los personajes de unos bailes con los otros... A esto hay que agregar la influencia de la carretera y la civilización. El indio pierde la mítica conciencia de sus bailes, se desintegra el contenido religioso y profundo de las danzas, de su valor ritual".
Razón no le falta a Arguedas cuando, además, indica que el interés demostrado por los turistas y viajeros han contribuido no poco a esta degeneración de las formas genuinas de las danzas, por el afán de improvisar y ostentar.
Sin embargo (siempre hay sin embargos), cuánto contribuye el interés de bailarines no puneños para que estas danzas tengan la trascendencia que, en la actualidad, traspasan las fronteras del Altiplano. ¿Habrían sobrevivido estos ritmos que, ciertamente, añadieron nuevas formas y estilos, con la influencia de nuevas culturas, como lo hacen desde su creación, siglos atrás? La cumbia, la salsa y otras expresiones han sido materia de análisis que, en particular posición, se enriquecieron con la fusión e incorporación de nuevas expresiones. Su vigencia se debe, en parte, a este fenómeno.
Sayitas. Para bailar por la Mamita Candelaria.
Fiesta y compromiso. La tradición marca que debes de bailar durante tres años consecutivos para que la Mamacha Candelaria te conceda un milagro. A título personal, cuando ingresas a la movida, no te sales nunca. Nunca. "La vida sin música sería un error", Friedrich Nietzsche.
BONUS TRACK: La fe y la fiesta, documental elaborado por la Municipalidad Metropolitana de Lima sobre la última festividad realizada, en la capital, a la Virgen de la Candelaria, (Plaza de Armas, 3 de febrero, 2013). "Bailaremos hasta que Dios y la Virgen lo permita".