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17 de enero de 2022

La historia del agua para consumo humano en el Perú

El 2021, el Perú conmemoró sus 200 años como República. Sin embargo, la historia del uso del agua para consumo humano se remonta desde la aparición y el desarrollo de las primeras culturas autóctonas hasta la actualidad. ¿Cómo se abastecieron los incas cuando no existían tuberías de agua? ¿Sabías que cuando se inauguró la llegada del agua a la Plaza de Armas de Lima, en 1578, hubo una fiesta popular y el alcalde derramó puñados de monedas desde las ventanas del cabildo? ¿Cuándo se fundó la primera planta de potabilización del agua en Lima?





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Lo primero que hizo el inca Túpac Yupanqui, el Resplandeciente, tras retornar al Cusco, luego de un prolongado viaje, fue visitar su Tambomachay, el templo del Tahuantinsuyo construido para rendir culto al agua. Había estado muchas veces ahí, pero siempre se impresionaba por sus muros y terrazas, levantados con piedras robustas pero labradas con fineza y perfectamente ensambladas, producto del trabajo y conocimientos de los más expertos arquitectos incas.

Además, el agua que llegaba desde los manantiales y circulaba por los acueductos le recordaba el origen de todo lo maravilloso que surgía de la tierra y existía en el Tahuantinsuyo.

Entonces, le pidió a su séquito y generales dejarlo solo. Dio unos pasos, acarició las piedras de los acueductos y sintió su fineza que solo experimentaba al tocar la lana de sus vestidos. Luego se inclinó y colocó su mano en la corriente de agua. Sintió su poder transformador, la bendición de los dioses, la vida en su estado más natural. Siguió con la mirada a la corriente de agua y vio que continuaba por una red de canales subterráneos hacia un pozo de piedra. Ahí, como lo hacía en su niñez, volvió a imaginar cómo surgieron sus antepasados desde el lago Titicaca: el origen de todo.




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Tambomachay está ubicado en el Cusco y es considerado un lugar incaico de culto al agua (1). Los incas (aprox. 1438 – 1535 d. C.), como muchas civilizaciones andinas anteriores a ellos, concebían al agua como un ser vivo, divino, creador y transformador (2).

De hecho, muchas leyendas o mitos andinos y amazónicos tienen relación directa con el agua. No en vano, fue en el lago Titicaca donde Wiracocha creó el mundo y desde donde surgieron los primeros incas.

“El acceso al agua y por ende al riego fue tan importante en el ámbito andino como el acceso a la tierra. Los mitos y leyendas narran episodios sobre el inicio de los canales hidráulicos en un tiempo mágico, cuando los animales hablaban (Avila 1966). Las fuentes o puquio surgieron por rivalidades entre célebres huacas que se retaron para medir sus poderes, y orinaron en varios lugares dando lugar a que brotasen manantiales (AAL, Documentos sobre la idolatría). El mar, los lagos, las fuentes fueron venerados por pacarina o lugares de origen de numerosos grupos étnicos. Las lagunas eran consideradas como manifestaciones del mar y origen del agua en general (Sherbondy 1982)” (p. 301), refiere María Rostworowski (3), una de las principales historiadoras del Perú.

Además, muchos templos religiosos, como el principal de la cultura Chavín (1200 a. C. – 200 a. C.), se levantaron en la confluencia de ríos. Y, aún hoy, se celebran fiestas de culto al agua, como la que se realiza en San Pedro de Casta, un pueblo en la sierra de Lima, que ya se practicaban antes de la expansión de la cultura inca en la zona.

Paul Pérez (4), en un artículo sobre canales y abastecimiento de agua, refiere que: “Desde tiempos antiguos, el agua no solo fue vista como un mero recurso para el regadío de cultivos, sino también como un eje de ordenamiento étnico en los valles (Rostworowski 1978, 51). Así pues, basándose en las crónicas, la autora en referencia ubica a curacazgos y señoríos asentados antes de la llegada de los españoles en el territorio de lo que hoy conocemos como Lima Metropolitana. Por otro lado, se ha encontrado que existe una relación entre las conexiones hidráulicas subterráneas y los antepasados; así, por ejemplo, en el lago de Choclococha, se contaba que un antepasado construyó un canal subterráneo que llevó el agua a los pueblos aledaños (Sherbondy 1982, 10). También se menciona que los Incas, en momentos críticos, reorganizaron sus tierras y aguas a lo largo de su historia. Una de estas reorganizaciones se efectuó con base en la sistematización en los ceques. Por lo tanto, las fuentes de agua llegaron a ser huacas principales y fueron incorporados al sistema de ceques como tal”.

En la actualidad, muchas localidades del Perú continúan aprovechando la ingeniería hidráulica desarrollada por culturas autóctonas como Chavín, Nasca, Mochica, Chimú, entre otras, y que fue perfeccionada y expandida por los incas, tanto para la agricultura como para el consumo humano. Por ejemplo, las qochas o reservorios, que almacenan el agua de lluvia; los canales de riego que conducen esa agua; o los camellones o waru waru, que aprovechan el desborde de los ríos y el aumento de los niveles de los lagos. Igualmente, se continúan practicando técnicas de siembra y cosecha de agua, como las amunas, que constituye una técnica ancestral de recarga del agua y favorece al consumo de agua en algunas ciudades (5).

“El agua es, ciertamente, un elemento que activa la reproducción de los principios comunitarios que rigen la vida social. Las actividades en torno al agua generan vínculos sociales, no sólo a través del trabajo, también en relación con las fiestas y ceremonias; refuerzan la cohesión del grupo social. Muestra de ello son también las labores relacionadas a la limpieza de los canales de riego (…). Al finalizar la tarea, se come, bebe y baila durante toda la noche. El trabajo colectivo (minga) y la ayuda mutua (ayni) garantizan, pues, el mantenimiento y conservación de los sistemas hidráulicos comunitarios”, refiere Mailer Mattié (6), en su artículo “Región andina: los Andes, una cultura del agua”, sobre las relaciones que se establecen entorno al agua, antes y en la actualidad.





“Agua del pozo para regar”, según dibujo de Felipe Huamán Poma de Ayala (1534-1615).




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“Cuando fundó Pizarro la ciudad, tenían los vecinos que ocupar un doméstico para que, en grandes cántaros de barro, trajese del río al hogar el refrigerante e imprescindible líquido”, refiere Ricardo Palma (1833-1919), escritor tradicionista en su texto “Los aguadores de Lima”, que recoge Wilfredo Kapsoli (7), en el que describe a quienes debían trasladar el agua en las primeras ciudades, aún sin tuberías, que iban siendo fundadas por los españoles tras la caída del Tahuantinsuyo.

Lima, actual capital del Perú, fue fundada el 18 de enero de 1535 por Francisco Pizarro y elegida su lugar definitivo de establecimiento por, entre otros motivos, sus buenas condiciones como poseer abundante agua que llegaba por el río Rímac.

“Tan luego como la trata de negros se generalizó, las personas acomodadas quisieron consumir mejor agua que la del cauce del río, y mandaban un esclavo, caballero en un asno, que sustentaba un par de pipas, a proveerse de agua clarísima de la Piedra Lisa y de otras vertientes vecinas a la ciudad”, añade Palma (7) e indica que los aguateros “se anunciaban con el tintineo de una campanilla” que sonaba a cada paso de su asno o mula.

Algunas acuarelas de Pancho Fierro (1809-1879), pintor peruano, nos grafican cómo eran los aguateros, generalmente afrodescendientes y siempre acompañados de sus cántaros de madera y animales de carga que usaban para trasladar el agua hasta las casas de los primeros vecinos de Lima.



Acuarelas de Pancho Fierro sobre los "aguateros"


Según los registros, el consumo del agua tras la caída del Tahuantinsuyo se realizó desde el cauce de los ríos, como el Rímac (o de sus bocatomas) en Lima o el Chili en Arequipa, hasta que se empezaron a construir acueductos y cañerías que llevaban agua desde La Atarjea hacia pilones y pilas establecidos en la Plaza de Armas, en el caso de la capital, y luego en conventos y casa de autoridades.

Lilia Córdova (8), en un artículo titulado “Entre aguateros y camiones: la historia del agua en Lima” (2014), refiere que: “aunque hoy parezca increíble, hasta 1552 los limeños tomaban agua directamente de las orillas del río Rímac. A partir de ese año las autoridades empezaron a buscar otras fuentes de agua limpia, como los manantiales de La Atarjea, donde, en 1563, se construyó el primer acueducto para dotar de agua a la pileta de la Plaza de Armas y algunos conventos. Casi tres décadas después, el agua llegó a dichos lugares”.

Fue el 15 de enero de 1552 que el Ayuntamiento trató por primera vez de iniciar las obras para utilizar el agua limpia de los manantiales de La Atarjea, indica un libro editado por Sedapal (9), la empresa de agua de Lima, y redactado por Manuel Valencia Carpio.

El historiador Juan Luis Orrego (10) cuenta que “fue durante el gobierno del virrey Conde de Nieva que se decidió aprovechar los manantiales o puquios de La Atarjea, lugar pantanoso situado a 6 kilómetros de la Plaza de Armas, al pie de los cerros Santa Rosa y Quiroz. La inversión fue de 20 mil pesos para las excavaciones y tendido de cañerías de arcilla. Los trabajos se iniciaron en 1563, con la construcción del primer acueducto desde La Atarjea a la antigua pila de la Plaza de Armas y las de algunos conventos, como el de San Francisco. La obra se financió con la Contribución de la Sisa (“sisa”: impuesto o estanco). Este sistema de agua tenía una longitud aproximada de 12 kilómetros. Su recorrido se iniciaba en La Atarjea (donde, según dice, iba a bañarse La Perricholi). El sistema recorría la galería Tambo Real, seguía por el antiguo Camino Real, cruzaba Riva-Agüero, continuaba por la Puerta de Maravillas, Anchieta y el jirón Junín hasta dirigirse a la pileta de la Plaza de Armas”.

Orrego (10) agrega que cuando se inauguró la llegada del agua a la pila de la Plaza de Armas de Lima, el domingo 21 de diciembre de 1578, durante el gobierno del virrey Francisco de Toledo, hubo una gran celebración y hasta saludos de arcabucería. “Cuentan los documentos que hubo fiesta popular, presidida por el Virrey, música, baile y corridas de toros en la misma plaza. El alcalde de entonces, Juan de Cadalso Salazar, derramó puñados de monedas de plata desde las ventanas del Cabildo. Los gastos en las celebraciones ascendieron a 100 pesos de plata”.

Manuel Valencia (9) detalla que en La Atarjea se construyó un depósito que recibía en abundancia las aguas del manantial y recibió el nombre de Caja Real. “Era un edificio que encerraba entre paredes los manantiales donde se iniciaba un canal o acueducto de ladrillo y cal, abovedado, que en la ciudad se transformaba en una matriz principal formada por tubos de barro cocido, que terminaba en la pila de la Plaza Mayor”.

Hacia 1613, se tiene registro de 5 pilas públicas en Lima que abastecían a autoridades, iglesias y vecinos notables.

“Entre las instituciones que recibieron agua por primera vez tenemos: el Convento de San Francisco, el Convento de Santo Domingo, el Tribunal de la Santa Inquisición, el Monasterio de la Concepción, la Iglesia de San Pedro, el Convento de San Agustín, el Convento de La Merced, la Plazuela de San Marcelo, la Alcaldía, la Catedral y el actual Palacio de Gobierno. Como dato adicional, se puede mencionar que no existía restricción al consumo y el agua podía mantenerse corriente todo el día, como sucedía en las pilas y piletas públicas (Bromley y Barbagelata 1945, 42). Ahora bien, el frágil material de las cañerías ocasionaba que en muchos lugares se saliera el agua, lo que aumentaba la humedad del suelo y, asimismo, que el agua en las cañerías se contaminara por las acequias de la ciudad que se extendían en sus proximidades (Middendorf, 1974:416)”, señala Pérez (4).

Palma indica, en el artículo de Kapsoli (7), que “después que en 1650 se erigió, con gasto de ochenta mil pesos, la pila monumental, que aún perdura en la Plaza Mayor, se asociaron quince o veinte negros libertos organizando un gremio para proveer de agua a los vecinos, asignando el precio de medio real de plata por cada viaje. Un viaje de agua constaba de dos pipas”.

Sin embargo, con el paso del tiempo, la fundación de otras ciudades y el aumento poblacional estas infraestructuras y sistemas fueron insuficientes.


La Plaza de Armas de Lima a inicio de 1900, con la pila monumental, que se conserva hasta nuestros días.


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“Durante los primeros años de la república, los limeños siguieron haciendo uso de la primitiva red de distribución de agua, de las pilas y pilones públicos, del servicio de los ‘aguadores’ y de algunos pozos excavados dentro de los límites de la ciudad. Un hecho importante ocurrió en 1834 cuando, a través de un contrato suscrito con el gobierno de Orbegoso, el inglés Thomas Gill reemplazó las antiguas tuberías de arcilla por otras de fierro, en el tramo entre la Caja de Santo Tomás y la pila de la Plaza Mayor. Sin embargo, el empleo de estas tuberías recién se intensificaría en la segunda de este siglo”, indicó Orrego (10).

La proclamación de la Independencia del Perú, el 28 de julio de 1821, y el inicio de la etapa republicana del país significó el inicio de algunas obras que mejoraron y ampliaron el abastecimiento de agua para consumo humano.

Valencia (9) indica que durante el primer gobierno de Ramón Castilla se inició el mejoramiento de los sistemas de agua. “El 4 de abril de 1846 se publicó en el diario oficial El Peruano un aviso invitando a los interesados presentar propuestas para la construcción de tuberías que reemplacen al antiguo conducto colonial que abastecía de agua al puerto del Callao. Las tuberías podían ser de hierro, cal y ladrillo. Fue así que el 11 de noviembre de 1846 el Gobierno suscribió contrato con Guillermo Wheelwright, quien se comprometió a instalar cañerías que incluía conceder facilidades para la provisión de agua a casas particulares”.

Hacia 1850 se podían contabilizar 27 pilas y pilones que abastecían puntos importantes de Lima. Posteriormente, se promovió la construcción de reservorios y pozos de agua, la instalación de bombas y se ejecutan trabajos de ampliación en La Atarjea, según Orrego (10). Pérez (4) indica que recién en 1856 las cañerías de barro serían cambiadas por las de metal y Córdova (8) da cuenta que “en 1884, 150 mil limeños consumían 32 millones de litros de agua por día. Sin embargo, su calidad era pésima y causaba enfermedades estomacales”.

En 1893, Lima tenía una población de 115 mil habitantes, pero toda la ciudad no tenía cobertura (en El Callao se abastecían de un estanque). La población y las ciudades continuaron creciendo, por lo tanto, la demanda de agua para consumo humano y que sea de calidad, así como la disposición para el tratamiento adecuado de las aguas residuales.

“El agua proveniente de La Atarjea era producto de filtraciones, buena parte de la cual tenía su origen en acequias de regadío (como las del “río” Surco), y desde su captación, hasta su destino final, no tenía ningún tipo de tratamiento que la hiciera apta para el consumo humano. Para colmo de males, entre la población ni siquiera se había generalizado la costumbre hogareña de “hervir agua”, indica Orrego (10).

En ese contexto, el 19 de mayo de 1917, se inauguró en La Atarjea una planta de clorinación, la primera en el Perú. “Se empleó el sistema de aplicación directa del cloro gaseoso, instalándose la planta en una antigua casa de aforos, que se había construido a la salida de las aguas de La Atarjea” (9).

“En 1917, el alcalde del Concejo Provincial de Lima y presidente de la Junta Municipal de Agua Potable, Luis Miró Quesada de la Guerra, inauguró la primera planta de clorinación, lo que garantizó la purificación de las aguas. Inicialmente la población se mostró escéptica. El joven alcalde no se detuvo y mandó a ejecutar las obras. Sin avisar a los vecinos, se puso en funcionamiento la planta. De esta forma los desconfiados limeños se convencieron de que el agua no era dañina”, reseñó Córdova (8).

En adelante, además se fueron creando instituciones destinadas a mejorar su suministro, así como normativa para su ordenamiento, como la Ley de Saneamiento de 1920, que expropió todas las empresas de agua de la República y constituyó la Junta del Agua Potable de Lima. “Ese mismo año, la municipalidad entregó a The Foundation Company (empresa inglesa) la administración del servicio de agua potable para la ejecución de obras inglesas” (9).

Años después, en 1930, la Dirección de Obras Públicas del Ministerio de Fomento asume el control del servicio de agua en la capital.

En tanto, el 6 de setiembre de 1955, durante el gobierno de Manuel A. Odría, se suscribió un contrato con la Sociedad Degrémont de Francia para ejecutar, el diseño, equipamiento y construcción de la primera planta de tratamiento de agua en La Atarjea, que fue inaugurada el 23 de julio de 1956.

“Hasta el año 1962, los servicios de agua potable y saneamiento en Lima fueron provistos por, primero, el Consejo Superior de Agua Potable de Lima y luego por la Junta Municipal de Agua Potable de Lima. En 1962, nace la Corporación de Saneamiento de Lima (COSAL), que en 1969 se convirtió en la Empresa de Saneamiento de Lima (ESAL). Finalmente, en el año 1981, en una nueva restructuración se creó el Servicio de Agua Potable y Alcantarillado de Lima (Sedapal)”, indica Lidia Oblitas (12), en su libro “Servicios de agua potable y saneamiento en el Perú: beneficios potenciales y determinantes del éxito”.

En el ámbito rural, los servicios de saneamiento estuvieron a cargo de la Dirección de Saneamiento Básico Rural (Disabar) del Ministerio de Salud hasta finales de la década de 1980. “Según la Ley General de Saneamiento Básico Rural de 1962, la infraestructura construida se entregaba a las juntas administradoras, organizaciones comunales responsables de administrar y operar los sistemas. Disabar organizó sus actividades a través de 17 oficinas de saneamiento básico rural distribuidas por todo el país, que desarrollaron las actividades de promoción de la comunidad, construcción de la infraestructura y la posterior asesoría técnica y supervisión de las juntas. A fines de los años ochenta, estas oficinas pasaron a depender de las secretarías de asuntos sociales de los gobiernos regionales”, agrega Oblitas (12). Luego se estableció que, para el ámbito rural y de pequeñas ciudades, son las municipalidades distritales las responsables de promover los servicios de saneamiento.

El 12 de junio de 1981, mediante Decreto Legislativo n.° 150, se crea el Servicio Nacional de Abastecimiento de Agua Potable y Alcantarillado (Senapa), con responsabilidades rectoras, reguladores y de prestación de los servicios. Senapa reemplazó a la Dirección General de Obras Sanitarias y absorbió a las empresas de Lima, Arequipa y Trujillo; así, quedó integrada por empresas filiales, ubicadas en los principales departamentos y unidades operativas.

“Senapa se convirtió en una empresa matriz integrada por 15 filiales y alrededor de 10 unidades operativas que funcionaban a lo largo del país; una de estas filiales fue el Servicio de Agua Potable y Alcantarillado de Lima (Sedapal), que se creó a partir de la Empresa de Saneamiento de Lima (Esal). Senapa, aún con un modelo centralista, estableció una nueva modalidad respecto a los servicios de saneamiento: mientras que Obras Sanitarias daba prioridad a la construcción de instalaciones, Senapa dejó de centrarse en la infraestructura y más bien buscó mejorar el servicio y la calidad del agua”, se lee en el libro “La calidad del agua potable en el Perú” (11).

Pero es a inicios de la década de 1990 cuando se realiza una reforma del sector saneamiento. En abril se dispuso la transferencia de las empresas filiales y unidades operativas de Senapa a los gobiernos provinciales y distritales, con excepción de Sedapal, la empresa de agua de Lima y Callao hasta la actualidad.

“En abril de 1990 se dispuso la transferencia de todas las empresas filiales y unidades operativas de Senapa a las municipalidades provinciales y distritales. Esta disposición determinó que Senapa se convirtiera en una empresa encargada exclusivamente de brindar asistencia técnica a dichos gobiernos. En junio de 1992, el Ministerio de la Presidencia, por medio de una ley orgánica de emergencia, absorbe a Senapa, y a fines del mismo año se crea la Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (Sunass)” (11).

“El 24 de julio de 1994, se promulga la Ley N° 26338, Ley General de Servicios de Saneamiento, que recoge las políticas generales y las estrategias y objetivos del sector. Bajo este nuevo marco legal, en base a las empresas filiales y unidades operativas ya existentes, se organizan a nivel nacional 45 empresas como sociedades anónimas [que luego aumentarían a 50], 44 de las cuales son municipales, cuyo accionariado es de propiedad de los gobiernos locales a nivel provincial y distrital, y una, Sedapal, mantiene su estatus de empresa pública de propiedad del Gobierno Central”, complementa Oblitas (12).

Los retos en el sector aún son muchos. Según las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), el 88.7 % de la población nacional consume agua proveniente de la red pública y el 81.1 % elimina las excretas mediante la red pública de alcantarillado. En tanto, existen 50 empresas de agua que brindan los servicios de saneamiento en el ámbito urbano del país y más de 24 mil organizaciones comunales que lo hacen en los ámbitos de pequeñas ciudades (con población entre 2 mil y 15 mil personas) y rurales (con menos de 2 mil personas), lo que muestra la compleja situación para la prestación de los servicios de saneamiento en el Perú.


Planta de tratamiento de agua potable de La Atarjea de Sedapal.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

(1) Intur Machupicchu (s.f.). Tambomachay: Templo de culto al agua. https://inturmachupicchu.com/tambomachay-templo-de-culto-al-agua/

(2) Comunidad Andina. El agua en los Andes. Un recurso clave para el desarrollo e integración de la región. Lima, 2010. URL: https://www.comunidadandina.org/StaticFiles/OtrosTemas/MedioAmbiente/AGUA_DE_LOS_ANDES.pdf

(3) Rostworowski, María (1999). Historia del Tahuantinsuyo. 2ª. ed. Lima, IEP.

(4) Pérez, Paul (2010). Canales, abastecimiento de agua y sistemas de irrigación en Lima: el caso del Canal Huatica. Rev. Arqueología y Sociedad (N° 22), 249-260. URL: https://revistasinvestigacion.unmsm.edu.pe/index.php/Arqueo/article/view/12302/11007

(5) Guimac, Magdalena., Tamariz, Antonio., Bernex, Nicole., Castro, Juan Carlos. Agua y sociedad. URL: https://ciga.pucp.edu.pe/wp-content/uploads/2017/09/7.-CAP%C3%8DTULO-7.pdf

(6) Mattié, M (25 de mayo de 2007). Los Andes: una cultura del agua. América Latina en movimiento. URL: https://www.alainet.org/active/17770

(7) Kapsoli, W. (2016). Apostillas de Ricardo Palma a las acuarelas de Pancho Fierro. Aula Palma, (13), 233-266. URL: https://doi.org/10.31381/test2.v0i13.135

(8) Córdova, Lilia. (30 de marzo de 2014). Entre aguateros y camiones: la historia del agua en Lima. El Comercio. URL: https://elcomercio.pe/lima/aguateros-camiones-historia-agua-lima-305653-noticia/

(9). Sedapal. Sedapal, cincuenta años de historia [folleto]. Manuel Valencia [investigación].

(10) Orrego, J. (27 de marzo de 2011). Historia del agua potable en Lima. Blog PUCP. URL: http://blog.pucp.edu.pe/blog/juanluisorrego/2011/03/27/historia-del-agua-potable-en-lima/

(11) Sunass (2004). La calidad del agua potable en el Perú. Sunass. URL: https://www.sunass.gob.pe/wp-content/uploads/2020/09/Jica-2004.pdf

(12) Oblitas, L. (2010). Servicios de agua potable y saneamiento en el Perú: beneficios potenciales y determinantes del éxito. CEPAL. URL: https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/3819/1/lcw355.pdf



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12 de diciembre de 2021

¿La Universidad San Marcos fue propietaria del distrito de Comas?

El distrito de Comas, ubicado al norte de Lima, cumple 60 años de creación política, hoy 12 de diciembre de 2021. Dos referencias del libro “Comas y su historia, un modelo de investigación distrital”, del docente Santiago Tacunán Bonifacio, me llamaron la atención: ¿fue la Universidad San Marcos propietaria de parte del distrito?, ¿por qué no se llamó ‘La Libertad’, como proponía su ley de creación?

Histórica fachada del cine Tupac Amaru, que se ubicaba entre las avenidas Belaunde y Tupac.


Comas tiene una historia milenaria que se puede remontar hasta la etapa lítica (11 600 a. C.), por los restos arqueológicos ubicados en el valle de Carabayllo, y que pasa por culturas preincas como el señorío Collic y, con la llegada de los españoles, espacio de varias haciendas a lo largo de su actual territorio.

En 1540 se forma la hacienda de Comas, que Francisco Pizarro le otorga a su capitán Francisco de Chávez, en agradecimiento a su labor en las guerras de invasión. Pero De Chávez fallece un año después, durante el asalto de Almagro, por lo que su viuda asume la posesión hasta que, en 1567, dona la propiedad al convento grande de la Merced.

Pronto, el convento cambia la hacienda Comas por otras tierras con el colegio San Pedro Nolasco, que también pertenecía a la orden de la Merced, pero administraban sus propiedades de forma independiente. El colegio poseyó la hacienda por un lapso aproximado de 120 años, tiempo en el que arrendó las tierras a cambio de rentas anuales.

El 26 de octubre de 1826, las rentas que recibía el colegio Nolasco, que dejaría de funcionar por esos años, fueron transferidas al Convictorio de San Carlos. En 1876, las rentas del Convictorio pasan a formar parte del presupuesto de la Universidad San Marcos, de las que gozará hasta 1945, aproximadamente, fecha en que desaparece de sus registros de bienes inmuebles.

Toda la información está en el referido libro de Santiago Tacunán Bonifacio, quien agrega que el incumplimiento del pago del arrendamiento habría originado que las autoridades sanmarquinas sean indiferentes con la posesión de la hacienda. Además, luego de la ocupación chilena en la Casona San Marcos, desaparecieron muchos contratos de propiedad.

Algo similar ocurrió con otras haciendas, que también ocuparon los actuales territorios del distrito de Comas, como las de Pro, Chacra Cerro, Infantas, Caudivilla, El Naranjal o Collique (cuyos nombres se mantienen en las zonas donde se ubicaban). En el caso de la hacienda de Collique, tuvo varios dueños desde la Santa Inquisición hasta la Dirección General de Consolidación (institución que se creó luego de la Independencia para administrar las propiedades de los españoles), entre otros dueños, producto de varias ventas y herencias.

De 1950 en adelante, comenzarían las invasiones de los terrenos eriazos y aledaños de las haciendas, lo que obligó a sus propietarios a lotizar y vender sus terrenos a asociaciones y cooperativas de vivienda.

Finalmente, el distrito se iba a llamar “La Libertad”, como proponía el proyecto de ley original, por ser el nombre de una de las primeras barriadas. Pero el Congreso, en consideración a una ley de 1930, que restringía poner ciertos nombres a poblaciones y calles, acuerda que el nuevo distrito tendrá el nombre de Comas, por ser como se llamaba la vieja hacienda.

El autor del libro: Santiago Tacunán.



*Fotos: Internet.


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26 de marzo de 2017

Perú y China: economías complementarias

El Perú y China tienen antiquísimas relaciones que, en las últimas décadas, se intensificaron política, cultural y económicamente. Producto de ello, el gigante asiático se convirtió en el principal socio comercial de nuestro país y donde más invierte en relación a Latinoamérica. No obstante, nuevos retos surgen de cara al futuro entre ambos países, por el contexto económico y, sobre todo, por los nuevos motores de crecimiento que tendrá China, país que representa el primer mercado para cerca de 170 países, de los casi 200 que existen en el mundo. En este informe, publicado en la revista BusinessEmpresarial, se analizan las relaciones entre China, el Perú y Latinoamérica, región en la que el dragón asiático planea duplicar, en los próximos 10 años, sus montos de comercio e inversión.

El Perú posee lo que China necesita y, en complemento, China tiene lo que el Perú requiere, analiza Carlos Aquino, uno de los principales expertos sobre economía asiática en Latinoamérica. Para él, el gigante asiático necesita materias primas que se tienen acá (como plata, cobre, hierro, zinc, plomo, harina de pescado y alimentos), además de oportunidades para invertir en la construcción de infraestructura. Por su parte, el Perú requiere, para su desarrollo, de esos capitales para cerrar su brecha en infraestructura, además de un mercado inmenso como el chino. “Los dos países se necesitan y hay un interés de afianzar esos lazos. De hecho, para el 2021, el comercio podría crecer 60% o hasta el doble si las cosas se pone interesantes”, proyecta. 

Su argumento se sustenta en que el presidente de la República Popular China Xi Jinping anunció que su país planea duplicar los montos de inversión y comercio con Latinoamérica (LA) para el periodo del 2015 al 2025. Así, se espera que el comercio de China con LA pase de US$ 250 mil millones a US$ 500 mil millones y la inversión suba de US$ 125 mil millones a US$ 250 mil millones. ¿Qué puede esperar el Perú de ese anuncio? 

PASADO
Las relaciones entre el Perú y China son bastantes antiguas. Se sabe que en el Virreinato, a partir del siglo XVI, específicamente de 1568 hasta 1810, existió comercio ilegal por la obligación de que las colonias españolas solo comercialicen con la Metrópoli. No obstante, algunos barcos que salían de Acapulco (con productos mexicanos y peruanos, como papa, maíz, cacao, entre otros) intercambiaban productos en su parada en Manila, en Filipinas (también bajo el dominio español), con galeones procedentes de Macao (China) que transportaban seda, porcelana, lacados y otros productos orientales. No en vano, virreyes y arzobispos limeños usaban esa seda y porcelana china. Posteriormente se interrumpió dicho comercio, en 1810, por los procesos independentistas en América hasta que se inició la gran inmigración china al Perú. Según investigaciones, entre 1849 y 1874 ingresaron cerca de 100 mil chinos culíes, procedentes de Cantón, para trabajar, básicamente, en las haciendas costeñas. 

En tiempos modernos, un nuevo hito aconteció en 1971 cuando nuestro país estableció relaciones diplomáticas con China (entonces, el Perú fue el tercer país en LA en hacerlo, después de Cuba y Chile). Sin embargo, hasta 1990, el comercio era prácticamente mínimo. China compraba harina de pescado y cobre, pero en mínimas cantidades, por lo que figuraba entre el octavo y noveno socio comercial del Perú. “El primer salto empieza en 1990 y, luego, el gran salto en la siguiente década”, sostiene el economista. Ello porque, desde 1979, China inició su política de apertura económica al mundo por lo que empezó a comprar más productos, demandar materias primas e invertir fuera de sus fronteras. A la par, desde 1990, el Perú también abrió su economía e inició su política de privatizaciones. Producto de ello, justamente, en 1992 la empresa china Shougang compra Hierro Perú en Marcona (lo que fue la primera gran compra de una empresa extranjera a un activo del Estado) y, luego, en 1993, otra empresa china, la Corporación Nacional de Petróleo China (CNPC) adquiere el lote VI y VII de Talara.

Carlos Aquino, catedrático de la UNMSM. Foto: elperuano.pe

INVERSIÓN
No obstante, el gran salto sucedió en la década pasada, específicamente del 2003 al 2011, cuando los precios de minerales, como el cobre o el hierro, aumentaron considerablemente su valor (el cobre subió hasta cinco veces su precio), por lo que explosionó el monto de lo que el Perú vendió a China. “Y no solo eso, a fines de esa década empiezan las grandes inversiones chinas: la empresa Aluminum Corporation of China (Chinalco) compra la operación de Toromocho y paga cerca de US$ 3,500 millones y, luego, en 2014, Minerals and Metals Group  (MMG’s) compra Las Bambas por casi US$ 6 mil millones”, declara Aquino. Entonces aumenta el comercio y la inversión de China. 

Desde entonces, se calcula que, en la actualidad, hay cerca de 160 empresas chinas de diverso tamaño en el país: varias pequeñas y algunas inmensas. Aquino, quien es profesor en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), detalla que algunas de las principales son MMG’s en Las Bambas (y una inversión de US$ 4 mil millones con lo que, al 2018, cuando complete su inversión, habrá invertido US$ 10 mil millones); Chinalco en Toromocho (con cerca de US$ 5 mil millones de inversión); Shougang (que compró por US$ 120 millones e invirtió, hasta ahora, más de mil millones de dólares); CNPC (que compró, el 2014, operaciones de Petrobras por US$ 2,600 millones). “Esta empresa petrolera (CNPC) produciría, con las adquisiciones que tiene, un 30% a 40% del total de petróleo y gas del país”, adiciona.

Según estadística del Ministerio de Energía y Minas, hasta junio de 2016 existía un portafolio de inversión, por realizarse, de más de US$ 58 mil millones, de los cuales casi un tercio es de China. “Estamos hablando de US$ 20 mil millones de inversión china solo en minería”, indica. 

De tal forma, la presencia de empresas chinas está, principalmente, en los rubros de sectores naturales como minerales, energía y pesca. En este último, una empresa importante es China Fishery Group (CFG) (que compró la empresa Copeinca, en 2013, por US$ 762 millones y produce harina de pescado), con casi un 20% de participación del mercado. Además de otras operaciones comerciales menores, como motos o autos. Según ComexPerú, importamos de China, principalmente, celulares, computadoras, aparatos de telecomunicación, motocicletas, calzado, autos, entre otros.

“En las importaciones, China también es, desde el 2014, la mayor fuente de suministro. El 2015 le compramos por US$ 8,358 millones, el 22.5% del total. Empresas chinas o extranjeras instaladas en China nos venden todo tipo de productos manufacturados. Eso ha sido bueno para los consumidores peruanos, pero para algunas empresas peruanas es una dura competencia”, completa.

China y Mao. Imagen: Internet.

PRODUCCIÓN
Producto de ello, las empresas chinas producen todo el hierro que el Perú elabora: de hecho, la única mina de ese metal es de Shougang, en Marcona - Ica. Asimismo, cuando las operaciones de Toromocho y Las Bambas empiecen a funcionar al 100%, lo que se espera para el periodo 2017-2018, ambas producirán el 33% del total del cobre del Perú. 

Según el especialista en economía asiática, China es el mayor comprador de muchos productos que el Perú exporta. En cifras, presenta que, por ejemplo, en 2015, ese país compró más de la mitad del cobre que el Perú exportó, un 55.3%; el 61.4% de la plata; casi todo el hierro con el 94.1%; más de la tercera parte del zinc, con un 39.2%; el 76.3% de la harina de pescado, entre otros. “Mucha de la producción de estos productos es hecha por empresas chinas”, explica.

En cuanto a inversión china en nuestro país, estima que esta se duplicó en los últimos cinco años. Muestra de ello es Las Bambas, Toromocho, Shougang y otras empresas chinas con problemas, como el proyecto Río Blanco en Piura (con inversión cercana a los US$ 1,500 millones) pero que está paralizada por problemas con la comunidad. “Otro proyecto es Pampa de Pongo, de la empresa Jinzhao Mining, en Acarí - Arequipa, que tomó una inversión de US$ 3,500 millones y sería la segunda mina de hierro junto a Marcona”, sostiene.

En general, calcula que, aproximadamente, se invierten unos US$ 1,500 millones al año, lo cual aumentaría si se resuelven los problemas sociales y, a nivel externo, se incrementan los precios de los minerales. 

Recuerda que las grandes inversiones chinas no son inversiones nuevas ya que, básicamente, son proyectos que ya existían. “Xougang compró una mina que ya había, al igual que Toromocho y Las Bambas. Pampa de Pongo y Río Blanco serían nuevos pero todavía están en proyecto, pero si hay problemas se van a atrasar”, indica. 

DIVERSIFICACIÓN 
La primera visita oficial al extranjero que realizó Pedro Pablo Kuczynski (PPK), luego de solo seis semanas de asumir el cargo como presidente del Perú, fue hacia China, en setiembre de 2016, la cual, a su retorno, calificó como “una misión exitosa”. 

PPK informó que, en ese viaje, sostuvo reuniones con todos los grandes líderes de este país, en las que habló de infraestructura, energía y, sobre todo, de la industrialización de una parte de los minerales que se producen en el Perú con fundiciones y refinerías,  en lo que hubo “un gran apoyo”, según indicó. También resaltó que tuvo una reunión con el principal constructor de trenes de ese país en la que conversó sobre las posibilidades de inversión en el tren de cercanías, el cual “le pareció muy interesante y que estudiaría”, afirmó PPK.

PPK en China. Foto: peru.com

Aquino espera que algunos de esos anuncios se concreten durante la visita a nuestro país del mandatario chino para la cumbre APEC. Con lo cual, asimismo, se daría un paso importante para la diversificación de las inversiones chinas en el Perú. “Los chinos se han dado cuentan de que solo concentrar sus inversiones en recursos naturales no es tan bueno, porque los precios de los minerales están bajos. Por eso quieren hacer el tren bioceánico y, en general, tienen interés en infraestructura”, indica. 

Sobre dicho tren, comenta que el interés chino es que siga su ruta por el norte del Perú (hacia el puerto de Bayóvar, en Piura), para poder importar hierro, carne, soja, entre otros productos de Brasil, y no por el sur como es la intensión de los presidentes del Perú y Bolivia. Para Aquino ese sería un argumento que usa PPK para “echarle agua fría” al proyecto por ser muy costoso: de los US$ 65 mil millones que aparentemente costaría, US$ 35 mil millones es la parte que el Perú debería pagar por ser el trayecto más extenso y porque, por ahí, no hay ningún ferrocarril, a diferencia de Brasil. “Al gobierno peruano le pareció muy cara esa inversión y quiere un tren por el sur, por Bolivia. Sinceramente no creo que los chinos se interesen en eso”, indica. 

El mismo PPK ha declarado que sus dudas sobre ese tren pasan por: “primero, su costo, que es altísimo, y en segundo lugar si hay carga de regreso (de Perú a Brasil), porque cualquier sistema de transporte debe tener cargas en los dos sentidos”. “Se va a estudiar y se tomará una decisión”, ha sentenciado, por el momento, PPK.

Por ello, para Aquino, quien es director del Instituto de Investigaciones Económicas de San Marcos, tienen más opciones de concretarse los trenes de cercanías (que unirían Barranca con Ica, pasando por Lima) que planifica el Perú y en los que podrían participar empresas chinas. 

No obstante, refiere que el interés chino, por esos y otros proyectos, depende de las condiciones. “Sucede que en el Perú se hacen licitaciones con un solo postor para que lo gane alguien. Obviamente los chinos no van a participar porque saben que no van a ganar. Si se abren esas licitaciones para tres, cuatro o todos los postores que deseen, los chinos estarían definitivamente interesados, pero si se dan las garantías para participar”, manifiesta. 

Indica que, por ahora, tampoco están dadas las condiciones para el ingreso de bancos chinos al sistema peruano porque nuestra legislación permite un solo banco chino (desde el 2014 opera el Industrial and Commercial Bank of China, ICBC, el más grande del mundo por capitalización, con una inversión de US$ 50 millones en el país). “Los chinos quisieran tener sus bancos aquí, pero la legislación nacional estipula que solo puede haber un banco por dueño, pero en China todos los bancos son del mismo dueño, del Estado. Es una realidad que no contemplamos. Si eso se modifica, vendrían más bancos chinos, como el Bank of China”, declara.

En general, apoya que los chinos quieren participar. “Tienen dinero, tienen las compañías con suficiente experiencia construyendo pistas, aeropuertos, puertos y no tienen trabajo en su país porque ya construyeron tanto que no pueden hacer más. Quieren venir, pero necesitan las condiciones”, afirma.
Otro sector con potencial es la agroindustria. Hasta ahora, el Perú exporta alimentos como paltas, mangos, espárragos, por lo que el gigante asiático se está convirtiendo en unos de los mayores compradores de esos productos. Empero, para Aquino su interés va más allá: considerarían producir agroindustria, pero al no tener experiencia, tendrían que asociarse con empresarias peruanos. “Ahí hay expectativa. Hace 40 años, China se contentaba con comprar minerales, ahora no solo eso, invierte y quiere producir. Es probable que se interese no solo en comprar mango o uva, sino invertir para producir ellos mismos, con empresas acá”, señala.

En el turismo ya se dieron algunos avances como la eliminación de la visa para el ingreso de chinos al Perú, sin embargo sustenta que se deben hacer más esfuerzos para que se incrementen los 19,100 chinos que visitaron nuestro país durante el 2015. Aunque parezca una cifra importante, debe considerarse que, en total, 128 millones de chinos cruzaron sus fronteras para visitar otro país durante ese año y gastaron cerca de US$ 295 mil millones: los visitantes que más gastan en todo el mundo, superando a alemanes y japoneses.

Imagen explícita. Foto: Agencia de Noticias Andina.

Para el docente universitario, la idea es que, en los próximos cinco años, lleguen por los menos 100 mil chinos al Perú. Para ello, afirma que se deben superar limitaciones como el desconocimiento del Perú como destino en China. Pone como ejemplo que, hace 20 años,  tampoco se conocía a nuestro país en Japón y, ahora, la mayoría de japoneses quieren conocer Machu Picchu. “Eso ha costado años y años en campañas”, indica. Además de que se necesitan líneas aéreas directas porque un viaje a China requiere de varias paradas. Y, sobre todo, de  infraestructura. “El chino no va a venir si no tiene hoteles de cinco estrellas en los que, como los japoneses, tengan su comida. Ellos no están acostumbrados a la comida peruana. El chifa no es comida china. Tendría que haber comida china realmente, con sopa, frutas…”, indica. Sobre la carencia de hoteles en el país, sostiene que ese es un potencial camino para captar otras inversiones chinas.

Debería considerarse, también, según explica, que el aeropuerto y el puerto del Callao están colapsando, lo que dificulta el incremento de turistas. “Hace 10 años se hizo la licitación para hacer la segunda pista y hasta ahora no se hace, ni se empieza. Ese es el problema del Perú, tenemos falta de infraestructura física (puertos aeropuertos, carreteras) e infraestructura humana (técnicos y profesionales calificados)”, dice.

Igualmente, comenta que se deberían tener mayores guías con conocimiento del idioma, ya que casi todos los chinos y japoneses vienen con sus propios guías.

FUTURO
Luego de conocerse la elección de Donald Trump como presidente de los EE. UU., el ministro de economía peruano, Alfredo Thorne, declaró que ese país seguirá siendo un socio comercial importante de Perú, aunque, ante los anuncios de Trump de aplicar una política comercial más proteccionista, comentó que era “una oportunidad para reorientar nuestras exportaciones al Asia”.

Aquino añade que con el triunfo de Trump es incierto el comportamiento del precio de los minerales para los siguientes años, lo que influye, en cadena, en las inversiones chinas en ese rubro en nuestro país. “Hay el temor de que EE. UU. se vuelva proteccionista, con lo que el comercio mundial cae, al igual que la economía mundial y la demanda de materias primas. Ahora no hay perspectivas de que los minerales suban, podrían haber empezado a recuperarse en 2017 y 2018 pero con Trump las expectativas son inciertas. El único metal que se está favoreciendo es el oro porque es especulativo, activo de reservas. La gente está comprando oro, el que, por suerte, tenemos”, afirma. 

También proyecta que China seguirá creciendo, aunque no como antes, motivada por nuevos motores, que el Perú podría aprovechar. Hasta el 2012, según explica, China creció a tasas de 10% por varias razones: como el crecimiento de la economía mundial que influía en ese país, ya que dependía de mercados externos como el japonés, europeo y norteamericano, por sus numerosas exportaciones. “Vendían más cosas y su economía crecía más, pero ya no es así. Ya no hay tantos mercados externos para los productos chinos”, sostiene. Otro factor importante, en este caso interno, del crecimiento chino fue que exportaba a bajos precios por su mano de obra barata, la cual también se está terminando. “China ya no puede vender tantas cosas baratas por tanto ya no puede crecer más. Después de 33 años de crecimiento consecutivo es imposible seguir haciéndolo”, analiza. 

Además, ese crecimiento le generó pasivos como la alta contaminación que se convirtió en una preocupación del gobierno chino. “La contaminación es terrible. Entonces el gobierno ordenó que las empresas cierren”, indica. También influyó la corrupción y el aumento en la disparidad de ingresos entre los chinos. 

Por ello, en adelante, la nueva configuración social y económica del gigante asiático, según Aquino, implica riesgos y oportunidades para el Perú. El riesgo es que, al China tener un menor crecimiento, probablemente ya no demande tantas materias primas como antes; pero debe tenerse en cuenta su nuevo motor de crecimiento: su mercado interno, que aumentó considerablemente ya que, en los últimos 30 años, se estima que 300 millones de chinos se mudaron del campo a la ciudad y se proyectan que, en los próximos 20 años, se muden otros 200 millones. Además, los chinos que hace 30 años eran pobres, y no podían consumir lo que producían y tenían que exportarlo, ahora son una clase media muy grande y ya no se privan de consumir carne, vino, espárragos, uva o mango que, allá, son de precios elevados. “Ahora hay una clase media creciente que consume y el Perú se empieza a beneficiar exportando esos productos”, indica. 

Infografía: Reuters.

En esa lógica, el especialista comenta que nuestro país podría vender otros productos pero con valor agregado. “Hay una oportunidad inmensa. El problema es qué le vamos a vender. Nos falta tecnología y mano de obra capacitada para exportar más y aprovechar los acuerdos comerciales entre ambos países”, advierte. 

RELACIONES 
En 2010, el Perú y China suscribieron un Tratado de Libre Comercio (TLC), que solo tienen otros dos países en LA (Chile y Costa Rica) y, en 2013, el Perú alcanzó la calidad de socio mediante la firma de una Asociación Estratégica Integral (el único país en la región que tiene ese carácter). Por ello, Aquino califica de excelentes las relaciones con ese país porque el Perú es el único en Latinoamérica que tiene, a la vez, TLC y Asociación Estratégica Integral. 

“Tenemos un TLC interesante pero todavía no le sacamos provecho. Necesitamos tener nuevos productos para vender más allá de las materias primas. Las puertas están abiertas pero cómo vamos a aprovechar eso. Hay que invertir en agroindustria, en productos de valor agregado, en industrias que transformen nuestras materias primas, pero para eso se necesita educación y más infraestructura”, explica. 

Por eso, añade, el problema es cómo aprovechamos esos vínculos y le vendemos más a ese país, además de alimentos como el mango y las uvas. “China está empezando a comprar pero es un mercado inmenso", indica. 

Adiciona que otros problemas son las trabas burocráticas que los chinos no entienden porque, básicamente, tienen un sistema diferente. “El gobierno central es el Partido Comunista, así como el provincial y el distrital. Y cuando el gobierno chino dice hagamos esto, todos hacen porque, aparte de ser un sistema autoritario, todos son de ese partido. Pero en el Perú el gobierno es de un partido y el alcalde de otro. Además de la ineficiencia”, afirma.

En términos generales concluye que el viaje de PPK a China fue exitoso porque los chinos se alegraron de que el primer viaje del presidente sea a su país. Lo cual, resulta evidente si se considera que China es el principal socio comercial del Perú y el más grande inversor en el sector minero y energético en la actualidad en el país. 

Aquino plantea aumentar las, hasta ahora, dos oficinas comerciales peruanas allá (en Beijing y Shangai) a otras ciudades como Canton o Piaging (Chile tiene hasta cinco oficinas). “Porque si no promocionas tu producto, cómo saben lo que el Perú produce. En China no sabían, por ejemplo, que el Perú producía mango”, explica. 

SOCIO
En Latinoamérica, los socios comerciales más importantes de China son Brasil y Chile, por el tamaño de los mercados y los montos de comercio. Por ejemplo, el 2015, el comercio entre el Perú y China fue de US$ 16 mil millones (entre exportaciones e importaciones), mientras que con Chile fue por más del doble. Para este año (2016) se espera un ligero aumento en el comercio chino-peruano ya que, si bien los precios de los minerales son bajos, China está comprando mucho en cuanto a volumen. “Mucho de lo que produce Toromocho y Las Bambas se va a China. Además de que está aumentando la producción de hierro en Marcona y eso también se va a China”, explica.

Empero, en cuanto a la inversión china, el Perú es el destino más importante en comparación a otros países de LA. 

Ubicación de China en Asia. Imagen: Internet.

En otros continentes, como África, China también es el principal inversor, socio comercial y país que presta dinero para casi todos los países (sobre ello, Aquino recuerda que el Perú casi no tiene préstamos de China, a diferencia de, por ejemplo, Venezuela que se prestó cerca de US$ 50 mil millones). En Asia la situación es similar ya que China es el mayor socio comercial de todos los países y se está convirtiendo, también, en inversor y socio importante en Europa. “Para EE. UU. también: desde el año pasado China es el socio comercial más importante de ese país por sobre México y Canadá. De los más de 200 países que hay en el mundo, China es el primer mercado para 170 países”, estima.  

Al hacer un balance, Aquino refiere que el Perú, hasta ahora, aprovechó el mercado chino solo vendiéndole materias primas, ya que del total que el Perú exporta hacia China el 95% es materias primas (minerales, gas, petróleo, harina de pescado) y el 5% es uvas, espárragos, mangos y otros productos. Cifra que, en los últimos 20 años casi no ha variado, cuando ese rango estaba en 98% y 2%. 

Pero, para él, ese país también ofrece ejemplos interesantes sobre desarrollo. Por ejemplo, hace 40 años China vendía productos con poco valor agregado, con mano de obra barata y ahora produce objetos sofisticados. “China ha podido hacerlo y esa es una lección que el Perú puede aprender, pero implica, obviamente, inversión en educación. China es uno de los países que más invierte en educación, ciencia y tecnología, en sus universidades nacionales. Destina casi el 4% de su PBI en educación, y casi 2% en investigación y desarrollo: es un monto bastante grande para el tamaño de la economía china”, manifiesta.

En cifras, indica que, en 1993, cuando China empezó a invertir en grande en el país, el Perú solo le exportó por US$ 140 millones. En 2003, le vendió US$ 600 millones y entonces empezó a subir ese monto a, en 2007, cerca de US$ 3 mil millones hasta llegar a casi US$ 8 mil millones en 2012: el pico máximo. Desde entonces cayó el monto a US$ 7,300 millones, en 2015, y, ahora, estamos en US$ 7,500 millones. Para este año quizá se alcancen los US$ 8 mil millones por la mejora en el volumen, como del cobre, proyecta el entrevistado. 

Comercio del Perú por principales países y regiones (en millones de dólares). Cuadro proporcionado por Carlos Aquino. Fuente: Memoria 2015 - Banco Central de Reserva del Perú.

China, además de ser el principal socio comercial (desde el 2014) y el más grande inversor en el sector minero y energético en el país (por encima de economías que, años atrás, tenían esa condición, como Japón) y tener un TLC y una Asociación Estratégica Integral, comparte una larga historia de relaciones diplomáticas con nuestro país y, sobre todo, una gran comunidad (considerada la más amplia en Latinoamérica y la sétima más grande en el mundo). Algunas estimaciones indican que, de los cerca de 100 mil chinos culíes que ingresaron al país entre 1849 y 1874, hay, ahora, 1.3 millones de peruanos de ascendencia china. Para otros, la cifra puede llegar hasta 3 millones, o sea el 10% de nuestra población e, incluso, ser hasta el 20%.

Por todo ello, en términos económicos, Aquino concluye que el comercio seguirá creciendo entre ambos países, así como la inversión de China en el Perú.

*Parte de este texto se publicó en la revista Business Empresarial (edición Nº 32), en diciembre de 2016.

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19 de noviembre de 2016

MegaPlaza y el desarrollo económico que impulsa en las ciudades

MegaPlaza espera crecer cerca de 8% este 2016, pero para Percy Vigil, su gerente general, la mayor satisfacción está en el aporte a las ciudades en las que realizan sus operaciones: las transformaciones sociales y económicas, como sucedió en Lima Norte, desde el 2002. Para los siguientes meses, refiere que continuarán impulsando sus operaciones en Huaral y Villa El Salvador, el segundo local en ese distrito, sin perder de vista al Norte del país. Vigil, además, explica, en esta nota elaborada para la revista Business Empresarial, el perfil del cliente que se fue formando en estos 14 años de operaciones y comenta el ingreso de una nueva marca, para los próximos 60 días, en MegaPlaza Lima Norte.

Percy Vigil en MegaPlaza. Foto: trome.pe

El 28 de noviembre de 2002 puede considerarse una fecha representativa para el desarrollo económico, social y urbanístico de Lima Norte: ese día se iniciaron las operaciones de MegaPlaza, el centro comercial considerado pionero en esta parte de la capital, que, desde entonces, creció y contribuyó al crecimiento de la zona y del retail. 

En estos casi 14 años, sucedieron numerosas transformaciones: en el mercado, el consumo, el nivel de gasto, la expectativa de los clientes y en los factores de crecimiento de los centros comerciales. 

Percy Vigil, gerente general de MegaPlaza y protagonista de estos cambios, refiere, por ejemplo, que los aspectos valorados de los centros comerciales son: la concentración de la oferta, la seguridad y los estacionamientos.

Además, otras modificaciones sucedieron como el ingreso de centros de la salud, educativos y restaurantes. “Creo que la sorpresa más grande fue el ingreso de la salud y de la educación. ¡Quién pensaría que un instituto o una academia, hasta inclusive una universidad, puedan estar dentro de un centro comercial!”, manifiesta.

El ingreso de restaurantes sorprendió –explica– porque las marcas encontraron varios beneficios al estar en centros comerciales como: la concentración de la oferta, que les permite estar junto a otros negocios, lo que genera una afluencia positiva, y la necesidad de estacionamientos. Además de participar en promociones y actividades.

MEGA CRECIMIENTO

En la actualidad, MegaPlaza, que está bajo la gestión de Inmuebles Panamericana, sociedad conformada por el Grupo Wiese y Parque Arauco, tiene 9 locales en operación (en Lima Norte, Jaén, Barranca, Chincha, Villa El Salvador, Chorrillos, Pisco, Cañete y Chimbote), no obstante se alista para, en los siguientes meses, continuar con otros dos proyectos. 

El décimo local, ubicado en Huaral, será abierto hacia fin de año, aunque en la actualidad funciona un supermercado (Tottus). “La operación de los cines y tiendas menores debería estar activa al 75%, aproximadamente, a fin de año”, indica Vigil, quien es ingeniero industrial.  

El undécimo estará en Villa El Salvador (VES) y la extensión total del terreno es de 40 mil metros cuadrados (m2), de los cuales cerca de 15 mil m2 es el área arrendable. Será la segunda operación en ese distrito y estaría abierto el supermercado (Tottus) en diciembre. Hacia mayo de 2017, para el Día de la Madre, tendría entre el 70% y 80% de su capacidad operativa.

Ese local, que tuvo una inversión aproximada de S/. 50 millones, será, refiere Vigil, “algo más grande que un strip” y tendrá, en una primera etapa: cine (serían seis salas), zona de comidas, locales de tienda menor, servicios y áreas de entretenimiento. “Tomaremos decisiones para la segunda etapa en función a su comportamiento, en los siguientes cuatro meses”, añade. Se espera recibir, en los primeros meses, un flujo mensual que bordee las 330 a 350 mil personas. 

MegaPlaza como lugar de reunión y entretenimiento, aquella vez con Deyvis Orozco. Foto: facebook de MegaPlaza.

Por otro lado, un proyecto pendiente es la operación en Huaraz, que está paralizada por decisión del alcalde bajo el argumento de defender a los pequeños comerciantes. Percy Vigil comenta que esperan que se solucione la situación administrativa para que pueda ser una realidad. “No tenemos fecha definida”, indica. Por ahora, el terreno es ocupado por el Ejército. 

El proyecto consiste en realizar un parque de 60 mil m2 y un centro comercial en un terreno de 27 mil m2. “Es un proyecto de parque con centro comercial, no al revés. El parque incluye, por ejemplo, laguna, canchas de fulbito, zona para skate. Es una obra importante”, comenta. 

Además, precisa que evalúan edificar un hotel que, en el primer diseño, no se tenía contemplado. “Huaraz no tiene hotel de cadena internacional y nosotros tenemos interés en poder ocupar el área. Creo que sería un gran aporte poner el centro comercial e incorporar un hotel que le daría relevancia y abriría una puerta para otras inversiones en la ciudad”, detalla. 

En su proyecto de expansión, acepta que están “viendo el norte”, en donde tienen terrenos adquiridos, como en Trujillo y Lambayeque, las que reconoce como “plazas potencialmente desarrollables”. A nivel general, afirma que poseen un “banco de terrenos” que tienen en permanente evaluación, en el que también está Tarapoto “a la espera de la decisión”.

Decisión que definirán próximamente, junto a cuáles serán las inversiones para el 2017. “Entramos a evaluación en el último trimestre para tomar decisiones, que se relacionan con la economía y toda una serie de variables. No es tan sencillo hacer un mal, estamos hablando de, por lo menos, US$ 15 millones”, sostiene.

A nivel de Lima, afirma que, por ahora, están enfocados en VES, a cuya segunda operación en ese distrito considera un reto interesante. “Pero somos de mente abierta y vemos el desarrollo de mercado, no nos cerramos a nuevas oportunidades”, completa.  

Al hacer un balance sobre la presencia de MegaPlaza en provincias indica que la alegría más grande es que llegaron a plazas donde no había oferta, lo cual generó un cambio importante en la calidad de vida de la población. “Jaén, por ejemplo, era un mercado en el que para ir a un supermercado tenías que trasladarte entre 7 y 8 horas”, explica.

En ese sentido, resalta que si bien es una empresa que invierte, en la búsqueda de rentabilidad, también tienen un aporte social. “Un centro comercial es un comercio moderno, formal, es impuestos, ordenamiento y un modelo a seguir por empresas pequeñas que ven que si los estándares no son buenos, no es posible generar competencia”, reconoce. 

Vigil refiere que les fue “bien” en el primer semestre del año, en el que crecieron entre 7% y 8%, por lo que, para el resto del 2016, esperan mantener esa cifra. Para el 2017, estima que deberían tener una mejor expectativa, en función del comportamiento de los próximos meses.

MegaPlaza, el comercio y la clase media. Foto: generaccion.com

Las inversiones de este año, cercanas a los US$ 50 millones, se centraron en realizar remodelaciones, como las ejecutadas en Lima Norte (solo en ese local, en los últimos años, invirtieron más de US$ 100 millones en las zonas de Conquistadores y Libertadores). Para el próximo año, consultado sobre nuevas obras, indica: “vamos a tomarnos un año de descanso para que el público tenga la comodidad que necesite”.

ÉPOCA DE LAS MARCAS

Con el inicio de las operaciones en Lima Norte, en 2002, también se desarrollaron los alrededores. Por ejemplo, el precio de las propiedades se incrementó y se incorporaron operaciones de diversas categorías a la zona. “Esta zona seguirá variando”, proyecta. 

Percy Vigil analiza que ese proceso de crecimiento en y con Lima Norte ha sido de aprendizaje mutuo y beneficioso para todos. “Todo lo que se generó era impensado hace 15 años. Se levantaron estándares”, indica, como el perfil del cliente a uno “sumamente exigente”. 

También aumentó la capacidad de gasto, lo cual se nota, sobre todo, por el tipo de marcas que se comercializan y porque “no hay temor al ticket alto”. El ticket promedio está en US$ 12.

Por ello, Vigil apunta que cuando llegan marcas de productos de ticket alto encuentran que el mercado es sumamente atractivo. “Esto nos hace ver que el consumidor tiende mucho a buscar marcas y a pagar por ello. Ese es un factor que hace unos años no se consideraba porque era la época del producto. Hoy, que tengo oferta, busco marca. Ya no estamos en la época del básico, estamos en la época del producto con valor agregado relevante para el consumidor y en la época de las marcas. Cambió la vida: es un antes y un después”, explica. 

En MegaPlaza Lima Norte refiere que entrará una “nueva marca de fast fashion” en los próximos 60 días, además de una zona nueva de comidas con formatos que están presentes en otros centros comerciales como el Jockey Plaza. Además de reabrirse locales para la campaña navideña que, de manera temporal, se cerraron por las obras. 

Para el ejecutivo, lo más importante este año fue el desarrollo del tercer nivel de MegaPlaza, con Plaza Conquistadores, la inauguración del cine, el más grande en cuanto al número de butacas a nivel nacional (con más de 3,500), “y, por otro lado, un segundo patio de comidas”. 

Fuente: Elaboración propia.
ECONOMÍA DEPENDIENTE

Vigil, quien también es profesor de marketing, refiere que el sector sigue creciendo, pese a la desaceleración de la economía. “Como el sector se había acostumbró a crecer a 2 dígitos, entonces pasar a un dígito, se siente como que hemos retrocedido”, aclara. 

En el fondo, explica que la industria sigue adelante y que los proyectos anunciados deben ver la luz entre fines de este año, el 2017 y el 2018. “Creo que hay optimismo para lo que venga en 2017, y eso se ve reflejado en que, probablemente, algunos proyectos se aceleren y lleguen antes de tiempo al mercado”, estima. En ese sentido, señala que este año debería ser mejor que lo logrado en 2015. Refiere, con respecto al nuevo gobierno, que genera optimismo ver que la expectativa del crecimiento de la economía se proyectó al 4%. 

Percy Vigil, quien lleva 14 años como gerente de MegaPlaza, considera que, con todo el desarrollo que ha visto, podría escribir un libro. Por eso, reitera que el mercado se ha transformado, y mucho. “El cambio se fue dando por etapas y creo que la conclusión es que nunca hay satisfacción total. Siempre hay una búsqueda de más”, analiza. ¿Cuál es el límite? “No lo podría decir”, responde. “Creo que mientras hay vida, siempre habrá cambio”, finaliza. 

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Esta colaboración se publicó en la revista Business Empresarial, en la edición Nº 31.

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8 de octubre de 2016

Hermanos, muchísimo por hacer: informe sobre las brechas en infraestructura en el Perú

"Hay, hermanos, muchísimo que hacer" se puede leer en «Los nueve monstruos», poema de César Vallejo, que en el caso del desarrollo de infraestructura en nuestro país encuentra una de sus más exactas ejemplificaciones. En este informe, publicado en la revista Business Empresarial, se evalúa el panorama del tema desde distintas perspectivas: su problemática, los sectores más urgentes, la situación en regiones, así como las soluciones propuestas por expertos y los beneficios que implica desarrollar infraestructura.


En su primer mensaje presidencial, ante el Congreso de la República, el 28 de julio de 2016, Pedro Pablo Kuczynski pronunció seis compromisos de Estado que implementará durante su gestión, entre los que está, textualmente: “construir la infraestructura para el desarrollo que con tanta urgencia necesitamos”.

Y es que, por ejemplo, según un estudio elaborado por la Asociación para el Fomento de la Infraestructura Nacional (AFIN) y la Escuela de Gestión Pública de la Universidad del Pacífico (UP), la brecha en infraestructura, para el periodo 2016-2025, alcanza los US$ 159,549 millones (ver imagen).





Ricardo Manrique, presidente del Comité General de Obras de Infraestructura de la Cámara Peruana de la Construcción (Capeco), indica que la brecha es fuerte “porque no es fija”. Explica que, si bien en los últimos años se avanzó en aspectos específicos, hay otros en los que no se lograron los objetivos o en los que, básicamente, hay “lentitud en definir el camino a tomar”.

Uno de los autores del referido estudio, Julio Aguirre, manifiesta que la situación en infraestructura nos permite medir cómo está competitivamente el país. Por ello indica que, si se revisan las últimas estimaciones que calculó el World Economic Forum, no hay mayor variación en la posición del Perú en términos relativos con otros países. Coincide en que esa ralentización en competitividad estaría explicada, básicamente, por la lentitud “en que salgan los proyectos” y por demoras para destrabar ciertas adendas, por ejemplo.

Manrique añade que los intentos por atacar la brecha causaron, generalmente, problemas de eficiencia. “Es decir, lo haces rápido, pero en general no es tan bueno como cuando lo haces lento. Lo haces lento y la infraestructura está fuera de plazo”, explica.

Agrega que, en ese proceso, se siguen generando más necesidades porque la brecha se extiende desde que somos República, pero, a su parecer, quizá los últimos 5 años fueron “los más sordos en temas de conversación entre el sector privado y el público”, lo cual repercutió en las demoras en las concesiones que, por ejemplo, se ven a través de ProInversión.


SECTORES
Aguirre, quien además es docente e investigador de la Universidad del Pacífico, indica que los sectores donde la brecha es más marcada son los que dinamizan la economía: transportes, energía, telecomunicaciones.

Por ello, al citar cuáles deberían ser los proyectos a priorizarse señala que, en transportes (cuya brecha es mayor a los US$ 57 mil millones), según el estudio citado, en el que se hizo una aproximación de proyectos que deberían priorizarse entre 2016 y 2025 sobre información recopilada de ProInversión, ministerios y otras fuentes, están los metros de Lima, el Ferrocarril Nor Andino, el Ferrocarril Barranca-Lima-Ica, el Anillo Vial Periférico, la modernización de varios aeropuertos del país, así como terminales portuarios, entre otros.

En energía (cuya brecha calculada es de más de US$ 30 mil millones) se tienen identificados proyectos como el gaseoducto sur peruano, la ampliación de cobertura de electrificación rural, entre otros. En tanto, en telecomunicaciones (brecha superior a US$ 27 mil millones) resaltan proyectos en antenas de telefonía móvil, instalación de banda ancha en varias regiones, así como el sistema de atención de emergencias y urgencias para Lima Metropolitana y Callao.

Manrique refiere que, en general, en todos los rubros hay pendientes. “Hay proyectos que deberían destrabarse en el sentido de sentarse en una mesa las partes y encontrar una solución y no dejarnos envolver por formalismos o por burocracia”, indica. Añade, también, que se debe priorizar la infraestructura para los Panamericanos del 2019.


FACTOR AGUA

Además de “construir la infraestructura para el desarrollo”, el primer compromiso de Estado del presidente, en su mensaje ante el Congreso, dice: “llevar agua y desagüe a todos los peruanos”.

PPK: "Agua y desagüe a todos los peruanos". Foto: Perú.21
Para Manrique queda claro que, para este gobierno, la infraestructura en saneamiento es una meta programática. “Es un rubro bastante caro de ejecutar y poco amigable políticamente porque tienes que romper vías y para poner un caño en una casa tienes que hacer toda una infraestructura previa: sacar la captación, tratar el agua, ver a donde llevar el desagüe… hay toda una inversión, pero es algo que hay que atacar porque es fundamental”, indica.

Según el estudio de AFIN y la UP, la brecha en el sector es de más de US$ 12 mil millones y entre los principales proyectos en cartera están las obras de cabecera y conducción para el abastecimiento de agua potable para Lima, además de varias por realizarse al interior. 


REGIONES

A nivel regional, Julio Aguirre indica, en base al Índice de Competitividad Regional (Incore) en Infraestructura elaborado por el Instituto Peruano de Economía (IPE), que en los últimos años (2014, 2015 y 2016) al ser Lima, Arequipa y Tacna las regiones en los primeros tres lugares, invariablemente, es evidente el centralismo y el desarrollo de las regiones de la costa (ver cuadro).




¿Cuál es la explicación? Sostiene que hubo un descuido en el gobierno central en preocuparse por los responsables regionales en infraestructura, para que tengan las capacidades de gestionar proyectos de gran magnitud, que involucran de millones de dólares.

Para Manrique son tres problemas que suceden, generalmente, en las regiones y municipios: capacitación, contar con una cartera de proyectos por ejecutar y los recursos.

En el primer punto, explica que, habitualmente, sucede una curva de aprendizaje en regiones y municipios cuando hay elecciones, a diferencia del gobierno central o en ministerios, donde la base de funcionarios es casi estable. “Al interior se da a la inversa, entran el primer año y comienzan de cero el circuito de aprendizaje. El segundo año están conociendo, el tercer son funcionarios preparados y el cuarto logran empujar proyectos, pero los cortan y al año siguiente el ciclo empieza de nuevo”, refiere.

En el segundo caso, sostiene que lograr aterrizar un proyecto puede tomar entre 4 a 7 años. “Entonces, si entra un gobierno regional y no hay una cartera de proyectos en desarrollo es poco probable que ese gobierno termine de ejecutar lo que iniciaron”, explica. Tercero, todas las regiones y municipios tienen dos realidades en la actualidad: “O nunca tuvieron canon y no tienen recursos, desde siempre, o tuvieron canon y tenían mucha plata y ahora tienen menos porque no hay ninguna región, ni municipio que, a la asignación del 2016, haya recibido más canon del que tuvo, por ejemplo, el 2014”.

Por regiones, como muestra el Incore, las brechas en infraestructura son mayores conforme es más la distancia de la capital y de la costa. “Costa no es perfecta, pero está más desarrollada. Luego sigue la sierra, con falta de infraestructura en, por ejemplo, Andahuaylas, Apurímac, Ayacucho. Y de ahí tienes la selva, donde hay casi todo por hacer”, sostiene Manrique.

Explica que la selva ha estado relegada de los grandes proyectos por conectividad y costos, ya que, por ejemplo, hacer una carretera requiere 5 o 6 veces más recursos que si se hiciesen los mismos kilómetros en la costa, además de que se integra mayor población.

Aguirre refiere se debe mirar con urgencia a ciudades de la sierra-sur y selva-norte que son las regiones más demandantes. “En la Amazonía, los proyectos de hidrovías son importantes porque hay un tema de multimodalidad: conectarte permite desarrollo de comercio. Tienes un corredor económico claro”, manifiesta. 


SOLUCIONES

Según el mencionado estudio, denominado “Un Plan para salir de la pobreza: Plan Nacional de Infraestructura 2016 – 2025”, se estima que para cerrar la brecha, en ese periodo, se requerirán, aproximadamente, US$ 160 mil millones, lo cual implica una inversión promedio anual del 8.27% del PBI (US$ 15,955 millones anuales).

Se sabe que, como manifestó el primer ministro Fernando Zavala, al solicitar al Congreso el voto de confianza al Gabinete Ministerial, a mediados de agosto, el gobierno buscará cerrar la brecha de infraestructura en 50% en el próximo quinquenio, para lo cual se destrabará una cartera de proyectos ascendente a US$ 18,000 millones de dólares en el plazo de dos años e incrementará la inversión en infraestructura hasta en 6.2% del PBI.

Fernando Zavala ante el Congreso. Foto: La República.

Al respecto, Aguirre recuerda que, actualmente, se invierte en infraestructura alrededor de 4% a 5% del PBI, por lo que todavía falta un impulso mayor. Manrique, en tanto, recuerda que para cerrar la brecha se tiene que crecer no menos de 6% al año. Advierte que si se para la inversión en infraestructura, lo requerido no seguirá siendo 6% porque “lo que no se haga, se irá acumulando”.

El investigador de la UP apunta a soluciones como impulsar la inversión privada y pública, que, como refiere, en los últimos años tuvo saldos negativos. Además, recomienda que se creen ProInversiones en las regiones, lo cual vaya acompañado con dotación de know-how y entrenamiento a funcionarios para que sean capaces de evaluar y gestionar los proyectos. “Las funciones de los reguladores debe descentralizarse hacia las regiones. Ellos ya cuentan con lineamientos de regulación, tienen reglamentos técnicos para fijar tarifas, de marco de acceso. Ese tipo de lineamientos deberían ser también utilizados como referencia”, añade.

En ese sentido, sostiene que una de las grandes debilidades que tiene el país es que ningún gobierno tuvo un Plan Nacional de Infraestructura. “Lo que hay es una serie de planes sectoriales: tenemos el MTC que lanza su Plan Nacional de Ferrocarriles o MVCS de Viviendas, pero no pueden ser vistas como islas, tiene que ser un plan integrado e intersectorial”, refiere.

Señala que la fuente para atraer inversión son las: Obras por Impuestos, Asociaciones Público Privadas (APP) o iniciativas privadas. “Las APP son adecuadas porque ganas proyectos con una gestión eficiente y eso le permite al gobierno liberar recursos públicos que puedan ser destinados en otros sectores como educación o salud”, añade.

Manrique adiciona que han sido muy pocos los espacios donde se pueda trabajar técnicamente entre los gremios, la sociedad civil y el Estado. “No hay un Consejo Nacional de Infraestructura, ni un Plan Nacional de Infraestructura: faltan componentes para una planificación”, refiere.

A partir de ahí, completa que el nuevo gobierno tiene que establecer cómo pretende priorizar los recursos, qué hará y cuáles soluciones buscará. “El problema es que hoy tienes un gobierno económicamente más débil que hace 5 años. Entonces se requiere imaginación, cuidado, buscar más opciones y rapidez para tomar decisiones. Somos creyentes absolutos, y por eso existen los gremios, de que debe haber una comunicación fluida, constante y estructurada”, advierte. Refiere que lo pendiente, también, como gobierno central, es acompañar a las regiones y municipios para alinear las políticas nacionales, con las regionales y con las municipales. En ese sentido, previene que hoy, lo que tenemos al frente es una realidad: somos un país con futuro, pero sin tiempo.



BENEFICIOS

Además del bienestar en la población, según el estudio de AFIN y la UP, se estima que el impacto al cerrar la brecha en infraestructura beneficiará, como efecto indirecto, a distintas actividades productivas como, por ejemplo, la agrícola.

También se indica que, mientras el costo de realizar las inversiones para cerrar la brecha estimada representa, en promedio, 8.27% del PBI anual, los beneficios totales estimados alcanzan 14.5% del PBI promedio anual durante el período 2016-2025, “con lo que el beneficio neto es claramente positivo (debido al multiplicador de la inversión) e incrementarían anualmente la Población Económicamente Activa (PEA) en 14.26%”. Se añade que la reducción estimada de la pobreza a nivel nacional sería de aproximadamente 6% anual.

Ricardo Manrique indica que está demostrado que cualquier sol invertido en infraestructura pública tiene un retorno de 1.44. “El efecto sobre la economía es mayor porque infraestructura mueve mano de obra, no calificada y calificada, y componentes importantes como: cemento, fierro, agregados, ladrillos, transporte… la consecuencia es mayor porque la construcción, a diferencia de la industria, tiene resultados cruzados con toda la economía”, refiere.

En perspectiva, señala que el problema de infraestructura es dinámico, ya que, en un periodo de años, el concepto de lo que debes incluir en infraestructura cambia y generalmente crece. “Por ejemplo, hace 15 años no se calculaba que dentro de las prioridades de infraestructura estén telecomunicaciones o redes dorsales, por Internet que ahora es un componente importante”, sostiene. Mañana aparecerá alguna otra necesidad generada por la tecnología y la infraestructura se tiene que adecuar a eso, concluye.



Este informe se publicó en la edición Nº 31 de la revista Business Empresarial.


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