2 de agosto de 2021

Crónica: vivir la pandemia sin agua y con la especulación de su precio en Lima

Más de 700 mil personas en Lima, capital del Perú, debieron afrontar la covid-19 sin acceso a la red pública de agua potable, herramienta básica para evitar su propagación. Ante ello, debieron padecer la especulación en los precios por parte de quienes les venden el agua en camiones cisterna. ¿Qué hicieron las autoridades peruanas ante ello?

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Cuatro días pasaron, desde el domingo 15 de marzo de 2020 hasta el jueves 19 de ese mes, para que los camiones cisterna que transportan el agua para consumo humano retornen a Nueva Rinconada, en los cerros del distrito limeño de San Juan de Miraflores, una zona donde no existe conexión a la red pública de agua potable que les proporcione una arma  esencial para evitar el contagio del covid-19.

Ese domingo 15 fue un día visceral para el país porque el entonces presidente Martín Vizcarra anunciaba el estado de emergencia y aislamiento obligatorio para evitar la propagación del covid-19 –que luego se prolongaría por varios meses–, lo que sorprendía a Juan Carlos Zambrano en Huambocancha Alta, a Ramiro en Comas, y a las familias de Nueva Rinconada, pero, a ellas, sin tener acceso a dicha red.

“El gobierno garantiza la continuidad de los servicios de agua y saneamiento durante la emergencia nacional por el coronavirus”, pronunciaba Vizcarra, en el referido mensaje del 15 de marzo, no obstante, ello no era garantía para quienes nunca tuvieron el servicio en sus viviendas y padecen, además, la especulación de su precio por parte de quienes la venden en camiones cisterna.

“Hoy que viene la prensa recién se aparecen los aguateros”, protestaba, entonces, Noé Perales Zevallos, un vecino de Nueva Rinconada, el jueves 19 de marzo, a los medios de comunicación que, junto al entonces ministro de Vivienda, Rodolfo Yáñez, el alcalde de Lima, Jorge Muñoz, y el presidente de Sedapal, Francisco Dumler, llegaron hasta ahí con las cisternas, tras cuatro días de ausencia.

“Todos tienen derecho al agua y, en este momento, se distribuye tanto a quienes están conectados a la red de distribución, como quienes se abastecen con camiones cisternas. Como Ministerio de Vivienda monitoreamos el día a día de la distribución de agua a nivel nacional”, afirmaba, por su parte, ese mismo día, el ministro Yáñez en una entrevista televisiva.

Según el INEI, en el informe “Acceso a los servicios básicos en el Perú, 2013 – 2018”, el 95.3 % de los hogares urbanos tiene abastecimiento de agua por una red pública. Es decir, el resto debe dotarse de alguna otra forma, como los camiones cisterna. “Lima tiene una cobertura de agua potable de 93 %. Hay un 7 %, o sea 800 mil personas sin conexión que se abastecen con camiones cisternas, casi todas privadas, en cuya red, en los últimos días, se observó especulación de precios. Sedapal les vende el agua a 0.7 el metro cúbico y llega a la gente a 5, 6 o 7 soles dependiendo de la altura y la zona”, declaraba a una radio el presidente de Sedapal, el 18 de marzo, un día antes de visitar Nueva Rinconada.

“El tacho de agua cuesta cinco soles: nos han subido al porrazo”, protestaba una vecina de Nueva Rinconada, ese jueves 19 de marzo, a la prensa. “Poco a poco nos ha subido: antes estaba 2 soles, luego 2.50, después 3.50 y ahora, con esta situación, nos ha subido a 5 soles, de porrazo. Y el tanque está 40 soles, pero no podemos comprarlo. Muchas familias tenemos un tacho o dos, que dura un día. Cinco soles diarios. Cuánto estamos pagando”, reportaba.

El tanque, de 1100 litros de agua de capacidad, les cuesta entre 30 y 40 soles, dependiendo del precio que imponga el dueño de la cisterna. El tacho, para 70 litros, les vale hasta 5 soles y les dura un día, es decir deben pagar 150 soles al mes (38 dólares aproximadamente), el 15 % del sueldo mínimo en el país. Es así que, una familia pobre, que no está conectada a la red, paga cinco a seis veces más que una familia con conexión pública. 

-        - “Queremos tener agua, aunque sea con esos precios. Nos dicen que la limpieza y aseo es con agua, pero no nos podemos lavar”, respondía a las cámaras otra vecina.

La primera vez que el Gobierno peruano dio una conferencia por el covid-19 fue para anunciar el primer caso detectado en el país, el 6 de marzo de 2020. Desde entonces, y mucho antes, la recomendación fue lavarse las manos constantemente, por 20 segundos, para prevenir el contagio. Incluso, el 5 de mayo se estableció como el Día Nacional de la Higiene de Manos.

“La distribución gratuita de agua potable durante el estado de emergencia nacional, en las zonas más alejadas de las ciudades, beneficia a aproximadamente un millón y medio de personas”, difundió en una nota el Ministerio de Vivienda, el 17 de mayo de 2020, y añadía que, a través de Sedapal, se distribuye agua gratuita en Lima y Callao mediante una flota de 351 camiones cisterna, en tanto que, en las demás regiones, 450 unidades reparten el recurso.

-        - “La distribución de agua gratuita es un servicio indispensable en la lucha contra el COVID-19. Con esta acción se han beneficiado a 700 000 ciudadanos en Lima y Callao, y a 800 000 a nivel nacional", dijo el ministro Yáñez, el 8 de mayo, ante la Comisión de Vivienda del Congreso.

Cierto es que, según los anuncios oficiales, se implementaron dos iniciativas: el Programa Nuestras Ciudades y el Plan Cisterna. El primero destinado a repartir agua potable gratuita en las zonas sin acceso a la red pública. “El Gobierno tiene el inventario de dónde no se tiene agua. Ahí tenemos que trabajar con los gobiernos regionales y los municipios para que los proyectos de saneamiento, que tienen un proceso, se terminen y todo el Perú, tanto la zona urbana como rural, tenga cobertura de agua segura, de agua potable. Mientras eso ocurra, en esos lugares, durante la emergencia, hay que llevarles agua potable en cisternas”, indicaba el presidente Vizcarra, en su conferencia del 19 de marzo de 2020. 

Por su parte, el Plan Cisterna fue una medida de contingencia para llevar agua a las zonas críticas del ámbito de las EPS. Es así que, según el director ejecutivo del Organismo Técnico de la Administración de los Servicios de Saneamiento (Otass), una entidad creada por el gobierno peruano para apoyar a las empresas de agua en situación crítica, Óscar Pastor, las empresas prestadoras bajo su administración habían brindado, hasta el 23 de mayo de 2020, 21 mil metros cúbicos (m3) de agua potable con camiones cisterna, en beneficio de más de 66 mil familias.

Un grupo de expertos de las Naciones Unidas advirtió, el 23 de marzo de 2020, que la pandemia no podría pararse si no se proporcionaba agua a las personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad. “Las personas que viven en asentamientos informales, las personas sin hogar, las poblaciones rurales, las mujeres, los niños y niñas, las personas mayores, las personas con discapacidad, las personas migrantes, las personas refugiadas y todos los demás grupos vulnerables a los efectos de la pandemia deben tener un acceso continuo a agua suficiente y asequible, subrayó el grupo.

La población peruana sin acceso al agua potable es de 3.4 millones de habitantes mientras que 8.3 millones carecen de alcantarillado, reporta el Plan Nacional de Saneamiento 2017 - 2021 y estima que se necesitan S/ 49.5 mil millones para el cierre de las brechas en saneamiento. Por eso, cuando el ministro de Vivienda, el alcalde de Lima y el presidente de Sedapal llegaron a Nueva Rinconada se encontraron con muchas preguntas y reclamos, según los registros de los medios, de una población con necesidades postergadas por muchos años. “10 cisternas abastecerán a diario”, dijo el alcalde; “hay dos proyectos en Rinconada, el de la etapa uno está en fase de licitación final y el otro, para la etapa dos, donde estamos, está en fase de elaboración; esa fase tiene 80 mil líos”, ensayó el presidente de Sedapal, ante la gente a su alrededor.

-        - “El Perú no puede estar entre los primeros países de la región en manejo macroeconómico y entre los últimos en manejo de instituciones y calidad de los servicios públicos, una condición que se ha ratificado en este momento. Estos problemas estructurales nos han vuelto más vulnerables para enfrentar esta crisis”, declaró la entonces ministra de Economía, María Antonieta Alva, el 17 de mayo.

“El Estado reconoce el derecho de toda persona a acceder de forma progresiva y universal al agua potable”, dice la Constitución, en su Artículo 7°-A. “Toda persona, natural o jurídica, domiciliada dentro del ámbito de responsabilidad de un prestador de los servicios de saneamiento tiene derecho a que este le suministre los servicios que brinda”, dice el Decreto Legislativo 1280, en su Artículo 19.

“Es importante indicar que el Gobierno del Perú ha asumido el compromiso de cerrar las brechas de cobertura urbana al año 2021 y rural al año 2030 y, de esa manera, cumplir con la Meta 6 de los ODS, en lo que se refiere a la cobertura de saneamiento”, se lee en el Plan Nacional de Saneamiento 2017 - 2021 y aun retumba en las columnas del hemiciclo del Congreso cuando, el 28 de julio de 2016, Pedro Pablo Kuczynski asumía el cargo de presidente del Perú, con Martín Vizcarra en uno de los palcos, y prometía que para el 2021 "todos los peruanos deberán tener acceso al agua potable las 24 horas". El 2021, este año.

 

*Nota: esta crónica fue escrita a fines del 2020 y fue reconocida en el concurso de testimonios “La vida cotidiana de los peruanos durante la Gran Pandemia” que organizó el Instituto de Estudios Peruanos (IEP). En julio de 2021, Pedro Castillo asumió la presidencia del Perú y anunció que se encargaría de cerrar la brecha de agua al 100 %. Aunque muchas de las autoridades mencionadas dejaron sus cargos, las cifras presentadas persisten.

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14 de marzo de 2021

Crónica: cómo influyó la pandemia en el servicio de agua en el Perú

El 16 de marzo de 2021 se cumple un año del inicio del estado de emergencia en el Perú, para evitar la propagación de la COVID-19, que implicó severas restricciones para la población, como la inmovilización obligatoria y, con ello, el cierre de muchos negocios. Por ello, el gobierno peruano anuló el pago de los recibos por el servicio de agua, cuya deuda se fraccionaría después, pero, ¿cómo afectó esta medida a las empresas prestadoras de los servicios de saneamiento?

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Ramiro recuerda la llamada insistente que recibió una tarde de los últimos días de abril de 2020. La primera vez no respondió, no tenía cerca su celular. La segunda vez vio que era la dueña que le alquilaba el local donde funciona su restaurante, en Lima, capital del Perú. Aceptó la llamada, intercambiaron unos saludos: no le renovaría el alquiler del local.

Desazón y recuerdos lo invadieron tras asimilar que era el final del negocio que había tenido por más de 10 años. Entonces rememoró aquella tarde del domingo 15 de marzo del 2020, cuando cerró la reja de su negocio –sin saber que sería la última vez–, regresó a su casa, saludó a su familia y se puso a escuchar, para su sorpresa, el discurso que pronunciaba Martín Vizcarra, entonces presidente del Perú.

-        - ¿De qué se trata? –le preguntó a su hija.

Hasta entonces había recibido pocas noticias del nuevo coronavirus. “China está lejísimos”, se aliviaba. “Luego de hacer una evaluación seria y responsable, hemos aprobado, en Consejo de Ministros, de manera unánime, un decreto supremo que declara el estado de emergencia nacional por las graves circunstancias que afectan a la Nación”, le escuchó decir al presidente Vizcarra. Por entonces, Ramiro no avizoraba la magnitud de lo que vendría semanas después. Por eso, pensó en aprovechar esos quince días de inmovilización obligatoria que decretó el Gobierno, a fin de disminuir los contagios, para descansar, luego de tantos años de trabajo. Días después, con la segunda extensión de la cuarentena por otra quincena, acordó con la dueña del local que el pago del mes lo cubriría la garantía que aportó cuando iniciaron el contrato del alquiler.

Pero, con el paso de los días, notó que el problema y las restricciones tomarían más tiempo: aumentaban los contagios, escuchaba noticias de contagiados y muertes sospechosas por covid-19 en el mercado y lugares cercanos de su restaurante –en uno de los cerros del distrito limeño de Comas– y el colapso de los hospitales en varias partes del país.

A la vez, ningún acuerdo parecía convencer a la dueña del local, quien, recuerda Ramiro, le ofreció dividir el pago del alquiler del segundo mes de emergencia (600 soles, cerca de 170 dólares) en los próximos dos meses, es decir, ahora debía cancelarle 900 soles. Aun si volvía a trabajar, la incertidumbre gobernaba a Ramiro pues sabía que su negocio no volvería a ser como antes, sobre todo en sus ingresos. Sin una solución concreta, mantenía la esperanza de que el Gobierno anuncie alguna disposición para normar los alquileres, como esperaban los padres con los colegios particulares. Empero, rota toda posibilidad de acuerdo y vigente el cobro íntegro del alquiler por cada día que pasaba, llegó el final de su negocio.

A la par, consideró que sus más de 60 años era un riesgo para volver a atender a sus clientes, y, sobre todo, un impedimento mayor: es informal. Ramiro infirió que ser informal lo exponía a la fiscalización de la municipalidad, una multa, el cierre y, posiblemente, una coima. Entonces, tras analizar que no volvería a trabajar y desechar recibir cualquiera de los bonos del Gobierno, así como retirar algún monto por AFP –es informal y siempre lo fue–, concluyó que no volvería a tener ingresos y analizó sus gastos futuros, entre ellos, por los servicios básicos, como el agua potable.

El martes 17 de marzo, el segundo día de la emergencia, Martín Vizcarra daba un anuncio sustancial, aunque somero durante su conferencia: “Se coordina con las empresas de los servicios públicos para postergar el pago correspondiente a marzo del 2020”. Horas después, el entonces ministro de Vivienda, Rodolfo Yáñez, profundizaba a la prensa: “A nivel nacional, los recibos de agua de marzo se postergarán y prorratearán en los próximos doce meses, según se establecerá en un decreto supremo. El Ministerio de Vivienda se encuentra elaborando un dispositivo legal que viabilice esta medida. Se estudia la situación de las EPS [empresas de agua] a nivel nacional”.

- ¿Pagamos el recibo de agua?, le preguntó Ramiro, a su esposa, una tarde, al culminar el almuerzo.

“Las empresas prestadoras deben garantizar el normal funcionamiento de suministro de agua potable, así como la recolección y el tratamiento de las aguas residuales en los horarios habituales. Se solicita al gobierno nacional una transferencia excepcional para la adquisición de equipos e implementos a fin de asistir a la población sin conexión a la red”, solicitó la Asociación Nacional de Empresas Prestadoras de los Servicios de Saneamiento del Perú (Anepssa), el ente que agrupa a las empresas de agua del país, el lunes 16 de marzo, el primer día de la emergencia, en sus redes oficiales. Y luego alertaría, en sendos comunicados, como el 22 de marzo: “en el Día Mundial del Agua, las empresas ruegan no romper la cadena de pago de sus recibos [porque] se rompe también la cadena de suministros de insumos químicos para potabilizar el agua, de servicios como el de energía eléctrica y otras obligaciones básicas programadas mensualmente”; el 26 de marzo: “Anepssa solicita a la PCM incluir en paquete de asistencia económica a las 50 empresas prestadoras de agua y saneamiento del país. Se solicita una transferencia de 253 millones de soles [cada mes] como asistencia para garantizar el abastecimiento de agua y alcantarillado a 20 millones de personas a nivel nacional”; el 27 de marzo: “empresas de agua y saneamiento solicitan pago de los recibos ante riesgo de corte de cadena de pagos. El pago de los recibos de agua permitirá el suministro de insumos químicos, energía eléctrica, materiales diversos y pago de los operadores”; el 30 de marzo: “el prorrateo de los recibos de agua de marzo y abril, hasta por 24 meses, corresponde para el ámbito de concesión de Sedapal [empresa de agua de Lima], no se cuenta con disposición alguna para las EPS del interior del país. Solicitamos responsablemente posibilitar la prestación de nuestros servicios, dirigida a preservar la cadena de pagos, por el bien común, asumiendo la cancelación de los recibos que se vienen acumulando”; el 3 de abril difundieron una carta dirigida al presidente Vizcarra, en la que las “empresas prestadoras de agua y saneamiento solicitan inclusión en medidas económicas por el COVID-19”; y el 7 de abril, un comunicado suyo sentencia: “las empresas prestadoras vienen sufriendo inexorablemente el estrés de falta de recursos financieros, liquidez como capital de trabajo para honrar las obligaciones de pago de personal, suministro de insumos químicos, bienes y servicios esenciales para garantizar el abastecimiento de agua y saneamiento a nuestros consumidores y usuarios y, gratuitamente, a las áreas sin acceso a la red pública”. Las empresas de agua del Perú pedían auxilio financiero para continuar con la dotación de la principal herramienta para evitar la propagación del virus, mediante el lavado de manos.

“En los últimos años, las empresas prestadoras públicas han tenido, en promedio, retornos negativos al patrimonio (con excepción de Sedapal), lo que muestra que se están descapitalizando sistemáticamente. En otras palabras, están destruyendo valor”, sentencia el Plan Nacional de Saneamiento 2017 – 2021 del Perú, elaborado por el Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento (MVCS).

El documento añade que los resultados evidencian que las demás empresas prestadoras (con excepción de Sedapal) no han sido capaces de cubrir los costos de operación con sus ingresos. “Las causas del débil desempeño de las empresas prestadoras son diversas, el tamaño de mercado es una limitante, razones por las que operan por debajo de la escala mínima eficiente. El alto grado de atomización en la prestación de servicios de saneamiento perjudica la gestión empresarial (…). Con el proceso de descentralización –con excepción de Sedapal– el Estado transfirió a título gratuito a las municipalidades, los activos de las filiales y unidades operativas de la antigua empresa Servicio Nacional de Abastecimiento de Agua Potable y Alcantarillado (SENAPA); los gobiernos locales quedaron desde entonces como titulares de la propiedad de las empresas prestadoras públicas. Los resultados antes expuestos muestran que la descentralización del sector saneamiento a los gobiernos locales tampoco ha traído los beneficios esperados en calidad y expansión de los servicios”, reflexiona el texto.

Por ello, en el 2013 se creó el Organismo Técnico de la Administración de los Servicios de Saneamiento (Otass), adscrito al MVCS. “Dicho órgano también se encuentra facultado para intervenir a las empresas prestadoras públicas de accionariado municipal en condición de insolvencia financiera y operativa a fin de mejorar su desempeño”, explica el mencionado Plan. De hecho, a mayo de 2020, son 18 empresas prestadoras más Agua Tumbes (entidad que brinda el servicio en la región fronteriza, en situación especial luego un fracasado proceso de privatización), las que se encuentra en el Régimen de Apoyo Transitorio, que dirige el Otass y administra el servicio de agua para 4 millones de peruanos ubicados en 10 regiones (Tumbes, Lambayeque, Cajamarca, Amazonas, Lima, Ica, Moquegua, Pucallpa, San Martín y Loreto).

-  “Además de seguir entregando agua a los hogares peruanos, las EPS instalan puntos para el lavado de manos, colaboran con la limpieza de mercados y calles, atienden emergencias las 24 horas. Ahora nos preparamos para afrontar una situación difícil por real disminución de ingresos”, escribió Óscar Pastor, director ejecutivo del Otass, en su Twitter, el 29 de marzo de 2020.

“¿Por qué es importante pagar tu recibo de agua?”, publicó la empresa de agua de Cajamarca, Sedacaj, en sus redes sociales, en último mayo, para exhortar, como la mayoría de las empresas, al pago voluntario del recibo, a la par que habilitaban la modalidad virtual o ampliaban centros autorizados en bodegas.

“Hemos emitido un decreto de urgencia con varios temas (…). Se dispone el fraccionamiento de los recibos de agua para que las familias no tengan que pagar sus recibos y el consumo pueda ser prorrateado, fraccionado en los próximos 24 meses”, indicó el presidente Vizcarra, en su conferencia del 10 de abril de 2020, al anunciar el Decreto de Urgencia n ° 036-2020, y que el ministro Yáñez explicaba así, a los medios de comunicación: “Los beneficiarios de esta medida serán los usuarios de las categorías social y doméstica cuyo consumo no supere los 50 metros cúbicos mensuales. Estimamos que esta medida favorecerá a aproximadamente 16 millones de peruanos y peruanas”.

Con ello se oficializó la postergación del pago de los recibos de agua, durante el estado de emergencia, y su fraccionamiento, hasta por 24 meses, pero, sobre todo, la autorización para que las empresas prestadoras puedan financiar sus costos con los recursos de sus fondos de inversiones y sus reservas por mecanismos de retribución por servicios ecosistémicos, gestión del riesgo de desastres y adaptación al cambio climático.

Hasta antes de ese drástico cambio, Ramiro se levantaba muy temprano, todos los días, para iniciar sus actividades. Entre lo primero que hacía era abrir la llave de la red de agua potable para llenar su tanque, cuya capacidad bordea los mil litros. Luego de 20 minutos, cerraba la llave y se alistaba para poner en marcha su negocio.

Con el agua que recibe de Sedapal, Ramiro y las tres familias que se abastecen de la misma conexión pueden realizar todas sus actividades. En un mes, en promedio, las tres familias consumen 30 metros cúbicos de agua, por lo que pagan cerca de 100 soles al mes. Con la cuarentena, Ramiro –como lo hemos llamado, pues prefirió mantener su nombre en reserva– notó que el consumo de agua aumentó, por lo que, ahora, debe abrir la llave de la red dos veces al día, para no tener inconvenientes en las noches.

Para decidir si pagaría el recibo, preguntó a las otras dos familias. En marzo de 2020, según el presidente de Sedapal, el 40 % de los usuarios pagó su recibo; en La Libertad, según el presidente de Sedalib, la empresa del departamento de La Libertad recaudó el 18 % del dinero que normalmente reciben por el servicio; en Arequipa, según el gerente general de Sedapar, los ingresos de la empresa cayeron 45 %, comparado con los pagos hechos a fines de marzo del año pasado; y la EPS Grau, en Piura, proyectaba una pérdida de S/ 5 millones en marzo por el no pago de los usuarios.

“Ello representa [la postergación del pago] para las EPS dejar de recibir, por ahora, S/ 110 millones, pero es un esfuerzo necesario”, proyectó el ministro de Vivienda, el 11 de mayo de 2020, ante la Comisión de Vivienda del Congreso.

“Igual tendremos que pagar después”, le respondió el hermano de Ramiro, cuando conversaban si postergarían el pago del agua. Entonces descansaban tras subir las cosas de Ramiro a un camión para la mudanza del local, con destino a un nuevo futuro, que, por ahora, es incierto. 

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Actualización: esta crónica se escribió en junio de 2020, con motivo de un concurso de crónicas que organizó el Instituto de Estudios Peruanos (IEP) y del que resultó reconocido este texto, entre otras dos historias del autor. Posterior a esa fecha, hasta marzo de 2021, se emitieron algunas disposiciones para la sostenibilidad del servicio de agua potable en el Perú.


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31 de octubre de 2020

Crónica: el acceso al agua en el Perú rural durante la pandemia por la COVID-19

¿Qué sucedió en el ámbito rural del Perú durante el aislamiento social por el COVID-19 respecto al abastecimiento de agua para consumo humano? ¿Cuál es la situación de la prestación de los servicios de saneamiento para evitar la propagación del nuevo coronavirus (entre otras enfermedades) en la serranía del país andino? La siguiente crónica permite graficar parte de lo vivido.* 

Foto: Internet

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Todas las ferreterías estaban cerradas y hacía tres días que se les había terminado el cloro. La preocupación crecía en Juan Carlos Zambrano pues lo requerían con urgencia para desinfectar el agua que se distribuye a los habitantes del centro poblado Huambocancha Alta, ubicado en el distrito, provincia y región de Cajamarca, al norte del Perú. Era la primera semana de abril, se iba a cumplir un mes del estado de emergencia y aislamiento obligatorio para evitar la propagación del nuevo coronavirus –decretado desde el 16 de marzo del 2020 en el país andino– y él, como presidente de la organización comunal encargada de proveer el agua a la población, pensaba que las más de 100 familias a su cargo no podían quedarse, justamente en esa coyuntura, sin el agua para sus labores diarias y, sobre todo, prevenir al covid-19.

“Estamos desabastecidos”, le confesó Zambrano con incertidumbre a Marya Chilón, integrante de la Asociación Los Andes de Cajamarca (ALAC), cuando lo llamó para preguntarle cómo iba la cloración. Chilón es ingeniera industrial y encargada de monitorear a organizaciones comunales de Cajamarca encargadas de la prestación de los servicios de saneamiento. “¿Cómo va la cloración?”, le había preguntado a Zambrano. “Compártenos el dato de algún proveedor de cloro. Estamos desabastecidos”, escuchó.

Chilón empezó a averiguar entre sus contactos. Días atrás, ALAC, una organización social promovida por una empresa privada de la región, había repartido cloro, entre otros materiales a diferentes organizaciones comunales, específicamente a las llamadas juntas administradoras de servicios de saneamiento (JASS).

En el Perú, los servicios de saneamiento –ya sea de agua potable, de alcantarillado sanitario, tratamiento de aguas residuales o disposición sanitarias de excretas– son brindados, en el ámbito urbano, por las empresas prestadoras (EPS), y en las pequeñas ciudades, que están fuera del ámbito de una EPS, por las municipalidades, mediante unidades de gestión municipal (UGM) u operadores especializados. En tanto, en el ámbito rural, las encargadas son las organizaciones comunales, que abastecen a los centros poblados y pueden adoptar diversas formas, como las JASS, JAAP, entre otras.

La JASS Chorro Blanco tiene suficiente cloro y está cerca de la JASS Manzanas Capellanía –que preside Juan Carlos Zambrano–, advirtió Marya, tras revisar la información de las organizaciones comunales a su cargo. Recordó que ALAC, mediante el proyecto “Fortaleciendo la gestión del agua”, les había entregado cloro, entre otros materiales. “Estimado Humberto, quisiéramos coordinar la disposición de cloro”, conversó telefónicamente con José Humberto Chávez, presidente de la JASS Chorro Blanco, ubicada a unos cinco kilómetros de Manzanas Capellanía. “Sí, mis directivos son buenos. Llámelo a Zambrano para acordar”, le respondió Chávez.

Para los prestadores de los servicios de saneamiento en el ámbito rural, como las JASS Manzanas Capellanía o Chorro Blanco, así como los más de 28 mil que existen en el Perú, según registros oficiales, el cloro es fundamental para eliminar las bacterias y parásitos del agua, que se capta de manantiales, ríos u otras fuentes naturales, y no sigue un proceso de potabilización, como lo realiza Sedapal, la empresa prestadora encargada del abastecimiento de agua en Lima. Según la Defensoría del Pueblo del Perú, el 28 % de los hogares rurales se abastecen de agua de pozos, ríos, acequias, entre otros. Por ello, la cloración en los centros poblados permite prevenir enfermedades y reducir las tasas de anemia.

- “Me va a vender o prestar”, quiso saber Zambrano, cuando se enteró de la posibilidad de obtener cloro de otra JASS.

En el mercado, cada kilo de cloro cuesta 18 soles (poco más de 5 dólares). La JASS Manzanas Capellanía necesitaba cuatro kilos para la cloración de dos meses. La preocupación por su precio se basa en que la financiación de las JASS, en el mencionado país, se sostiene en la cuota que paga cada familia beneficiada con el agua y cuyo monto no suele ser suficiente para cubrir todos los gastos de operación y mantenimiento del sistema. Dicha cuota familiar suele variar entre un sol al mes –como en Manzanas Capellanía– hasta montos no muy superiores. “La cuota familiar no es el valor real que necesitan las organizaciones familiares”, afirma Chilón.

- “Que venga, yo coordinaré con él”, ofreció Chávez, de la JASS Chorro Blanco.

“La emergencia por el COVID-19 ha llevado a autoridades y periodistas a poner atención en la carencia del servicio de agua en las ciudades. Pero en las zonas rurales es donde están las brechas más grandes. Llevar el agua a centros poblados y comunidades campesinas representa un esfuerzo que pocos conocen: por la distancia en la que se encuentran de las ciudades, es imposible que accedan a las redes urbanas de agua y desagüe”,tuiteó el entonces ministro de Vivienda, Construcción y Saneamiento, Rodolfo Yáñez, el 22 de marzo, quizá sin saber el periplo por el cloro que se viviría en Huambocancha Alta, unos días después.

En el hilo que publicó en su cuenta de Twitter, el ministro aseveró que, para el 2020, se tiene planeado entregar 363 obras, que permitirán tener agua de calidad en sus casas a más de 260 mil peruanos que habitan en las zonas rurales. “Las inversiones en el país han privilegiado el ámbito urbano, especialmente las ciudades de mayor tamaño, no obstante, la brecha para alcanzar la cobertura universal en agua potable, en el ámbito urbano es de 5.5 %, mientras que en el ámbito rural es de 28.8 %”, señala, justamente, el Plan Nacional de Saneamiento 2017 – 2021, del Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento (MVCS).

Asimismo, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) del Perú, en su documento “Acceso a los servicios básicos en el Perú, 2013 – 2018”, en el ámbito rural, al 2018, el 73.6 % tiene abastecimiento de agua por una red pública y solo el 29.3 % tiene servicio de alcantarillado (de una población total de 7 millones de personas que habitan en el ámbito rural). La misma entidad advierte que, en la zona rural, solo el 2.6 % de la población accede a los niveles adecuados de cloro residual en el agua que se utiliza para consumo humano. Dicha cifra, en Cajamarca, llega al 12.4 % de la población y es esa región la que cuenta con la mayor población rural, con el 13.6 %.

Los problemas en las zonas rurales, durante la cuarentena, de hecho, no solo estuvieron relacionadas con los materiales para la cloración, también con los implementos de protección para dicho proceso, como guantes y mascarillas que deben tener los operadores para protegerse. “Se evidencia que los servicios de agua en el ámbito rural están en malas condiciones, siendo las causas directas de esta situación las siguientes: (i) limitada participación de la comunidad; (ii) inadecuada gestión financiera, ya que las cuotas no cubren con los costos de operación y mantenimiento; (iii) deficiente gestión técnica; (iv) deficiente mantenimiento de la infraestructura, pues no cuentan con el personal capacitado ni con las herramientas necesarias; (v) ausencia de supervisión”, sentencia el referido Plan 2017 – 2021 y recuerda el Decreto Legislativo 1280 (“Ley Marco de la Gestión y Prestación de los Servicios de Saneamiento”, el actual marco normativo que regula la gestión y prestación de los servicios de saneamiento a nivel nacional) que los prestadores rurales son monitoreados y supervisados por las áreas técnicas municipales de los gobiernos locales, que también deben brindarles asistencia técnica y capacitaciones.

En el caso del cloro, Chilón explica que es un material “volátil” por lo que las JASS –como Manzanas Capellanía– si no tienen las condiciones adecuadas, no pueden almacenar cloro para periodos prolongados. Es así que, como en este prestador, se acostumbra comprar algunos kilos, cada cierto tiempo, para la cloración que realizan cada siete días. 

“Misión cumplida”, leyó Chilón en el mensaje por WhatsApp que le envió José Humberto Chávez, de Chorro Blanco. Una foto acompañaba el mensaje y ahí los presidentes de ambas JASS: Chávez entregándole cuatro kilos de cloro a Zambrano. “Hemos apoyado a las JASS Manzanas Capellanía, le hemos regalado el cloro. La situación que estamos pasando es difícil para todos”, continuó Chávez, en el chat.

José Humberto Chávez, de la JASS Chorro Blanco, entrega el cloro necesario a Juan Carlos Zambrano de Manzanas Capellanía. Foto: Marya Chilón.


“La alegría de servir en tiempos de covid-19. En un gesto noble, la JASS Chorro Blanco brindó apoyo con cloro para que puedan seguir clorando el agua para consumo humano y brindar un buen servicio a las familias de Manzanas Capellanía. Gracias paisita Humberto, por su gran gesto. Estoy convencida que la vida le compensará cada buen acto que viene haciendo. #ElAguaNosUne”, publicó Marya Chilón en su Facebook, el 8 de abril, finalmente.


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*Esta crónica, junto a otras dos historias, fue una de los ganadores del concurso de testimonios “La vida cotidiana de los peruanos durante la Gran Pandemia” que organizó el Instituto de Estudios Peruanos (IEP). También fue publicada en el porta IAgua.

 

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9 de agosto de 2020

Microrrelato: Espacio en la ciudad


Tras seis asambleas, teníamos que decidir el destino de la huaca del barrio. Décadas atrás, cuando llegaron nuestros abuelos de provincia, la huaca simbolizaba el poderío de una antigua civilización. Pero nacieron nuestros padres y luego nosotros: el espacio se redujo y todos miraron ese montículo de tierra como espacio para construir nuevos edificios. La votación empezó temprano. Primero lo hicieron quienes querían la demolición, pero no esperaban el último esfuerzo de mi abuelo, quien abanderaba su conservación y convenció a su patota –los muchachos a quienes nos adiestró sobre cómo conquistar nuestras enamoradas– para que votáramos por conservar nuestra huaca.

Huaca Colli, Lima. Imagen: Internet.



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7 de agosto de 2020

Gastón Acurio está aburrido y otros dichos pandémicos


Gastón Acurio vivía aburrido entre libros de Derecho mientras saboreaba mentalmente qué sabor obtendría si mezclaba lo novoandino con la alta cocina. “Ya vuelvo”, dijo al promediar la una de la tarde, para irse a almorzar –pequeña premonición–, en su primer día como practicante de abogado, pero jamás retornó a la oficina que lo esperaba para sazonarlo en leyes. El resto es historia recocinada: no paró hasta convertirse en nuestro político más querido sin la necesidad de hacer política. Pero, para ello, Acurio Jaramillo se cuestionó lo que ahora nos preguntamos todos los que estamos confinados entre cuatro paredes por un virus de insospechadas consecuencias: ¿la vida que hemos llevado ha valido la pena?, ¿hemos notado lo verdaderamente importante? 

Gastón Álvaro Acurio Jaramillo
Gastón Álvaro Acurio Jaramillo. Imagen: Internet.

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Es 31 de diciembre y Ludo está aburrido y con sed, redactando un recurso de embargo, en una oficina de la avenida Arequipa, cuando lanza un gemido poderoso, “como el que dan los ahorcados, los descuartizados”. Ludo ha sudado y bostezado, así, los últimos tres años, “en plena juventud”, en la novela “Los Geniecillos Dominicales” de Julio Ramón Ribeyro. La ficción, que nunca decepciona como la realidad, evidencia, en cierto modo, los efectos de estas semanas en las que nos cuestionamos todo, desde si hemos abrazado tanto como deseamos y necesitamos, hasta si lo que hacemos en el día a día es verdaderamente transcendental. 

Julio Ramón Ribeyro Zúñiga. Imagen: Internet

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Se cumplía la tercera semana del aislamiento cuando una ráfaga de mensajes llegó vía WhatsApp: había sido incorporado en el grupo de exalumnos de la primaria. Saludos y recuerdos se mezclaron con memes y stickers hasta que sucedió lo que estábamos esperando, pero nadie deseaba: las fotos del anuario en el que nos proyectábamos, en la inocencia de nuestros diez años, sobre lo que seríamos de adultos. Veinte años después estábamos ahí, destrozados, frente a nuestros sueños de estudiantes. 

¿Es posible, acaso, que Roberto Gómez Bolaños se haya aburrido algún minuto mientras interpretaba al Chavo del 8, el Chapulín Colorado o el Chompiras? ¿Cuándo Gabriel García Márquez estuvo encerrado creando “Cien años de soledad” pensó en la posibilidad de abandonar la genealogía de esa mágica familia? ¿Hubo alguna ocasión en la que Diego Armando Maradona quiso abandonar a su selección mientras disputaba el mundial de fútbol de México 1986?

Diego Armando Maradona. Imagen: Internet.

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Había salido del trabajo sin notar que olvidaba las llaves de la casa. Era la tarde del viernes 13 de marzo, dos días antes de decretarse la emergencia nacional en el Perú y, por ende, el aislamiento social obligatorio. En las calles aún se respiraba, de alguna forma, confianza, pues mirábamos con lejanía a ese virus –aunque ya se iba propagando por la ciudad. 

Casi nueve semanas después trato de recordar cada minuto de ese día: acaso el último de lo que antes considerábamos una vida normal. Rememorarlo me devuelve a las pequeñas rutinas poco valoradas de esos días: saludar a los vigilantes del camino –cada día con una nueva frase cargada de humor–, disputarse con los compañeros de oficina –entre bromas cargadas de ironía– el primer lugar para calentar el almuerzo en el trabajo, comentarle al vendedor de periódicos que las portadas de los diarios deportivos del país escapan a cualquier género periodístico y pertenecen a una especie de realismo mágico. 

“A la próximo lo bajamos”, dijo alguien en el bus del Metropolitano en el que retornaba a casa, tras escucharse un estornudo, ese viernes 13 de marzo. Sonrisas escondidas vinieron después, en un vehículo casi repleto de gente que aún se sentía libre y que ahora camina con mascarillas, ojos vigilantes que sospechan de todos y de nadie y cuyas miradas escoden un futuro incierto. 

“Extraño dar abrazos” leí en un tuit, hace unos días. Por entonces escuché que hay una fuerza potente cuando nos damos un abrazo, al margen de a quién sea y en qué contexto, tanto si es a un familiar durante un cumpleaños o a un extraño en medio de la vorágine por celebrar un gol de Edison Flores. 

Dar un abrazo. Ese viernes 13 de marzo llegué temprano a casa, temeroso de tener que esperar en la puerta, pues no tenía las llaves de la casa. Sin embargo, a diferencia de otros días, solo yo faltaba de todos los miembros de la familia. Alguna broma se cruzó con los saludos. “Dijiste que llegabas a las diez” –se sorprendió mi madre. “A las diez para las siete” –me justifiqué.



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6 de agosto de 2020

Edison Flores y el gol decisivo


Van 72 minutos y 15 segundos del partido, cuando Edison Flores recibe el balón de un jugador ecuatoriano en el estadio Atahualpa de Quito, el 5 de setiembre de 2017. Entonces, durante los siguientes 5 segundos, tocará la pelota 7 veces, siempre con su chimpún izquierdo color rojo, mirará en dos oportunidades a la derecha, buscando una opción de pase, dará 5 pasos y disparará al arco, a las 5:27 p. m. Nada evitará, ni el arquero ni los tres jugadores contrarios que lo rodean, que el balón se cobije en la malla del arco y convierta el decisivo gol que llevó al Perú al mundial Rusia 2018.


El gol con la narración de Daniel Peredo. 




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25 de octubre de 2019

Mirar al costado: “Proyectos de amor” por las redes sociales

¿Existe la solidaridad en tiempos del Día del Shopping, Instagram y xenofobia? Wendy Bedoya y anónimos altruistas nos dan esperanzas.



Wendy Bedoya coge su celular e ingresa al Facebook. No para postear una foto del almuerzo o revisar las noticias o novedades de sus contactos, lo hace para publicar casos: historias de personas que necesitan algún tipo ayuda.

“He visto a una señora que necesita una silla de ruedas”, “un niño busca un albergue para tratarse una enfermedad en Lima”, “una adolescente internada quiere celebrar su quinceañero pero sus padres no tienen dinero”, le escriben por sus redes sociales a Wendy. Entonces evalúa e investiga la solicitud y, si es verídica, activa la red de solidaridad en su página “Proyectos de amor” para obtener la ayuda necesaria. Sea lo que fuese –hasta casas prefabricadas– siempre lo consigue.  

Al año, en promedio, puede beneficiar a más de 82 mil personas –entre campañas, voluntariados y otras iniciativas–. ¿Por qué lo hace?, ¿cuál es su sueño? –quisimos saber.


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UNA NOTIFICACIÓN

Un día de mayo del 2015, mientras superaba la muerte de Imelda, su abuela, encontró su camino. Estaba revisando fotos y videos en el Facebook, cuando vio una publicación en la que solicitaban ayuda para Mario, un adolescente con el 60 % del cuerpo quemado. Wendy lo ayudó con las operaciones que le permitieron recuperarse –abrir las manos, caminar, terminar el colegio– y Mario le aclaró el sentido de su vida. Tiempo después la llamó para darle una noticia: ¿Adivina a qué me dedicaré? –la sorprendió. Wendy no lo podía creer.  

Una nueva notificación suena en el celular de Wendy: otra solicitud de ayuda, esta vez por el WhatsApp. A la semana puede recibir, en promedio, cinco requerimientos de ayuda. Prioriza a las personas enfermas de bajos recursos.

“Me gusta la respuesta de la gente”, agradece, pero ello no evita que Wendy se angustie cuando pasan los días y no puede reunir la ayuda prometida. Si el caso es de Lima, el plazo autoimpuesto es de una semana. Cuando pasaron 6 o 7 días, se encienden las alarmas y recurre a empresas. No le gusta quedar mal con quien la necesita. Si la ayuda es en una provincia, se permite unos días más de licencia: por el viaje de traslado.

Las iniciativas que lidera han involucrado a más de mil personas, de distintas formas. “Algunas veces me dicen: pero yo no tengo dinero. Pero no es dinero, quizá es tu tiempo. O el juguete en buen estado de tu hijo. Hay muchas formas de ayudar” –afirma.



En el 2018 supo de un grupo de adultos mayores que vivía en casas con paredes de plásticos, en Cañete. ¿Conseguiremos la ayuda?, dudó. “Mucha gente pequeña en lugares pequeños haciendo cosas pequeñas puede cambiar el mundo”, escribió en el Facebook. Días después construyeron 16 casas prefabricadas que entregaron amobladas.

“Al final es una cadena de amor para lograr un solo objetivo. Debemos derramar amor por donde vamos” –solicita. “Y si tú ayudas, influyes en tu entorno”.

¿Un mundo mejor es posible? –le preguntamos con desconfianza. “La gente que hemos ayudado, cuando salió adelante, comparte sus donaciones –la cocina, la silla de ruedas– a otras personas. Quien recibe, replica la solidaridad” –sostiene con firmeza.


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HADA MADRINA

Wendy es diseñadora de interiores, pero prefiere transformarse en un hada madrina, como la identifican los niños en los hospitales donde realiza voluntariado, tanto por el amor que brinda como por sus cabellos largos y ondulantes, como en un cuento mágico.  

Dejó parcialmente –sin mucho pesar– la organización de eventos corporativos para preparar fiestas infantiles a menores con enfermedades terminales o crónicas y brindarles unas horas de juegos y música a fin de olvidar sus tediosos tratamientos.

“Ayudar es un sentimiento que no se puede cubrir. Es un pedazo en tu corazón que no lo llena nada”, explica. “Haciendo feliz a otro, tú eres feliz”.

¿La mejor gratificación? Cuando la llaman o buscan, mes a mes, para saber cómo está, darle un presente, quizá una fruta, una foto del niño que ayudó y cómo va creciendo, la niña que ya camina sola, el discapacitado vendiendo en su silla de ruedas, una carta de provincia, un abrazo profundo.  

Sanar jugando: triciclos para que los menores jueguen mientras realizan su tratamiento.

“Nunca me llego a desligar de los casos” –medita, mientras vuelve a observar las fotos que conserva en su celular: muchas historias, necesidades y sonrisas finales.

La experiencia le enseñó que además de dar, también debe enseñar. “Queremos cambiarles la vida a las personas. No solo ayudarlas, buscamos proporcionarles un trabajo digno, según sus posibilidades. Dar trabajo, que sean útiles, porque el asistencialismo es momentáneo. Por ejemplo, tenemos un proyecto de muñecos solidarios, que consiste en que los pacientes tejan, yo consigo la lana, ellos tejen y venden los muñecos: la mitad es para ellos y la otra parte para la fundación a fin de seguir ayudando”.


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MARIO Y UN SUEÑO

Wendy llora de felicidad cuando un paciente se cura. Como sucedió con Mario y, en especial, al enterarse de su destino: estudia Medicina para ayudar a otros niños con quemaduras. Lo que la impulsa a luchar por su sueño: tener un albergue para menores enfermos con cáncer.

Un buen día se puede cruzar con Wendy Bedoya Álvarez por las calles de Lima sin reconocerla, ni a otros anónimos voluntarios. Quizá tampoco prestar atención a quien necesita nuestra ayuda y está en la puerta de ingreso al trabajo, en el semáforo donde esperamos que cambie de luz para cruzar o en el asiento del costado del bus. De repente sí, entonces podríamos tener un mundo mejor.



PROYECTOS DE AMOR

Además de liderar Proyectos de amor, Wendy también encabeza Lanas de amor (pelucas de fantasía para niños con cáncer) y Sanar jugando (triciclos para que los menores jueguen mientras realizan su tratamiento). Asimismo, impulsa voluntariados en distintos hospitales de Lima y provincias para acompañar a los pacientes.  

> Esta historia se publicó en Gutnius (octubre de 2019)


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10 de agosto de 2019

Una travesía con Florentino Ariza y Fermina Daza por el Caribe

Leer a Gabriel García Márquez permite vivir más, gracias a su mágica virtud de construir mundos paralelos con las palabras.

[Texto publicado, originalmente, en Centro Gabo (memoria colectiva)].

Fermina Daza. Ilustración: Luisa Rivera. Fuente: WMagazín 


Los mundos ideados en la literatura son más excitantes que el mundo real. Los escritores más avezados tienen la potestad de crear e introducirnos en realidades paralelas, tan ajenas y disímiles a la nuestra, que superan las limitaciones temporales y espaciales a las que debe resignarse la humanidad.

Así, adentrarnos en un libro nos transporta a mundos que –desdichadamente– no tenemos acceso. Leer a Julio Verne, por citar un ejemplo, nos posibilita viajar al centro de la tierra o pasear cinco semanas en globo por África. Es decir, traspasar la realidad y ponernos a buen recaudo de la rutina y las desazones diarias.

Asimismo, podemos vivir más, cuando ‘vivimos’ las vidas de los personajes y, sobre todo, al tener experiencias que nuestra situación de mortales nos imposibilita: ser otros, tener varias profesiones u oficios, viajar a la Luna, cumplir sueños platónicos, ser, acaso, un presidente o un dictador, quizá un caballero que lucha junto al Mío Cid o un griego que regresa con Odiseo a Ítaca.

Es lo que sucede cuando nos sumergimos en las historias construidas por Gabriel García Márquez: realidades en las que podemos ingresar al cuarto donde el coronel Aureliano Buendía da forma a sus pescaditos de oro; viajar indiscretamente por el Caribe en el buque Nueva Fidelidad junto a Florentino Ariza y Fermina Daza durante los tiempos del cólera; o visitar a María de la Luz Cervantes, la mexicana de 27 años internada en un sanatorio de España.

Situaciones que nunca suceden entre nosotros pero que desearíamos, con todas nuestras fuerzas, que sean reales, que esos personajes tengan carne y hueso y habiten esta tierra con todas sus irrealidades, virtudes, fantasías y manías, y que sus tiempos sean los mismos que los nuestros para vivir. Interrelacionarnos, aprender de ellos, maravillarnos de sus proezas y vicios que se describen en las obras de García Márquez.

Es por eso, quizá, que algunos lectores hemos proyectado a esos personajes en las personas con las que nos cruzamos a diario, como la inconmensurable Mamá Grande, para hacer de este mundo uno más rico y a sus habitantes más atractivos o, acaso, solo poder soportarlos. Impregnándoles de las potestades literarias les conferimos particularidades que los transforman en más relevantes para, así, enriquecer las relaciones humanas. Acaso, ¿nunca se han cruzado con alguien que se parezca al gitano Melquíades, a María dos Prazeres o a José Montiel?

Ciertamente, quienes nacemos en América gozamos con la ventaja de comprender, con mayor cabalidad, esos mundos paralelos que construyen escritores como Gabriel García Márquez. En nuestra Amazonía, la costa, los Andes, el Caribe o la llanura, más que en otras partes del mundo, poseemos herramientas más poderosas para imaginar, con más realidad, esos mundos, gracias, en parte, a la herencia que nos legaron nuestros abuelos prehispánicos y las desgracias, catástrofes y actos heroicos que hemos superado.

Miguel de Cervantes decía que “en algún lugar de un libro hay una frase esperándonos para darle un sentido a la existencia".

¿Quién no ha sido tentado de releer El amor en los tiempos del cólera para encontrar esperanza en la existencia del amor? O de revivir los Cien años de soledad cuando la rutina lo agobia o de prepararse para una exposición con la lectura de Yo no vengo a decir un discurso. Quizá de experimentar las cosas extrañas que les suceden a los latinoamericanos en Europa con los Doce cuentos peregrinos o de involucrarse con una vida cautivante en Vivir para contarla.

Es por eso que podemos leer a Gabriel García Márquez en todo momento, a cualquier edad, sin importar el estado emocional, ya sea que estés fastidiado por una existencia sin sentido, feliz por un éxito momentáneo o derrumbado por una desgracia insuperable.

Leer a Gabo, en suma, permite vivir más, gracias a su mágica virtud de construir mundos paralelos con las palabras.

Gabriel García Márquez, en un retrato de Toño Vega.



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8 de enero de 2019

Universitario 2018: el campeonato del partido

2018: el año del infierno para el hincha de Universitario. Las siguientes líneas son una reflexión, en el marco del partido contra Sport Huancayo, el más importante que jugó la "U" para salvarse del descenso, sobre lo que significó esta temporada para el club y sus fieles: otra prueba de amor.

Aptitud: los dedos trenzados y toda la suerte que el hincha de Universitario atrajo para salvar la categoría. Todo cuenta cuando lo deseas con tu vida.

El hincha ha permanecido con las manos inquietas desde el inicio del partido. La camiseta que lleva puesta, con la palabra Nicolini en el pecho, evidencia que tocó el cielo en años previos. Pero hoy vino por otro tipo de obligación: no descender de categoría.

El encuentro crucial para Universitario en el año, contra Sport Huancayo, a las 20 horas del jueves 4 de octubre de 2018. El desastre en Ayacucho nos pone penúltimos, en el mismo infierno: la situación insospechada. La ansiedad nos carcome los días previos, pero también nos moviliza: en las tribunas, en la calle, en las redes, en Lima, en provincias, en todo el mundo. Un antes y un después.

Hoy hay que ganar sí o sí, como sea, como se pueda.

Los primeros minutos son áridos. El equipo intenta, quiere ser protagonista, pero sin resultados. Entonces jugamos en las tribunas: oriente y occidente. Lo vivimos en el estadio Nacional, con esas tribunas habilitadas, sin nuestras populares, sin el pueblo crema por una injustificada sentencia de las autoridades.

Nos han dicho, reiteradas veces, “no se puede jugar en el Monumental”, “partido de alto riesgo”, “no habilitaremos Norte”, “no hay garantías” y hemos padecido cinco controles para ingresar al estadio, un solo acceso para las tribunas populares, abuso de la autoridad… pero persistimos, somos obstinados, nos motivan y fortalecen.

Mitad de un primer tiempo trabado, sin claras opciones y con peligro en cada ataque de Sport Huancayo. El hincha mira al cielo y cruza los dedos: el medio sobre el índice, que trenza y dobla con tensión, sobre su pecho, en su espalda, con una convicción que convence al más ateo de las cábalas.

Jugamos todos, en la cancha, en la tribuna, en las caravanas, en los banderazos, en las redes... en la calle, en el aire, con el alma.


-       
-       - Jugadores, jugadores… los venimos a alentar… nuestra historia es de primera, de primera no se va…” –baja el desesperado aliento de las tribunas.

32 minutos. Tiro libre. Jersson Vásquez está frente al arco norte. Patea, pero va al travesaño. Germán Denis se anticipa y, de palomita, consigue el gol. ¡Gooolll! ¡Goooollll!

Y es Denis: ejemplo de quien llegó a mitad de temporada y fue vital como Pablo Lavandeira y (lo que jugó) Alberto Rodríguez.

La temporada se inició con una moneda al aire: sin poder contratar y con el futuro del equipo puesto en los hombros de jugadores jóvenes y algunos con cierta experiencia. Si se analiza este año desde la perspectiva del vaso con agua, entonces debemos saludar la aparición de jóvenes como Zubczuk, Osorio, Velarde, Barco, Morales y quienes pueden seguir creciendo como De la Cruz, Montesinos y otros.

Llegamos al entretiempo del partido. El hincha y sus dedos parecen desgastados, pero los segundos 45 minutos serán de mayor tensión y labor: traer toda la suerte al equipo y la mufa al rival. El entretiempo también es el momento del hincha contra los rivales que están en casa y parasitan al club. 

Del hincha que en las malas acompaña en las caravanas, participa en los banderazos, agota las entradas, viaja a provincia, viene por su cuenta al estadio: todos son importantes.

El inicio del segundo tiempo potencia el juego del rival, que mueve el balón y merodea el área: nosotros dejamos el papel protagónico para ser un extra.

Cada ataque de Huancayo es un año menos de vida. Los dedos del hincha se mueven intuitivamente como si supieran qué hacer: entrelazarse y bendecir nuestras aspiraciones. El corazón late vigorosamente, se lanzan respiros profundos, insultamos a la vida que nos apremia, apretamos los puños y recordamos a los dioses por unos minutos: nos hemos persignado.

-        -  Jugadores, jugadores… los venimos a alentar… nuestra historia es de primera, de primera no se va…” –exigen los presentes.





Entonces Lavandeira se barre en el césped para recuperar el balón. Denis lo revienta al infinito. Figuera pone la pierna fuerte. Zubczuk se impone en su área.

El aire está cargado de nerviosos. Aguantamos todo el segundo tiempo, pero la última jugada es un capricho del destino. El delantero de ellos frente a nuestro arco, dispuesto a patear. Lavandeira ya no tiene opción de cerrar y, como todos, se lleva las manos a la cabeza. La jugada más tensa. Algunos renuncian a mirar el desenlace y buscan una explicación en el infinito. Los corazones se prolongan en el aire… ¡Afuera! ¡Es un tiro desviado!

Los tres puntos son nuestros: nunca mejor dicho. Nuestros. Del equipo, pero sobre todo de los hinchas porque no lo ganábamos sin el empuje de las tribunas. Sin el aliento que desestabilizó a su 9 en la última jugada, que entorpeció el juego de los rivales, como contra Unión Comercio, Cristal, en Moquegua y en Cusco.

La hinchada que será el mejor refuerzo para el 2019, temporada en la que otros coleccionan figuritas. Porque, entre lo que nos exige nuestra historia (luchar por el campeonato) y lo que nos permite la situación, hay deberes que no negociaremos: darlo todo y sudar la camiseta.

Bonus track: 



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24 de diciembre de 2018

Papá Noel reparte felicidad a más de 4200 metros de altura

Más de 500 juguetes se repartieron entre niños y niñas de Pampamarca y anexos, ubicados a más de 4200 metros de altitud en la región Ayacucho. ¿Por qué resistir una lluvia incesante, granizada hiriente y una altura desequilibrante para alegrar la Navidad de quienes no conoces?

Niña de Pampamarca
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Alex espera su regalo de Navidad. Tiene 7 años, viste un gorro de lana y cinco prendas para cubrirse del frío. Estamos a una altura de 4250 metros y las últimas horas cayó una incesante lluvia, acompañada de granizada. El aire que rodea simula pequeñas cuchilladas en el cuerpo.

La primera prenda de Alex es un polo de la selección peruana, de Paolo Guerrero, aclara. Luego, otro polo manga larga de dibujos, seguido por una polera verde y una chompa de lana, aunque envejecida. Finalmente, viste una casaca azul con dos rayas rojas horizontales, que está húmeda. 

Él espera su regalo, como otros 500 niños y niñas de Pampamarca, un centro poblado ubicado en el distrito de Coracora, en la provincia de Parinacochas, región Ayacucho, hasta donde llegó Afrazame, un grupo de voluntarios que busca mejorar la calidad de vida en pueblos de la sierra del país que soportan temperaturas extremas. Además de los juguetes, se entregarán víveres, canastas y ropa.

Pero mientras se reparten los primeros donativos, Alex se saca la casaca húmeda. Está inquieto ya que tiene premura por recibir su obsequio. Juega, conversa, hace bromas con los otros niños y niñas que integran las colas designadas para repartir los regalos, divididas por edades: de 0 a 3 años, luego de 3 a 6, seguido de 7 a 10 y después de 10 a 13. Tanto para niños como niñas.

Alex es el primero de la fila de los niños de 7 a 10 años. Se despoja de su casaca húmeda, con la que empieza a jugar, ya que en el local comunal donde se realiza la repartición de donaciones se conserva un ambiente más cálido que en el exterior. Para calmarlo, le hemos pedido que se siente. Lo hace y encuentra un singular y desconocido atractivo en sus desgastadas zapatillas blancas, pero, antes de olvidarse, nos pregunta: ¿nos darán regalos a todos?



***
Una rápida búsqueda en Google sobre Pampamarca evidencia ser un pueblo marcado por el friaje y los sismos. El frío se acentúa, sobre todo, a mitad de año cuando la temperatura desciende por debajo de los cero grados y penetra las casas de adobe e ichu.   

Para llegar ahí desde Lima, vía trasporte terrestre, se debe seguir un camino que toma cerca de 14 horas. La ruta contempla el sur de Lima, la costa de Ica, seguir por Nasca hasta Puquio (ya en Ayacucho) y desde ahí, después de dos horas y en un trayecto por ratos sinuoso y que te hace sentir el rigor de la altura, se llega a Pampamarca.

Los voluntarios de Afrazame siguieron ese recorrido para llegar con los regalos, pero, sobre todo, con las ganas de mejorar la Navidad. Inmediatamente se detuvo el bus comenzaron a preparar la “Feria Navideña” que englobaba juegos para los niños, puesto de premios, preparación y entrega del menú navideño, donación de canastas y obsequiar regalos para cada niño.

La mecánica de la feria consistió en que cada juego (tumbalatas, bowling, cestas de básquet, piscinas de pelotas) otorgaba “afrasoles”, que se podían intercambiar por premios.

Alex participó en todo. No importó la altura ni la lluvia, a las que está acostumbrado. Pero se mojó su casaca.

Adentro, en el local comunal, se la ha quitado. La impaciencia por recibir su regalo lo lleva a jugar con ella, que ahora está por los aires. Mira las bolsas con los regalos que tiene enfrente. Y mira a los niños que van recibiendo los juguetes más grandes, que se reparten tras un sorteo entre todos los presentes: los carritos a control remoto, los robots, los muñecos…

- ¡Guauuu!, se escucha cuando una niña recibe un set completo con los accesorios de la Barbie
- ¡Ohhh!, mencionan, ahora, cuando un niño recibe un carro con el que podrá recorrer las calles de Pampamarca.

Son los obsequios que los voluntarios de Afrazame donaron y recolectaron en Lima y que entregan en Pampamarca y tres anexos.

En total 520 juguetes. 520 sonrisas. 520 navidades felices.

Pasan los minutos y ahora se entregan las canastas a los adultos. Pero Alex, como todos los niños en el mundo, no entiende de razones. La impaciencia, propia de su edad, parece desbordarlo. Se para, juega bruscamente con sus amigos de la fila, con las niñas de los lados, con su casaca que se va secando.

Entonces los voluntarios recurren a cualquier medicamento para mantener el orden mientras se continúa con el programa:

- La lechuza, la lechuza, hace shh… hace shh… / Todos calladitos, como la lechuza, hace shh… hace shh…, cantan junto a los niños, a quienes les divierte el coro.

Es una victoria que repiten cada vez que se corre el peligro del caos. Hasta que llega el momento de repartir los juguetes a todos.

Alex, el primero de la fila, se pone de pie inmediatamente y sus ojos brillan. Su sonrisa no tiene fin, pero antes le pregunto: ¿Te gusta el fútbol? ¡Sí!, no duda. ¿Hincha de qué equipo eres?, lo interrogo.



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Afrazame es un grupo de voluntarios que busca mejorar las condiciones de vida en los pueblos ubicados a más de 4000 m s. n. m. y que soportan temperaturas extremas. Brindan ayuda durante tres momentos del año con campañas para recolectar útiles escolares, para combatir las heladas y el friaje y, finalmente, con las actividades por Navidad.

El nombre es una creativa combinación entre Frazada y Abrazo = Afrazame y han llevado ayuda a Acombamba en Huarochirí (2014), Lachaqui en Canta (2015), Cañaypata en Huancavelica (2016), Manco Cápac y Chambara Alta en Sayán (2017) y Pampamarca en Ayacucho (2017 y 2018).

En el 2019 apuntan a realizar la campaña escolar en beneficio de los estudiantes de Pampamarca, para lo cual, dentro de pronto, empezarán a juntar los kits escolares.

- ¿Hincha de qué equipo eres?, le había consultado a Alex.
- ¡De mi colegio!, fue su respuesta efusiva.

Y es por su colegio y sus ganas de estudiar que la próxima campaña de Afrazame es otra linda oportunidad para apoyar. 



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