18 de octubre de 2014

La promoción de la Universidad se despide: sin llorar

Carta abierta a los compañeros egresados de la EAP de Comunicación Social de la FLCH (UNMSM), año 2013...
Ya hemos egresado y concluido lo que un día empezamos al aprobar el difícil examen de admisión de la UNMSM [vamos, después de varios intentos ya sabíamos los temas y, hasta, las trampas de las preguntas]. Queda en el recuerdo aquel domingo en el que, sin más que con un lápiz y un borrador, encaramos 100 preguntas que decidieron nuestro futuro [para bien o para mal, aquí estamos].
Ingresar a San Marcos no fue fácil [aunque sí algo barato, valgan verdades]. Si no que lo digan los miles de postulantes a los que les quitamos una vacante [esos que después de la academia se iban al Honey, Retablo, Los Botes o se ponían a dormir en la biblioteca de Aduni -última carpeta, por favor-]. Las horas de preparación y el ciclo de repaso por el que pasamos [además del verano, anual, semestral, segundo anual y, obviamente, el cambio de academia: mucho roche]. Los simulacros, la pre, las maratones, los grupos de estudio [el coleccionar los boletines de Aduni y hacerse pata de los profesores]. Hasta que, por fin: ingresamos [ya teníamos ventaja, ¿no?].
Ingresamos. Entramos a un nuevo mundo con las esperanzas de abrir nuestros horizontes [y conocimos todos los "ismos" habidos y por haber. ¡Gracias Dante Castro, Zenon de Paz y Muñoz!]. De conocer el mundo y ser mejores personas, pero nada fue fácil [ni el examen de Psicología que la mayoría desaprobamos, ¿no? ¿NO?].
2008. Pinochito quemado en San Marcos. Todavía no ingresábamos pero ya sentíamos lo que es la TRADICIÓN.
El primer día tampoco. Matricularse, toda una odisea [desde entonces ya nos íbamos acostumbrando a hacer colas]. Conocer la inmensidad de la universidad, el primer reto, los baches, las aulas... [el burro]. Luego, el segundo objetivo: escoger los profesores aunque no contábamos con las referencias necesarias [a la suerte, pes. Yo también me emocioné cuando leí Carlos Cornejo, pero no era el de la tele :/].
Luego vinieron los primeros cursos: Historia, Lógica, Biología, Matemática [la histórica, menos mal, uf], Filosofía y, con ello, los amigos de otras especialidades [esos sí que chupaban, sobre todo los de Literatura y Filosofía]. 
Hasta que nos juntaron [unos llegaron, otros se fueron: somos los que estamos]. Pero poco a poco fuimos conformando un grupo de amigos [es lo que hay]. Y para ello fueron de gran utilidad algunas actividades como el Interfacultades o la Semana de Comu [el Miss Comunicador, ¡qué vergüenza! Desde ya íbamos farandulizando las cosas: todo es cuestión de acostumbrarse]. Claro, no tuvimos un gran triunfo [pero sí ganamos mucha experiencia].
Aquellos días aprendimos que sí se podía combinar el aprendizaje con la diversión [además del ¡estudiar y luchar es deber estudiantil!].
Por supuesto, vinieron los trabajos grupales [ya, también nos pasó: uno es el que hacía todo, algunos financian y otros solo ponen su nombre: "amigos"]. El aprender a investigar [*copiar de uno es plagiar, copiar de varios es investigar*]. El ir descubriendo a Van Dijk, Mattelart y otros [dividirnos los libros para hacer resúmenes y abarcarlo todo fue una gran empresa]. Pero también aprendimos a lidiar con las virtudes y defectos de cada uno de nosotros, que nos ayudó a conocer mejor y desarrollar nuestras potencialidades de trabajar en grupo [era una obligación, qué más da].
Entonces comenzaron a nacer algunos sentimientos tan humanos: las amistades, enamoramientos, peleas, reconciliaciones, rencores [la política, fuck].
En el tercer año comenzaron a llegar grandes experiencias [ya, los viajes con Pacheco, lo fue todo: Marcahuasi, Lachay, Paracas...], las amanecidas en otras casas, los trabajos virtuales, las delegaciones de obligaciones, las exposiciones y otras responsabilidades [sanmarquino que se respeta hace todo a última hora]. A su vez, los grandes proyectos conjuntos como lo fue Combase, que en algún momento nos demostró que estábamos dispuestos a innovar lo que hacíamos [¡Combase nunca muere!].
Con el tiempo, además de convertirnos en sanmarquinos, nos bautizaron como los muñecos [sí, María y Muñeca, <3, cuantas veces nos fiaron y guardaron cosas. Tanto así que pude recuperar un USB después de tres meses. ¡Este cartón también va para ellas, caracho!].
Además de la amistad fuimos conociéndonos mejor [es lo que hay, parte II].
Toda promoción tiene su gusano [¡que viva el Malquismo!], aunque, claro, no lo neguemos, todos hemos ido al comedor, al menos una vez, y por qué no al almuerzo especial [¡a esa altura ya nos habíamos acostumbrado a hacer colas y dejar nuestra piedra!]. Nos han cachimbeado, hemos cogido mal la charola, hemos hecho nuestra cola y perdido el tiempo [y probado el almuerzo frío: marca sanmarquina registrada].
Típico. Uf.
Conocernos también fue estudiar en los salones [ah, y cómo no acordarse de los putos vigilantes que te sacaban de los salones peor que al Gringasho de la Dirincri]. Y el ultimar las exposiciones para deslumbrar a los profesores y demostrarles que habíamos leído, aunque sea solo las conclusiones, pero estábamos preparados [la práctica hace al maestro].
Pasamos por la Biblioteca Central, sacamos libros, separatas, almorzamos en la Facultad de Economía, repasamos nuestras lecturas en el parque, usamos la cabina de radio, la sala de cómputo y probamos los panes de Industrial [y los vinos de 3 soles de la tienda de la Puerta 3, claro]. Hicimos todo y todo lo hicimos juntos [es lo que hay, parte III].

El cuarto año empezó con la difícil decisión de escoger nuestra especialidad [ya qué chucha, perio, dijimos]. Para algunos una decisión ya tomada y sencilla. Para otros algo que pensar demasiado y sobrepesar. Para unos cuantos, todavía, una decisión no se sabe si adecuada pero que en la experiencia nos permite saber que esta carrera, la comunicación, te da las opciones de poder desarrollarte en amplios campos laborales [igual terminarás haciendo notas de prensa :v].
Cada inicio de año, cómo no renegar, si matricularnos era una misión imposible o casi solo accesible para quienes no comparten Internet con toda la familia [ni con tanto F5 el SUM cedía, hasta para eso nos amanecíamos perdiendo el tiempo].
Junto a los cursos, empezaron las primeras prácticas y experiencias laborales [practicantes dignidad]. El llegar tarde a las clases, a veces faltar, el pedir a otros que te firmen [favor con favor se paga] y, vaya momento: el primer sueldo [mínimo, pero qué más da].
El desarrollo de los cursos nos hizo inmunes a las transnochadas. ¿Una amanecida más? ¡Qué importa! [papita con huevo de por medio]. Los trabajos finales, los parciales, la monografía, las impresiones, investigaciones, el PPT, el Excel [los resúmenes grupales, ustedes saben a lo que me refiero].
Llegado el final de cada ciclo, recuerdan compañeros, venía el ¿y ahora dónde celebramos? [¡tripa, tripa, tripa!] 
Las verbenas, capítulo a parte. Ser parte de ellas es también el sentirse orgulloso de ser sanmarquino. La de Sociales, de Psicología, de Derecho: hacíamos de cada una de ellas, nuestra [si no dónde podías ver a los hermanos Cartagena y Sensual Karicia sin pagar un sol].
El último año llegó rápido. Comenzaron los contactos y, a su vez: la tesis [ptm].
Y claro cómo olvidarnos de los grandes privilegios que representó y es ser sanmarquino [pagar medio, básicamente, y poder contarle a cualquier persona tus aventuras en el comedor y el burro]. Al decir que eres de San Marcos, no sé ustedes, pero siempre generas un aura de admiración: no cualquiera ingresa y mucho menos termina: y lo logramos nosotros [también eso, comienzas con la clásica de "ingresar no es fácil, postulan miles"].
Pero ser de la Decana también nos trajo otros privilegios. Cómo olvidar los conciertos que íbamos a escuchar aunque sea solo desde el tercer piso [Metálica, Marc Anthony y hasta Olga Tañón. Lástima que Calle 13 llegó pasadas las 03:00 a.m.]. Claro, solo escuchar, porque nuestros alicaídos bolsillos solo nos permitían eso [ahí está]. Aun cuando estaba a nuestro alcance el trepar el muro, la fiebre de la juventud, lo permitía todo [malditos VIP que jodían las entradas].
04 de diciembre del 2011. Pese a que Calle 13 llegó ALGUNAS horas tarde, igual lo disfrutamos.
¿Y ustedes, compañeros, llegaron al quinto año debiendo electivos? [ja, no, para eso estaba Bonilla]. Esos cursos que para algunos debieron representar una ayuda en cuanto a créditos, algunas veces también significaron ese esfuerzo demás que nos demostró que somos fuertes [mi lista de los que valían la pena: Mamani, Malpartida, Falla, Mamani, Mamani].
Conocernos también fue recorrer Lima. De San Juan de Lurigancho a Villa El Salvador, de Ancón a Breña, de Barranco a Villa María: bien dicen que San Marcos es el Perú en chiquito [algunos viven más lejos, te pasas oye]. Pero para nosotros no había límites, total compartir momentos juntos era la consigna [chupar, nada más].

Las huelgas, las tomas de facultad, las marchas: de todo aprendimos y es que el devenir de San Marcos también es la problemática de nuestra sociedad inseparable de nuestra conciencia como peruanos [lástima que no llegamos a quemar un pinochito]. Eso también somos o aprendimos ser, mejores profesionales por nuestra familia y por quienes menos tienen [aunque no faltará quien solo piense en tener el carro del año -_-].
No todos estamos aquí, pero esta promoción es de quienes empezamos y, desde cada una de nuestras actividades, hacemos que el nombre de la Escuela de Comunicación quede en alto [Rudy <3]. Porque eso somos, embajadores de San Marcos y sus enseñanzas que les permitirán abrir las ventanas a futuros profesionales [pásame tu CV, cachimba, yo te recomiendo].

Hoy le decimos un hasta luego a nuestra facultad: al patio, las bancas, ¡el parque!, la rampa y tantos espacios que hicimos nuestros durante esta etapa, junto a grandes momentos y recuerdos [el baño de Sociales]. Ahí están la chocolatada de fin de año del Joven Letrado de San Marcos o las semanas de las escuelas y aquellas ceremonias en el auditorio que nos sacaron más de una sonrisa [pastruladas de cachimbos].
Hasta la ceremonia de graduación [y S/. 500 menos en la billetera]. Aquel momento en el que, al salir del colegio, te imaginas algún día [aunque no seas ingeniero]. Para muchos una ceremonia única en la vida. Pues bien, lo logramos juntos [insisto, S/. 500 menos]. Todos. Pero no es el fin. Es el inicio de más compromisos, responsabilidades, retos, en los que probablemente estemos juntos y, luego de algunos años, recordemos para agradecer por el tiempo que San Marcos nos acogió y permitió formar parte de su historia [coleguita ignorante!].
Bonus track: Tras una investigación sesuda encontré una clase maestra dictada por un profesor de Historia de la academia Aduni [nótese el estado del salón y por qué le llamábamos "corral"]. El profesor es un tal Iván Caldas, uno de los mejores en su materia. Histórico. [hip, hip, urra!]


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