25 de octubre de 2019

Mirar al costado: “Proyectos de amor” por las redes sociales

¿Existe la solidaridad en tiempos del Día del Shopping, Instagram y xenofobia? Wendy Bedoya y anónimos altruistas nos dan esperanzas.

Wendy Bedoya Álvarez: antes diseñadora de interiores, ahora hada madrina

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Wendy Bedoya coge su celular e ingresa al Facebook. No para postear una foto del almuerzo o revisar las noticias o novedades de sus contactos, lo hace para publicar casos: historias de personas que necesitan algún tipo ayuda.

“He visto a una señora que necesita una silla de ruedas”, “un niño busca un albergue para tratarse una enfermedad en Lima”, “una adolescente internada quiere celebrar su quinceañero pero sus padres no tienen dinero”, le escriben por sus redes sociales a Wendy. Entonces evalúa e investiga la solicitud y, si es verídica, activa la red de solidaridad en su página “Proyectos de amor” para obtener la ayuda necesaria. Sea lo que fuese –hasta casas prefabricadas– siempre lo consigue.  

Al año, en promedio, puede beneficiar a más de 82 mil personas –entre campañas, voluntariados y otras iniciativas–. ¿Por qué lo hace?, ¿cuál es su sueño? –quisimos saber.


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UNA NOTIFICACIÓN

Un día de mayo del 2015, mientras superaba la muerte de Imelda, su abuela, encontró su camino. Estaba revisando fotos y videos en el Facebook, cuando vio una publicación en la que solicitaban ayuda para Mario, un adolescente con el 60 % del cuerpo quemado. Wendy lo ayudó con las operaciones que le permitieron recuperarse –abrir las manos, caminar, terminar el colegio– y Mario le aclaró el sentido de su vida. Tiempo después la llamó para darle una noticia: ¿Adivina a qué me dedicaré? –la sorprendió. Wendy no lo podía creer.  

Una nueva notificación suena en el celular de Wendy: otra solicitud de ayuda, esta vez por el WhatsApp. A la semana puede recibir, en promedio, cinco requerimientos de ayuda. Prioriza a las personas enfermas de bajos recursos.

“Me gusta la respuesta de la gente”, agradece, pero ello no evita que Wendy se angustie cuando pasan los días y no puede reunir la ayuda prometida. Si el caso es de Lima, el plazo autoimpuesto es de una semana. Cuando pasaron 6 o 7 días, se encienden las alarmas y recurre a empresas. No le gusta quedar mal con quien la necesita. Si la ayuda es en una provincia, se permite unos días más de licencia: por el viaje de traslado.

Las iniciativas que lidera han involucrado a más de mil personas, de distintas formas. “Algunas veces me dicen: pero yo no tengo dinero. Pero no es dinero, quizá es tu tiempo. O el juguete en buen estado de tu hijo. Hay muchas formas de ayudar” –afirma.



En el 2018 supo de un grupo de adultos mayores que vivía en casas con paredes de plásticos, en Cañete. ¿Conseguiremos la ayuda?, dudó. “Mucha gente pequeña en lugares pequeños haciendo cosas pequeñas puede cambiar el mundo”, escribió en el Facebook. Días después construyeron 16 casas prefabricadas que entregaron amobladas.

“Al final es una cadena de amor para lograr un solo objetivo. Debemos derramar amor por donde vamos” –solicita. “Y si tú ayudas, influyes en tu entorno”.

¿Un mundo mejor es posible? –le preguntamos con desconfianza. “La gente que hemos ayudado, cuando salió adelante, comparte sus donaciones –la cocina, la silla de ruedas– a otras personas. Quien recibe, replica la solidaridad” –sostiene con firmeza.


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HADA MADRINA

Wendy es diseñadora de interiores, pero prefiere transformarse en un hada madrina, como la identifican los niños en los hospitales donde realiza voluntariado, tanto por el amor que brinda como por sus cabellos largos y ondulantes, como en un cuento mágico.  

Dejó parcialmente –sin mucho pesar– la organización de eventos corporativos para preparar fiestas infantiles a menores con enfermedades terminales o crónicas y brindarles unas horas de juegos y música a fin de olvidar sus tediosos tratamientos.

“Ayudar es un sentimiento que no se puede cubrir. Es un pedazo en tu corazón que no lo llena nada”, explica. “Haciendo feliz a otro, tú eres feliz”.

¿La mejor gratificación? Cuando la llaman o buscan, mes a mes, para saber cómo está, darle un presente, quizá una fruta, una foto del niño que ayudó y cómo va creciendo, la niña que ya camina sola, el discapacitado vendiendo en su silla de ruedas, una carta de provincia, un abrazo profundo.  

Sanar jugando: triciclos para que los menores jueguen mientras realizan su tratamiento.

“Nunca me llego a desligar de los casos” –medita, mientras vuelve a observar las fotos que conserva en su celular: muchas historias, necesidades y sonrisas finales.

La experiencia le enseñó que además de dar, también debe enseñar. “Queremos cambiarles la vida a las personas. No solo ayudarlas, buscamos proporcionarles un trabajo digno, según sus posibilidades. Dar trabajo, que sean útiles, porque el asistencialismo es momentáneo. Por ejemplo, tenemos un proyecto de muñecos solidarios, que consiste en que los pacientes tejan, yo consigo la lana, ellos tejen y venden los muñecos: la mitad es para ellos y la otra parte para la fundación a fin de seguir ayudando”.


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MARIO Y UN SUEÑO

Wendy llora de felicidad cuando un paciente se cura. Como sucedió con Mario y, en especial, al enterarse de su destino: estudia Medicina para ayudar a otros niños con quemaduras. Lo que la impulsa a luchar por su sueño: tener un albergue para menores enfermos con cáncer.

Un buen día se puede cruzar con Wendy Bedoya Álvarez por las calles de Lima sin reconocerla, ni a otros anónimos voluntarios. Quizá tampoco prestar atención a quien necesita nuestra ayuda y está en la puerta de ingreso al trabajo, en el semáforo donde esperamos que cambie de luz para cruzar o en el asiento del costado del bus. De repente sí, entonces podríamos tener un mundo mejor.



PROYECTOS DE AMOR

Además de liderar Proyectos de amor, Wendy también encabeza Lanas de amor (pelucas de fantasía para niños con cáncer) y Sanar jugando (triciclos para que los menores jueguen mientras realizan su tratamiento). Asimismo, impulsa voluntariados en distintos hospitales de Lima y provincias para acompañar a los pacientes.  

> Esta historia se publicó en Gutnius (octubre de 2019)


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10 de agosto de 2019

Una travesía con Florentino Ariza y Fermina Daza por el Caribe


Fermina Daza. Ilustración: Luisa Rivera. Fuente: WMagazín 
[Texto publicado, originalmente, en Centro Gabo (memoria colectiva)].

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Los mundos ideados en la literatura son más excitantes que el mundo real. Los escritores más avezados tienen la potestad de crear e introducirnos en realidades paralelas, tan ajenas y disímiles a la nuestra, que superan las limitaciones temporales y espaciales a las que debe resignarse la humanidad.

Así, adentrarnos en un libro nos transporta a mundos que –desdichadamente– no tenemos acceso. Leer a Julio Verne, por citar un ejemplo, nos posibilita viajar al centro de la tierra o pasear cinco semanas en globo por África. Es decir, traspasar la realidad y ponernos a buen recaudo de la rutina y las desazones diarias.

Asimismo, podemos vivir más, cuando ‘vivimos’ las vidas de los personajes y, sobre todo, al tener experiencias que nuestra situación de mortales nos imposibilita: ser otros, tener varias profesiones u oficios, viajar a la Luna, cumplir sueños platónicos, ser, acaso, un presidente o un dictador, quizá un caballero que lucha junto al Mío Cid o un griego que regresa con Odiseo a Ítaca.

Es lo que sucede cuando nos sumergimos en las historias construidas por Gabriel García Márquez: realidades en las que podemos ingresar al cuarto donde el coronel Aureliano Buendía da forma a sus pescaditos de oro; viajar indiscretamente por el Caribe en el buque Nueva Fidelidad junto a Florentino Ariza y Fermina Daza durante los tiempos del cólera; o visitar a María de la Luz Cervantes, la mexicana de 27 años internada en un sanatorio de España.

Situaciones que nunca suceden entre nosotros pero que desearíamos, con todas nuestras fuerzas, que sean reales, que esos personajes tengan carne y hueso y habiten esta tierra con todas sus irrealidades, virtudes, fantasías y manías, y que sus tiempos sean los mismos que los nuestros para vivir. Interrelacionarnos, aprender de ellos, maravillarnos de sus proezas y vicios que se describen en las obras de García Márquez.

Es por eso, quizá, que algunos lectores hemos proyectado a esos personajes en las personas con las que nos cruzamos a diario, como la inconmensurable Mamá Grande, para hacer de este mundo uno más rico y a sus habitantes más atractivos o, acaso, solo poder soportarlos. Impregnándoles de las potestades literarias les conferimos particularidades que los transforman en más relevantes para, así, enriquecer las relaciones humanas. Acaso, ¿nunca se han cruzado con alguien que se parezca al gitano Melquíades, a María dos Prazeres o a José Montiel?

Ciertamente, quienes nacemos en América gozamos con la ventaja de comprender, con mayor cabalidad, esos mundos paralelos que construyen escritores como Gabriel García Márquez. En nuestra Amazonía, la costa, los Andes, el Caribe o la llanura, más que en otras partes del mundo, poseemos herramientas más poderosas para imaginar, con más realidad, esos mundos, gracias, en parte, a la herencia que nos legaron nuestros abuelos prehispánicos y las desgracias, catástrofes y actos heroicos que hemos superado.

Miguel de Cervantes decía que “en algún lugar de un libro hay una frase esperándonos para darle un sentido a la existencia".

¿Quién no ha sido tentado de releer El amor en los tiempos del cólera para encontrar esperanza en la existencia del amor? O de revivir los Cien años de soledad cuando la rutina lo agobia o de prepararse para una exposición con la lectura de Yo no vengo a decir un discurso. Quizá de experimentar las cosas extrañas que les suceden a los latinoamericanos en Europa con los Doce cuentos peregrinos o de involucrarse con una vida cautivante en Vivir para contarla.

Es por eso que podemos leer a Gabriel García Márquez en todo momento, a cualquier edad, sin importar el estado emocional, ya sea que estés fastidiado por una existencia sin sentido, feliz por un éxito momentáneo o derrumbado por una desgracia insuperable.

Leer a Gabo, en suma, permite vivir más, gracias a su mágica virtud de construir mundos paralelos con las palabras.

Gabriel García Márquez, en un retrato de Toño Vega.



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8 de enero de 2019

Universitario 2018: el campeonato del partido

2018: el año del infierno para el hincha de Universitario. Las siguientes líneas son una reflexión, en el marco del partido contra Sport Huancayo, el más importante que jugó la "U" para salvarse del descenso, sobre lo que significó esta temporada para el club y sus fieles: otra prueba de amor.

Aptitud: los dedos trenzados y toda la suerte que el hincha de Universitario atrajo para salvar la categoría. Todo cuenta cuando lo deseas con tu vida.

El hincha ha permanecido con las manos inquietas desde el inicio del partido. La camiseta que lleva puesta, con la palabra Nicolini en el pecho, evidencia que tocó el cielo en años previos. Pero hoy vino por otro tipo de obligación: no descender de categoría.

El encuentro crucial para Universitario en el año, contra Sport Huancayo, a las 20 horas del jueves 4 de octubre de 2018. El desastre en Ayacucho nos pone penúltimos, en el mismo infierno: la situación insospechada. La ansiedad nos carcome los días previos, pero también nos moviliza: en las tribunas, en la calle, en las redes, en Lima, en provincias, en todo el mundo. Un antes y un después.

Hoy hay que ganar sí o sí, como sea, como se pueda.

Los primeros minutos son áridos. El equipo intenta, quiere ser protagonista, pero sin resultados. Entonces jugamos en las tribunas: oriente y occidente. Lo vivimos en el estadio Nacional, con esas tribunas habilitadas, sin nuestras populares, sin el pueblo crema por una injustificada sentencia de las autoridades.

Nos han dicho, reiteradas veces, “no se puede jugar en el Monumental”, “partido de alto riesgo”, “no habilitaremos Norte”, “no hay garantías” y hemos padecido cinco controles para ingresar al estadio, un solo acceso para las tribunas populares, abuso de la autoridad… pero persistimos, somos obstinados, nos motivan y fortalecen.

Mitad de un primer tiempo trabado, sin claras opciones y con peligro en cada ataque de Sport Huancayo. El hincha mira al cielo y cruza los dedos: el medio sobre el índice, que trenza y dobla con tensión, sobre su pecho, en su espalda, con una convicción que convence al más ateo de las cábalas.

Jugamos todos, en la cancha, en la tribuna, en las caravanas, en los banderazos, en las redes... en la calle, en el aire, con el alma.


-       
-       - Jugadores, jugadores… los venimos a alentar… nuestra historia es de primera, de primera no se va…” –baja el desesperado aliento de las tribunas.

32 minutos. Tiro libre. Jersson Vásquez está frente al arco norte. Patea, pero va al travesaño. Germán Denis se anticipa y, de palomita, consigue el gol. ¡Gooolll! ¡Goooollll!

Y es Denis: ejemplo de quien llegó a mitad de temporada y fue vital como Pablo Lavandeira y (lo que jugó) Alberto Rodríguez.

La temporada se inició con una moneda al aire: sin poder contratar y con el futuro del equipo puesto en los hombros de jugadores jóvenes y algunos con cierta experiencia. Si se analiza este año desde la perspectiva del vaso con agua, entonces debemos saludar la aparición de jóvenes como Zubczuk, Osorio, Velarde, Barco, Morales y quienes pueden seguir creciendo como De la Cruz, Montesinos y otros.

Llegamos al entretiempo del partido. El hincha y sus dedos parecen desgastados, pero los segundos 45 minutos serán de mayor tensión y labor: traer toda la suerte al equipo y la mufa al rival. El entretiempo también es el momento del hincha contra los rivales que están en casa y parasitan al club. 

Del hincha que en las malas acompaña en las caravanas, participa en los banderazos, agota las entradas, viaja a provincia, viene por su cuenta al estadio: todos son importantes.

El inicio del segundo tiempo potencia el juego del rival, que mueve el balón y merodea el área: nosotros dejamos el papel protagónico para ser un extra.

Cada ataque de Huancayo es un año menos de vida. Los dedos del hincha se mueven intuitivamente como si supieran qué hacer: entrelazarse y bendecir nuestras aspiraciones. El corazón late vigorosamente, se lanzan respiros profundos, insultamos a la vida que nos apremia, apretamos los puños y recordamos a los dioses por unos minutos: nos hemos persignado.

-        -  Jugadores, jugadores… los venimos a alentar… nuestra historia es de primera, de primera no se va…” –exigen los presentes.





Entonces Lavandeira se barre en el césped para recuperar el balón. Denis lo revienta al infinito. Figuera pone la pierna fuerte. Zubczuk se impone en su área.

El aire está cargado de nerviosos. Aguantamos todo el segundo tiempo, pero la última jugada es un capricho del destino. El delantero de ellos frente a nuestro arco, dispuesto a patear. Lavandeira ya no tiene opción de cerrar y, como todos, se lleva las manos a la cabeza. La jugada más tensa. Algunos renuncian a mirar el desenlace y buscan una explicación en el infinito. Los corazones se prolongan en el aire… ¡Afuera! ¡Es un tiro desviado!

Los tres puntos son nuestros: nunca mejor dicho. Nuestros. Del equipo, pero sobre todo de los hinchas porque no lo ganábamos sin el empuje de las tribunas. Sin el aliento que desestabilizó a su 9 en la última jugada, que entorpeció el juego de los rivales, como contra Unión Comercio, Cristal, en Moquegua y en Cusco.

La hinchada que será el mejor refuerzo para el 2019, temporada en la que otros coleccionan figuritas. Porque, entre lo que nos exige nuestra historia (luchar por el campeonato) y lo que nos permite la situación, hay deberes que no negociaremos: darlo todo y sudar la camiseta.

Bonus track: 



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24 de diciembre de 2018

Papá Noel reparte felicidad a más de 4200 metros de altura

Más de 500 juguetes se repartieron entre niños y niñas de Pampamarca y anexos, ubicados a más de 4200 metros de altitud en la región Ayacucho. ¿Por qué resistir una lluvia incesante, granizada hiriente y una altura desequilibrante para alegrar la Navidad de quienes no conoces?

Niña de Pampamarca
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Alex espera su regalo de Navidad. Tiene 7 años, viste un gorro de lana y cinco prendas para cubrirse del frío. Estamos a una altura de 4250 metros y las últimas horas cayó una incesante lluvia, acompañada de granizada. El aire que rodea simula pequeñas cuchilladas en el cuerpo.

La primera prenda de Alex es un polo de la selección peruana, de Paolo Guerrero, aclara. Luego, otro polo manga larga de dibujos, seguido por una polera verde y una chompa de lana, aunque envejecida. Finalmente, viste una casaca azul con dos rayas rojas horizontales, que está húmeda. 

Él espera su regalo, como otros 500 niños y niñas de Pampamarca, un centro poblado ubicado en el distrito de Coracora, en la provincia de Parinacochas, región Ayacucho, hasta donde llegó Afrazame, un grupo de voluntarios que busca mejorar la calidad de vida en pueblos de la sierra del país que soportan temperaturas extremas. Además de los juguetes, se entregarán víveres, canastas y ropa.

Pero mientras se reparten los primeros donativos, Alex se saca la casaca húmeda. Está inquieto ya que tiene premura por recibir su obsequio. Juega, conversa, hace bromas con los otros niños y niñas que integran las colas designadas para repartir los regalos, divididas por edades: de 0 a 3 años, luego de 3 a 6, seguido de 7 a 10 y después de 10 a 13. Tanto para niños como niñas.

Alex es el primero de la fila de los niños de 7 a 10 años. Se despoja de su casaca húmeda, con la que empieza a jugar, ya que en el local comunal donde se realiza la repartición de donaciones se conserva un ambiente más cálido que en el exterior. Para calmarlo, le hemos pedido que se siente. Lo hace y encuentra un singular y desconocido atractivo en sus desgastadas zapatillas blancas, pero, antes de olvidarse, nos pregunta: ¿nos darán regalos a todos?



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Una rápida búsqueda en Google sobre Pampamarca evidencia ser un pueblo marcado por el friaje y los sismos. El frío se acentúa, sobre todo, a mitad de año cuando la temperatura desciende por debajo de los cero grados y penetra las casas de adobe e ichu.   

Para llegar ahí desde Lima, vía trasporte terrestre, se debe seguir un camino que toma cerca de 14 horas. La ruta contempla el sur de Lima, la costa de Ica, seguir por Nasca hasta Puquio (ya en Ayacucho) y desde ahí, después de dos horas y en un trayecto por ratos sinuoso y que te hace sentir el rigor de la altura, se llega a Pampamarca.

Los voluntarios de Afrazame siguieron ese recorrido para llegar con los regalos, pero, sobre todo, con las ganas de mejorar la Navidad. Inmediatamente se detuvo el bus comenzaron a preparar la “Feria Navideña” que englobaba juegos para los niños, puesto de premios, preparación y entrega del menú navideño, donación de canastas y obsequiar regalos para cada niño.

La mecánica de la feria consistió en que cada juego (tumbalatas, bowling, cestas de básquet, piscinas de pelotas) otorgaba “afrasoles”, que se podían intercambiar por premios.

Alex participó en todo. No importó la altura ni la lluvia, a las que está acostumbrado. Pero se mojó su casaca.

Adentro, en el local comunal, se la ha quitado. La impaciencia por recibir su regalo lo lleva a jugar con ella, que ahora está por los aires. Mira las bolsas con los regalos que tiene enfrente. Y mira a los niños que van recibiendo los juguetes más grandes, que se reparten tras un sorteo entre todos los presentes: los carritos a control remoto, los robots, los muñecos…

- ¡Guauuu!, se escucha cuando una niña recibe un set completo con los accesorios de la Barbie
- ¡Ohhh!, mencionan, ahora, cuando un niño recibe un carro con el que podrá recorrer las calles de Pampamarca.

Son los obsequios que los voluntarios de Afrazame donaron y recolectaron en Lima y que entregan en Pampamarca y tres anexos.

En total 520 juguetes. 520 sonrisas. 520 navidades felices.

Pasan los minutos y ahora se entregan las canastas a los adultos. Pero Alex, como todos los niños en el mundo, no entiende de razones. La impaciencia, propia de su edad, parece desbordarlo. Se para, juega bruscamente con sus amigos de la fila, con las niñas de los lados, con su casaca que se va secando.

Entonces los voluntarios recurren a cualquier medicamento para mantener el orden mientras se continúa con el programa:

- La lechuza, la lechuza, hace shh… hace shh… / Todos calladitos, como la lechuza, hace shh… hace shh…, cantan junto a los niños, a quienes les divierte el coro.

Es una victoria que repiten cada vez que se corre el peligro del caos. Hasta que llega el momento de repartir los juguetes a todos.

Alex, el primero de la fila, se pone de pie inmediatamente y sus ojos brillan. Su sonrisa no tiene fin, pero antes le pregunto: ¿Te gusta el fútbol? ¡Sí!, no duda. ¿Hincha de qué equipo eres?, lo interrogo.



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Afrazame es un grupo de voluntarios que busca mejorar las condiciones de vida en los pueblos ubicados a más de 4000 m s. n. m. y que soportan temperaturas extremas. Brindan ayuda durante tres momentos del año con campañas para recolectar útiles escolares, para combatir las heladas y el friaje y, finalmente, con las actividades por Navidad.

El nombre es una creativa combinación entre Frazada y Abrazo = Afrazame y han llevado ayuda a Acombamba en Huarochirí (2014), Lachaqui en Canta (2015), Cañaypata en Huancavelica (2016), Manco Cápac y Chambara Alta en Sayán (2017) y Pampamarca en Ayacucho (2017 y 2018).

En el 2019 apuntan a realizar la campaña escolar en beneficio de los estudiantes de Pampamarca, para lo cual, dentro de pronto, empezarán a juntar los kits escolares.

- ¿Hincha de qué equipo eres?, le había consultado a Alex.
- ¡De mi colegio!, fue su respuesta efusiva.

Y es por su colegio y sus ganas de estudiar que la próxima campaña de Afrazame es otra linda oportunidad para apoyar. 



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23 de septiembre de 2018

Juan Lepiani, el pintor patriota

Juan Lepiani es el autor de las pinturas con las que hemos imaginado los episodios más importantes que sucedieron en el Perú, como la escena de los trece de la isla del Gallo, la proclamación de la Independencia, la conferencia de Punchauca y, en especial, de la guerra contra Chile. Una reciente tesis, la primera sobre su obra, estudia la historia nacional en sus cuadros, en los que se mezclan lo heroico, lo trágico y la violencia.

"El último cartucho” (pintura de Lepiani en óleo sobre tela), actualmente en el Museo de los Combatientes del Morro de Arica (Centro de Lima) donde también se pueden encontrar “La Respuesta” y el cuadro de Alfonso Ugarte. 

1899. Solo dieciséis años habían transcurrido desde el final de la Guerra del Pacífico (1879-1883). Sus causas y consecuencias se debatían en la literatura de Manuel González Prada y en la pintura de Juan Lepiani, quien ya había presentado “La Respuesta”, cuadro sobre el momento en el que Francisco Bolognesi responde que pelearía hasta quemar el último cartucho.

Pero ese año, otro suceso de esa guerra despertaba su interés: la batalla de Arica (7 de junio de 1880). Para pintar la trágica muerte de Bolognesi, decide ir al mismo morro, previa carta de recomendación del presidente Nicolás de Piérola para ingresar a Arica (entonces cautiva por Chile), según describe la tesis "La historia nacional en la pintura de Juan Lepiani" (2018) de Ana Karina Saldaña. Entonces, ahí, se documenta, mide el paisaje, toma fotografías, llega a exhumar cuerpos, junto al historiador Gerardo Vargas Hurtado, tiene contacto con soldados y conversa con los peruanos que vivían allí, quienes le dan referencias sobre la batalla y el sacrificio de Alfonso Ugarte.

El cuadro [primera imagen de este post], que titula “El último cartucho”, se exhibe ese mismo año en la Casa Dubois (actual Jirón de la Unión) e impacta por su drama, movimiento y violencia, además de sus dimensiones (de 4.90 x 2.94 metros).

Un día antes del inicio de la muestra, el 21 de octubre de 1899, acude el presidente Eduardo López de Romaña. Impresionado, solicita al ministro de Instrucción (ahora de Educación) que sea visitado por los estudiantes y se use para dictar las clases de historia. Los alumnos, según registran los diarios, recitan poesías y se permite el ingreso del público, el cual rememoraba, impactado, la tragedia de una reciente guerra, que había vivido y padecido.

"La proclamación de la Independencia" (1904). Juan Lepiani lo pintó en Roma. La documentación fue una complicación para él, por lo que, según Saldaña, no hace retratos. Los personajes están dando la espalda y se reconoce a San Martín sin ver sus rasgos faciales. "Solo uno mira y se asume que es Lepiani. Era una práctica renacentista que el autor de la obra se coloque en el cuadro", indica la investigadora.

ILUSTRADOR HISTÓRICO

Juan Lepiani (Lima, 1864 – Roma, 1932) mostró temprano interés por la pintura histórica. Fue discípulo del pintor español Ramón Muñiz. En Europa, a donde viajó para desarrollar su técnica, realizó copias de obras de Rafael y Tiziano, entre otros. En total realizó 34 cuadros, de los cuales 10 son sobre historia nacional.

“La visión histórica de Lepiani abarca desde la llegada de los españoles hasta la República. El único cuadro con presencia inca es ‘La captura de Atahualpa’. Ello se deba, quizá, por lo complicado que era conseguir registro visual y documentos del Tahuantinsuyo. Para los pintores del siglo XIX, la fuente documental eran los textos. Y, tras su viaje a Europa, Lepiani no contaba con ese material, por lo que, muchas veces, solicitaba imágenes y recortes que le enviaban del Perú”, indica Saldaña, licenciada en Historia del Arte por la Universidad San Marcos y autora de la tesis.

Los cuadros más representativos de Lepiani son “Los trece de la Isla del Gallo”, “El asesinato de Pizarro”, “La conferencia de Punchauca”, “La proclamación de la Independencia”, “La respuesta”, “El último cartucho”, “Alfonso Ugarte”, “El ingreso de Piérola por Cocharcas”, entre otros, que tienen presencia obligatoria en los libros, nos permiten evocar la historia y pertenecen al imaginario popular. 

Información proporcionada por Ana Karina Saldaña. Complementariamente, indica que Juan Lepiani hizo dibujos al carboncillo, trabajos en acuarela, óleo sobre tela, lienzos, técnica mixta y trabajos de restauración.

Si bien Lepiani no abordó la época preinca, el virreinato o la figura de Miguel Grau, resalta su admiración por Francisco Bolognesi, la cual se basaría, probablemente, porque, cuando se declaró la guerra del 79, el héroe nacional ya estaba retirado del Ejército. Por ello, dos de sus principales cuadros tienen como elemento central a Bolognesi: tanto “La Respuesta”, como “El último cartucho”. Ambas pinturas, ubicadas en el Museo de los Combatientes del Morro de Arica, permiten diversos análisis.


NARRATIVA HISTORIOGRÁFICA

Siempre está el criterio de verificar si la representación en el cuadro coindice con el suceso histórico, analiza Saldaña. “Lo cual es complicado porque en el siglo XIX, con movimientos como el romanticismo o el arte pompier, que es donde ubico a Lepiani, se decía que el artista, como tal, tenía libertad en su representación con la intención primordial de que el mensaje llegue al observador sin considerar la exacta verosimilitud o no con el suceso. Tengamos en cuenta, además, que pintar un cuadro histórico es complicado, sobre todo al comparar las fuentes”, considera.

No obstante, resalta que Lepiani siempre tuvo el deseo de hacer representaciones muy cercanas al suceso histórico, como consta en sus documentos, manuscritos y cartas, que mantenía con Ricardo Palma o con el historiador Emilio Gutiérrez de Quintanilla, a quienes les pedía información, durante su estancia en Europa, para pintar, por ejemplo, “La proclamación de la Independencia”. 

"La captura de Atahualpa"
Además del estudio que hacía en los escenarios “reales”, como el morro de Arica o en Miraflores, escenario de la defensa de Lima, tras lo cual pintó “La defensa del tercer reducto de Miraflores”.

Es así que Saldaña encontró, en su archivo, recortes periodísticos con imágenes de La Serna,  San Martín o Grau. La investigadora resalta que Lepiani siempre tuvo la intención de representar a un héroe en sus cuadros. De hecho, en una de sus cartas, el pintor explica que, cuando representó a Francisco Bolognesi o Alfonso Ugarte, “personas dignas de aprecio”, buscaba rendirles homenajes por haber dado su vida a la Patria y para que, en la posterioridad, se sepa sobre sus sacrificios. Lo logró. 

El ingreso de Piérola por Cocharcas. Fue un cuadro solicitado. Lepiani tuvo contactos con varios presidentes, entre ellos Piérola. De hechos, a otros mandatarios les hizo retratos. "Lepiani se codea con la élite cultural y política. Pero no me atrevo a decir que era pierolista", afirma Saldaña.

Otros cuadros de Lepiani.

"La defensa del tercer reducto" (1894). Según la prensa de la época, le tomó tres meses de trabajo. "Se rompe la idea de que los cuadros sean con personajes tiesos. Acá están en movimiento. La pincelada es más ligera. El personaje que destaca es Narciso de la Colina, quien estaba a cargo del reducto N. ° 3", indica Saldaña.

"Alfonso Ugarte" (ca. 1922). Al terminar esta pintura, un veterano de guerra le cuestionó la representación del héroe, ya que jamás se lanzó del morro y murió en batalla -aseveró. El artista, cuya carta está publicada en un periódico, respondió que su intención fue rendirle homenaje. Como dato adicional, en este cuadro, Lepiani firma con doble "p": Leppiani. Saldaña reconoce que esa era una práctica común en el siglo 19. Incluso, en algunos documentos no firma como Juan y sí como "Giovanni Leppiani". 
"Los trece de la isla del Gallo" (1902). Saldaña explica que el arte pompier es un estilo académico y es ecléctico: sigue los lineamientos de la academia, tiene dibujo neoclásico, el color barroco, temas románticos, el hiperrealismo de la fotografía. Se contrapone al impresionismo. 

"La conferencia de Punchauca" (ca. 1921). Saldaña encontró, en su archivo, recortes de La Serna y San Martín. "Cuando le manda cartas a Gutiérrez de Quintanilla o Palma, le pide información sobre los uniformes. Además, él buscaba otras fuentes, como las representaciones teatrales que veía en Europa. En la medida de lo posible, buscó hacer una representación fidedigna, pero, cuando no se podía, obtenía información de recortes o diccionarios de vestimentas", comenta.

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8 de agosto de 2018

Giuliana Huamán: “Empoderatec seguirá creciendo, seremos un equipo más grande”

Empoderatec, la comunidad que visibiliza a las mujeres en tecnología, seguirá desarrollándose y tendrá, además, una segunda línea de acción. Pero el camino no fue, ni es plano. Su fundadora cuenta los fracasos y dificultades que superó para formar la StartUp que inspira y motiva a muchas mujeres.

Giuliana Huamán, administradora por la UNMSM.
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Giuliana venía pensando, durante mucho tiempo, cómo visibilizar a las mujeres que desarrollaban tecnología en el país. Entonces integraba, junto a las principales mentoras en emprendimientos del país, un grupo que se reunía, cada cierto tiempo, para generar ideas que convoquen a más mujeres al ecosistema peruano. “¿Si hacemos desayunos?”, se pensó.

Pero Giuliana quería hacer algo más. Fue cuando surgió su lado artístico. Sentada, en su cama, proyectó realizar un documental sobre las emprendedoras más destacadas en tecnología del Perú. Hizo un storyboard y planteó la propuesta en la siguiente reunión. A todas les gustó y le pidieron que lo realice. “Eres coach, artista, la has fregado, desarrollas personas”, le dijeron y dieron su respaldo. Eres tú. Así, diseñó Empoderatec y empezó a trabajarlo. Era julio de 2016.

Luego la idea mutó. Se convirtió en microdocumentales: virales que lleguen a todo el país.

“Empoderactec es una comunidad que visibiliza a las mujeres peruanas en tecnología, ciencia e innovación. Buscamos contar historias, pero no las de los emprendimientos. Nos enfocamos en la emprendedora como mujer. Así, quienes las ven se conectan con ellas. Muchas mujeres aprecian, en los casos que mostramos, que siendo madres o de una universidad pública también pueden hacer emprendimientos”, refiere.

Desde el primer video que publicaron, les escribieron por inbox. Muchas les contaban el impacto que generaban en sus vidas, sus propias historias y el deseo de realizar sus sueños. Pero también sus temores. Miedo a dejar sus trabajos, a contarles sus proyectos a sus esposos o padres, a saber si es la decisión correcta.

Por ello surge la segunda línea de trabajo de Empoderatec: el desarrollo de habilidades blandas.

“Empoderactec se va a convertir en un programa de desarrollo de soft skills (habilidades blandas) para mujeres. Ayudaremos no solo a visibilizar su labor, también trabajaremos sus capacidades para el desarrollo personal, antes del empresarial”, explica.

Empezarán el primer boot camp (curso intensivo) en Arequipa, en agosto. Para este año, además, estarán en Cusco y Huánuco. En cada ciudad capacitarán a, mínimamente, 50 personas, en un programa de formación de tres días. El objetivo es ambicioso: llegar a más provincias, de la costa y de la selva.

Giuliana advierte que ser emprendedor es bonito, pero requiere preparación emocional, exigencia personal y motivación para vencer la incertidumbre. “Queremos preparar ese tipo de habilidades”.



¿Dónde está el hombre del grupo?

Porque el camino no siempre es plano. Recuerdos no faltan. Giuliana rememora cuando realizó su primer emprendimiento. Tenía 25 años y había trabajado para empresas top del país. Pero tuvo un accidente que se convirtió en un antes y un después en su vida. Tras su recuperación decidió dejarlo todo y hacer solo lo que le apasionara.

Comenzó a investigar en redes. Así, poco a poco, se introdujo en el mundo de la tecnología. Postuló e ingresó a una pasantía que se hizo en el Perú, similar a como se desarrollan en Silicon Valley, dictada por reconocidas mentoras. Durante un año aprendió cómo desarrollar StartUp, herramientas de innovación y tecnologías nuevas. Al terminar el programa debía realizar su emprendimiento. El primero en su vida.

Pero fue un fracaso.

Para el proyecto se fusionó con dos compañeras: una programadora y otra de operaciones. Hicieron todo lo no recomendable. Alquilaron un departamento, se autofinanciaron, no quisieron recibir capital externo. Les pasó de todo. Las estafaron. Quedaron endeudadas, pero les quedó una enseñanza y un logro gratificante.

Era la primera vez que se fusionaban tres mujeres para hacer una StartUp, en el ecosistema de entonces. Se estaba en la segunda generación de StartUp Perú. Postularon y pasaron a la última ronda. Cuando ingresaron a la evaluación, las primeras preguntas que les hicieron fueron: ¿Y dónde está el hombre del equipo?, ¿quién programa en este equipo? Ninguna mujer integraba el jurado del certamen.

¿Qué está pasando?, pensaron. Lo denunciaron y desde la tercera generación, hasta hoy, hay una mujer en la mesa como jurado de StartUp Perú.



Los domingos no le contesto ni a Obama

Soy administradora de empresas por la Universidad San Marcos, artista escénica y coach. Desde hace 4 años me estoy especializando en temas de innovación y desarrollo de metodologías ágiles. También soy storyteller. Doy conferencias y me encanta viajar y capacitarme. Trato de nutrirme con nuevos conocimientos y regresar al Perú.

Giuliana, además, apunta a realizar su maestría y ser una emprendedora en serie. “Me gusta convertir ideas en proyectos. Formar equipos, delegar y dirigirlos”.

Gracias a sus experiencias y facetas ingresó a un programa de innovación y emprendimiento que, una vez al año, realiza el Massachusetts Institute of Technology (MIT). Este 2018 postularon cerca de 6 mil personas (ingresaron solo 100) y se desarrolla en Río de Janeiro, Brasil.

Pero también está la otra Guiliana Huamán. Quien brota espontaneidad. Es natural. Dice malas palabras y no tiene frenos. Superó la presión familiar y social. La fregó, se fue a la quiebra y se levantó. Se siente capaz de todo, es aventada y lo logra.

¿Cómo superó sus miedos cuando se fue a la quiebra?  Se preguntó si quería volver a trabajar. Su respuesta fue no. “Tenía que seguir. Y no me equivoqué”.

Sale con sus amigos y también se la pega. Generalmente hace deporte porque quiere tener una vida equilibrada. Sus domingos son sagrados. Ella y su cama. “Los domingos no le contesto a nadie, ni a Obama”, advierte.

También es embajadora de Niña Valiente, mentora en incubadoras peruanas, egresada del Founder Institute, columnista de Mujeres Emprendedoras del Mundo y becaria del PNUD.

Empoderatec es el punto en el que se fusionaron todas las cosas que hizo en su vida. El proyecto que empezó para ser un documental, en julio de 2016, y fue mutando, de reunión en reunión. En el camino, el Ministerio de la Producción se convirtió en el patrocinador de la primera temporada. Publicaron los primeros videos a inicios del 2018. Y, desde entonces, no han parado. La segunda temporada es patrocinada por la Universidad del Pacífico.

Explica que ahora es un movimiento que se podrá convertir en un modelo de negocio interesante. Por ello, Empoderatec seguirá creciendo, con un equipo más grande. Seguirán haciendo videos, para continuar visibilizando el trabajo de mujeres en tecnología, pero también se enfocarán en los boot camps, sobre todo en provincias, donde las necesidades son mayores. Y seguirá. Imparable.

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6 de mayo de 2018

Sonrisa Crema: pasión solidaria de hinchas de la 'U' y simpatizantes de Alianza Lima

Un grupo de hinchas de Universitario de Deportes formó una asociación de ayuda social que, ahora, también integran simpatizantes de Alianza Lima. ¿Se puede esperar un gesto de solidaridad de la Trinchera Norte, la barra radical del club estudiantil?

Foto: Sonrisa Crema.


PASIÓN SOLIDARIA

Katherine Guerrero recuerda el día de marzo del 2017 cuando Renzo, integrante de la Trinchera Norte, la barra radical del club Universitario de Deportes, la llamó a su celular. Ella, como vicepresidenta de Sonrisa Crema, una asociación solidaria, encabezaba una campaña para conseguir fondos y llevar útiles a escolares de Pisco.

- ¿Qué están vendiendo? –preguntó Renzo.

- Llaveros. Los ofrecemos afuera del estadio Monumental –respondió Katherine.

- Flaca, tenemos 400 calendarios que les podemos donar para que los vendan –ofreció el miembro de la Trinchera.

- ¿De verdad? ¿A cuántos los podemos vender para darles una parte?

- No. Todo lo que junten es para Sonrisa Crema, porque sabemos que ustedes se sacan la conchasumadre –prosiguió Renzo.


Horas después, cerca de 400 calendarios que la Trinchera Norte elaboró sobre el club y su historia, y vendía a 10 soles cada uno, estaban en la casa de Katherine. No lo podía creer. “No te esperas ese gesto de la barra”, comenta.

Así, Sonrisa Crema consiguió parte de los fondos que necesitaba para su campaña escolar.

Foto: Sonrisa Crema.

LABOR

En setiembre de 2016, Jean Pierre y Katherine notaron que muchos hinchas de la 'U' participaban en labores sociales y luego los veían en las tribunas. Entonces, pensaron en formar una asociación.

- ¿Por qué no formar nuestro grupo? Conocemos gente de la 'U' que siempre apoya… ¿Pero, funcionará? –se preguntaron.

Programaron una primera actividad para diciembre de ese año: repartir regalos en los alrededores del estadio Lolo Fernández, en Breña, a los niños que trabajan en la calle. Tenían planificado entregar 33 obsequios. Al final, repartieron más de 90, incluidos alimentos a las personas que viven a la intemperie, en el Centro de Lima. Así nació Sonrisa Crema, cuyas actividades se estructuran en cuatro pilares: educación, salud, deporte y labor social.

Después de esa Navidad, han realizado, hasta el momento, otras campañas en Villa María del Triunfo, Chosica, Alpas (Barranca, norte de Lima) y Pisco, donde sabían que encontrarían más hinchas de Alianza Lima que de Universitario, pero, ello, no debilitó su voluntad de ayudar. De hecho, tres de los doce integrantes de la asociación solidaria... ¡son hinchas blanquiazules!

Para conseguir fondos, además de recibir donaciones y vender merchaidising, ellos aportan determinadas cuotas. Y para las campañas, además, cuentan con dos ONG aliadas que se encargan de la salud bucal. Así, no solo dan charlas de prevención, sino que también contribuyen a mejorar la salud de las personas.

Junior, jefe de proyectos del grupo, explica que son conscientes que no pueden solucionar todos los problemas de las personas que viven en los lugares adonde llegan, por lo que tratan de incidir en la prevención: “No se puede curar a todos, pero sí prevenir enfermedades”. Por ello, están en la búsqueda de voluntarios y profesionales.

Su meta, además de ser reconocidos por el club y cambiar la imagen negativa de los hinchas, es mejorar la calidad de vida de las personas.

- “No vamos a tomarnos fotos –aclara Junior–. Tampoco queremos solo entregar donaciones. Buscamos aportar a la localidad, que mejoren y salgan adelante por sus propios medios”.

Sunqu Crema es otra organización, de hinchas merengues, de ayuda social. Foto: Sunqu Crema.

‘LOLO’

“Que los nuevos 'U' recuerden que para ser 'U', hay que ser honrados, trabajadores y gente de bien. Quien no se sienta capaz de tener un comportamiento acorde con esas cualidades, que ni siquiera piense en ser hincha de la 'U'. Ejemplos hay miles y hay que seguirlos", dijo, alguna vez, Teodoro ‘Lolo’ Fernández, principal ídolo y referente del club.

Bajo esos ideales, además de la personalidad de ‘Lolo’, quien en vida demostró ser una persona correcta, sencilla y con coraje, Sonrisa Crema formó sus principios.

Para ellos, ser hinchas del club crema es un estilo de vida que llevan en las venas.

- Ir a la cancha o estar acá, en el Lolo (el estadio), es importante para nosotros –indica Katherine.

A su pasión, ellos le sumaron solidaridad. Un trabajo cuya remuneración es emocional. “Las personas te abrazan y tenemos que contenernos”, comenta Dayana, encargada de la Secretaría y Contabilidad del grupo. Agrega que les llena ver tanta alegría. Que es, al final, lo mejor que reciben y la razón de su nombre: sonrisas cremas.


***

BUEN CORAZÓN


Sunqu Crema (corazón crema) es otra organización integrada por hinchas de la “U” que, desde el 2015, realiza iniciativas en distintas regiones. Al año, trabajan tres actividades: Campaña Escolar – Tiyakuy (derecho a la educación), Campaña de Heladas – Qhataya (derecho a la salud) y Campaña de Navidad – Ayni (derecho al esparcimiento).


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13 de enero de 2018

"Universitario de Lima: Una experiencia fantástica", por Ángel Cappa

Apertura del 2002. Ángel Cappa (Argentina, 1946) es el técnico de Universitario de Deportes, equipo con el que pasó “esos seis meses infinitos” de peripecias, golpes anímicos, situaciones increíbles… Las siguientes líneas, además de otro texto acerca del peso de la camiseta de Universitario, fueron escritas por Cappa en su libro ¿Y el fútbol dónde está? (Peisa, 2004), sobre esa angustiante campaña, que, después de todo, tuvo un fantástico final: el campeonato, en finales definitorias contra Alianza Lima… contra todo y contra todos.

Abrazo triunfal entre Ángel Cappa y Roberto Molina. 
*
Universitario de Lima: Una experiencia fantástica

“Nunca nada importa tanto como tomar partido a favor de un sueño”
ARIEL SHER

Era el último partido del torneo Apertura 2002 en Perú. Universitario, que yo dirigía, y Alianza Lima empatábamos en el primer puesto. Nosotros jugábamos contra Melgar de Arequipa y ganábamos 4 a 2 en tiempo de descuento. En Sullana, en tanto, Alianza Lima enfrentaba a Alianza Atlético de esa ciudad y yo no sabía cómo iban, aunque sospechaba que la cosa nos era favorable porque estaba rodeado a fotógrafos, cámaras y micrófonos. Si Alianza no ganaba, éramos campeones.

De pronto vea a Fatiga Russo que viene hacía mí, con los ojos empapados y los brazos abiertos.

- Terminó allá, Ángel, somos campeones –me dice.

Nos abrazamos emocionados y en un segundo había como 50 personas gritando alrededor nuestro la euforia del título. Inclusive entraron a la cancha, levantaron en andas a los jugadores y obligaron al árbitro a terminar el partido.

Yo no quise que nadie me viera aflojando y me fui al vestuario. Allí estaba solo, sentado con la mirada perdida y recordando todo lo que habíamos pasado en esos seis meses infinitos, cuando veo entrar a Chemo del Solar, demasiado serio y sereno, teniendo en cuenta la circunstancia. 

- ¿Qué pasa? –le pregunté sorprendido. 
- Ganó Alianza –dijo–. Tenemos que jugar finales.

Alguien que estaba escuchando el partido de Alianza Lima por radio creyó oír que había terminado empatado y desató la falsa alegría que nadie pudo controlar por varios minutos. Pero resulta que no, que en el último minuto del descuento en Sullana hubo un penal para Alianza Lima, que convirtió, de modo que terminamos igualados. Habría finales y parecíamos estúpidos cantando, emocionados sin motivo, sintiéndonos campeones antes de tiempo.

Inclusive un miembro del cuerpo técnico de Alianza se lo dijo con sorna a un periodista:

- ¿Cómo van a ser campeones estos tipos si dieron la vuelta antes de tiempo? Ni la radio saben escuchar.

El mazazo fue terrible. Otro golpe anímico brutal para un grupo que había soportado situaciones increíbles para llegar al último partido compartiendo la punta. 

Ibáñez, Cappa y Maldonado. Vuelta en (U)

Toda esta historia empezó en Madrid. De la mano de Chemo del Solar, el presidente de Universitario, doctor Javier Aspauza, había viajado para contratar a un técnico capaz de encabezar un proyecto que debía terminar devolviéndole al club el prestigio internacional que alguna vez tuvo.

Hablaron con Juan Manuel Lillo, entrenador español que había sido de Chemo en el Salamanca, representante del buen fútbol, pero no estaba dispuesto a la aventura. No conocía el medio sudamericano y prefirió seguir esperando una ocasión en Europa.

Entonces apareció mi nombre y Chemo se comunicó conmigo para establecer una cita con el presidente.

Nos juntamos para comer y hablar de fútbol y del proyecto. Coincidimos en todo. Lo que había que hacer y hasta en los detalles. 

- Una cosa quiero dejar clara, presidente –dije yo casi como una premonición–. Es imposible llevar a cabo este proyecto si no hay un respaldo económico adecuado. Estoy cansado de estar en equipos –especialmente en Argentina– donde todo se viene abajo por la falta del dinero indispensable.

Y expuse mi teoría de que nunca un equipo puede sostener a una institución sino que la cosa es, o debe ser, al revés, para no depender dramáticamente de los resultados inmediatos.

- Quédese tranquilo –me respondió el doctor Aspauza–, yo pienso como usted.

En la primera reunión que tuve con los jugadores, ya en Lima después de las presentaciones y de que yo expusiera el plan de trabajo para la pretemporada, choqué violentamente contra la realidad. 

- Perdone, Ángel, pero nosotros no vamos a ir a ninguna concentración en pretemporada hasta que no nos paguen lo que nos deben –me aclararon los jugadores. 

Ese fue el comienzo de un problema que nunca encontraría solución. En ese momento yo temí la repetición de una historia conocida, pero nunca supuse su fantástico final. 

Reseñar las peripecias que tuvo que pasar el plantel por ese motivo sería interminable. Baste con decir que no hubo dos días seguidos de entrenamiento normales. Reuniones de todo tipo, conflictos permanentes, promesas que nunca se pudieron cumplir, en fin, lo habitual en situaciones como esta que suelen termina con la ilusión de cualquiera.

Inclusive les dije a los periodistas que ese era el camino más directo al fracaso que yo conocía.

Al principio los resultados disimularon en parte el fondo de la cuestión, hasta que tuvimos tres derrotas consecutivas en los tres últimos partidos de la primera vuelta y nos pusimos bastante lejos de los primeros.

Cuando todo estaba a punto de desmoronarse definitivamente, me pareció oportuna una reunión con todo el plantel para tomar una decisión impostergable: seguimos exigiendo lo que nos debían, que ya era mucho y perturbaba indudablemente nuestra dedicación al fútbol, o nos olvidábamos del tema, arreglándonos como pudiéramos, y nos comprometíamos a pelear hasta el final, dentro de la cancha.

Las dos cosas eran incompatibles, como habíamos podido comprobar, porque reclamar permanentemente ante los dirigentes para recibir las mismas respuestas siempre, desgasta demasiado y genera un malestar que altera el estado anímico ideal para jugar al fútbol. 

Decidimos, todos juntos, luchar por el campeonato. Todavía había tiempo. No obstante, seguiríamos reclamando, pero aceptando en la intimidad que no habría una solución inmediata. 

Fue en ese momento cuando el grupo selló definitivamente su gran cohesión interna. 

El Puma Carranza en la segunda final.

Inclusive las críticas que aparecen siempre en las derrotas, y que afectaron principalmente a los jugadores más veteranos, reforzaron aún más la unión y el ánimo del plantel.

Ganamos los tres siguientes partidos y nos pusimos a tres puntos de Alianza, que iba primero, en vísperas del clásico, precisamente. Era la primera gran oportunidad que teníamos para volver a la punta, pero perdimos jugando el peor partido del campeonato. El golpe fue doble. La derrota, por un lado, y la muy mala actuación, por otro. Y nuevamente a seis puntos, faltando solo siete partidos.

Había que ganar todos los partidos que faltaban. No podíamos ni empatar si queríamos mantener opciones al título. Poco después ocurrió lo que, am mi modo de ver, fue el hecho más importante para nuestras aspiraciones. El Nuno Molina envió un telegrama intimando a la entidad a que le pagara la deuda que tenía con él o dejaba de jugar, rescindiendo el contrato de acuerdo con una cláusula que lo advertía. Les daba 48 horas. Sucedió un viernes y el domingo siguiente jugábamos contra Coopsol en Trujillo. El presidente estaba de viaje y ejercía esas funciones el vicepresidente, doctor Luis Galindo, quien esa noche me llamó por teléfono para comunicarme que Molina quedaba desafectado del club en razón del telegrama recibido.

- No te apresures, por favor. Déjame hablar con el Nuno –le pedí.
- Haga usted lo que quiera, pero la decisión ya está tomada –me contestó con tono autoritario, abandonando el tuteo que hasta ese momento manteníamos.

Hablé con el Nuno para saber si cumpliría su amenaza de no jugar en caso de que no le pagaran. Me dijo que no, que solo lo había hecho para presionarlos, pero que él no tenía intención de abandonar el grupo.

A la mañana siguiente, último entrenamiento antes de viajar, Galindo y otros tres dirigentes me llaman a una reunión en una de las oficinas del estadio, junto al Nuno, para comunicarme la resolución de la directiva. Molina les aclara que no pensaba cumplir la intimidación, que solo quería cobrar lo que le debían, pero que iba a jugar hasta el final del torneo de todos modos.

Los dirigentes permanecían firmes en su postura. En medio de la conversación, inesperadamente, aparecieron todos los jugadores y entraron a la reunión, vestidos para entrenar. Les pidieron, les rogaron a los dirigentes que no tomaran esa medida, que los dejaran jugar el partido en paz porque era muy importante para el futuro del equipo, que postergaran la sanción hasta el lunes, esperando la llegada del presidente.

No hubo nada que hacer y el Nuno fue separado del plantel. Pasamos toda la mañana discutiendo, no pudimos entrenar y viajamos a Trujillo en las peores condiciones anímicas. Molina también viajó por su cuenta para acompañar al grupo.

El partido se tomó como un desafío. A esa altura eran demasiados los inconvenientes que había que superar, internos y externos, ya que ocurrían cosas muy difíciles de entender y se sucedían como para no creer fácilmente que fueran obra de la casualidad. Por ejemplo, que en nueve partidos nos expulsaran a un jugador antes de la media hora, o que un árbitro que se cayó al tropezar ligeramente con Chemo del Solar lo echara de la cancha enérgicamente, y después, aunque un video demostrara claramente lo fortuito del choque, le dieran a Chemo un partido de suspensión.

Lo cierto es que ese día ganamos en Trujillo 3 a 0 y cada gol se festejó como un título del mundo. Fue una especie de rebeldía ante todas las injusticias que estábamos aguantando.

Volvimos a Lima más fuertes que nunca. Si no reincorporaban a Molina, habría varias renuncias. Inclusive la mía. El presidente anuló la decisión de la directiva, el Nuno Molina se reintegró y el siguiente partido lo ganamos 1 a 0 con gol suyo, de locales en el Monumental.

Hubo otros hechos que demostraron el alto grado de compromiso colectivo de este plantel. El más significativo fue cuando un domingo, Día de la Madre, después de un triunfo el día anterior, yo programé un entrenamiento porque debíamos jugar el miércoles siguiente. Era voluntario para los que habían jugado más de 45 minutos y asistieron todos, no faltó ninguno, y para entonces ya nos debían más de tres meses.

Otro día regresábamos de Huancayo, donde habíamos jugado a más de 3000 metros de altura ganándole al equipo local y dando un paso decisivo para, al menos, disputar las finales.

Le pregunto a Chemo que viajaba en el avión cerca de mí.
- ¿Sabe lo que en realidad me gustaría, Chemo?
- Lo mismo que a mí, seguramente –me respondió–: llegar a una final con Alianza y ganarles ahí, en la precisa.

Ese era el sentir –además– de todo el plantel, porque con Alianza habíamos perdido los dos clásicos y no queríamos ser campeones con esa deuda pendiente.

Y así fue, salimos campeones después de vencer a Alianza Lima en dos partidos definitorios.

El momento esperado.

Pero nunca la alegría de un título debe de haber durado tan poco. Al día siguiente ya sentíamos una pena enorme, porque sabíamos que ese grupo se rompería por cuestiones económicas. Habíamos llegado al límite del esfuerzo y así no se podía continuar. Estábamos satisfechos, de todos modos. La lucha nos había salvado el orgullo y la dignidad, que no es poco en los tiempos que a uno le toca vivir. Habíamos cumplido el compromiso que asumimos colectivamente sobreponiéndonos a todos los inconvenientes, que fueron muchos y en algunos casos muy difíciles. En todo momento nos mantuvimos juntos. Nunca nadie se sintió más que todos y cada uno aceptó el papel que le tocó: los que fueron titulares, los que sabían que eran sustitutos e inclusive los que no jugaron ni un minuto.

Todos con la misma alegría y predisposición. Por eso el título fue un premio para todos y cada uno de los integrantes del plantel.

En una sociedad que nos presenta la solución individual como la única posible, este grupo de jugadores había dado muestras asombrosas de lo que aún significa la fuerza comunitaria.

Para el periodista argentino Ariel Scher, que escribió sobre el tema, fue “una lección de vida… un regalo del fútbol en medio de todo lo que la realidad quita”.

A mí me quedó una profunda satisfacción, muy parecida a la felicidad, por haber participado en esta historia tan complicada, tan edificante y hermosa que me anima a juzgar fantástica. Fuimos campeones contra todo y contra todos.



*
Tomado de:
Cappa, Ángel (2004). ¿Y el fútbol dónde está? Lima: Ediciones PEISA.

Portada del libro de Cappa.
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