31 de octubre de 2020

Crónica: el acceso al agua en el Perú rural durante la pandemia por la COVID-19

¿Qué sucedió en el ámbito rural del Perú durante el aislamiento social por el COVID-19 respecto al abastecimiento de agua para consumo humano? ¿Cuál es la situación de la prestación de los servicios de saneamiento para evitar la propagación del nuevo coronavirus (entre otras enfermedades) en la serranía del país andino? La siguiente crónica permite graficar parte de lo vivido.* 

Foto: Internet

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Todas las ferreterías estaban cerradas y hacía tres días que se les había terminado el cloro. La preocupación crecía en Juan Carlos Zambrano pues lo requerían con urgencia para desinfectar el agua que se distribuye a los habitantes del centro poblado Huambocancha Alta, ubicado en el distrito, provincia y región de Cajamarca, al norte del Perú. Era la primera semana de abril, se iba a cumplir un mes del estado de emergencia y aislamiento obligatorio para evitar la propagación del nuevo coronavirus –decretado desde el 16 de marzo del 2020 en el país andino– y él, como presidente de la organización comunal encargada de proveer el agua a la población, pensaba que las más de 100 familias a su cargo no podían quedarse, justamente en esa coyuntura, sin el agua para sus labores diarias y, sobre todo, prevenir al covid-19.

“Estamos desabastecidos”, le confesó Zambrano con incertidumbre a Marya Chilón, integrante de la Asociación Los Andes de Cajamarca (ALAC), cuando lo llamó para preguntarle cómo iba la cloración. Chilón es ingeniera industrial y encargada de monitorear a organizaciones comunales de Cajamarca encargadas de la prestación de los servicios de saneamiento. “¿Cómo va la cloración?”, le había preguntado a Zambrano. “Compártenos el dato de algún proveedor de cloro. Estamos desabastecidos”, escuchó.

Chilón empezó a averiguar entre sus contactos. Días atrás, ALAC, una organización social promovida por una empresa privada de la región, había repartido cloro, entre otros materiales a diferentes organizaciones comunales, específicamente a las llamadas juntas administradoras de servicios de saneamiento (JASS).

En el Perú, los servicios de saneamiento –ya sea de agua potable, de alcantarillado sanitario, tratamiento de aguas residuales o disposición sanitarias de excretas– son brindados, en el ámbito urbano, por las empresas prestadoras (EPS), y en las pequeñas ciudades, que están fuera del ámbito de una EPS, por las municipalidades, mediante unidades de gestión municipal (UGM) u operadores especializados. En tanto, en el ámbito rural, las encargadas son las organizaciones comunales, que abastecen a los centros poblados y pueden adoptar diversas formas, como las JASS, JAAP, entre otras.

La JASS Chorro Blanco tiene suficiente cloro y está cerca de la JASS Manzanas Capellanía –que preside Juan Carlos Zambrano–, advirtió Marya, tras revisar la información de las organizaciones comunales a su cargo. Recordó que ALAC, mediante el proyecto “Fortaleciendo la gestión del agua”, les había entregado cloro, entre otros materiales. “Estimado Humberto, quisiéramos coordinar la disposición de cloro”, conversó telefónicamente con José Humberto Chávez, presidente de la JASS Chorro Blanco, ubicada a unos cinco kilómetros de Manzanas Capellanía. “Sí, mis directivos son buenos. Llámelo a Zambrano para acordar”, le respondió Chávez.

Para los prestadores de los servicios de saneamiento en el ámbito rural, como las JASS Manzanas Capellanía o Chorro Blanco, así como los más de 28 mil que existen en el Perú, según registros oficiales, el cloro es fundamental para eliminar las bacterias y parásitos del agua, que se capta de manantiales, ríos u otras fuentes naturales, y no sigue un proceso de potabilización, como lo realiza Sedapal, la empresa prestadora encargada del abastecimiento de agua en Lima. Según la Defensoría del Pueblo del Perú, el 28 % de los hogares rurales se abastecen de agua de pozos, ríos, acequias, entre otros. Por ello, la cloración en los centros poblados permite prevenir enfermedades y reducir las tasas de anemia.

- “Me va a vender o prestar”, quiso saber Zambrano, cuando se enteró de la posibilidad de obtener cloro de otra JASS.

En el mercado, cada kilo de cloro cuesta 18 soles (poco más de 5 dólares). La JASS Manzanas Capellanía necesitaba cuatro kilos para la cloración de dos meses. La preocupación por su precio se basa en que la financiación de las JASS, en el mencionado país, se sostiene en la cuota que paga cada familia beneficiada con el agua y cuyo monto no suele ser suficiente para cubrir todos los gastos de operación y mantenimiento del sistema. Dicha cuota familiar suele variar entre un sol al mes –como en Manzanas Capellanía– hasta montos no muy superiores. “La cuota familiar no es el valor real que necesitan las organizaciones familiares”, afirma Chilón.

- “Que venga, yo coordinaré con él”, ofreció Chávez, de la JASS Chorro Blanco.

“La emergencia por el COVID-19 ha llevado a autoridades y periodistas a poner atención en la carencia del servicio de agua en las ciudades. Pero en las zonas rurales es donde están las brechas más grandes. Llevar el agua a centros poblados y comunidades campesinas representa un esfuerzo que pocos conocen: por la distancia en la que se encuentran de las ciudades, es imposible que accedan a las redes urbanas de agua y desagüe”,tuiteó el entonces ministro de Vivienda, Construcción y Saneamiento, Rodolfo Yáñez, el 22 de marzo, quizá sin saber el periplo por el cloro que se viviría en Huambocancha Alta, unos días después.

En el hilo que publicó en su cuenta de Twitter, el ministro aseveró que, para el 2020, se tiene planeado entregar 363 obras, que permitirán tener agua de calidad en sus casas a más de 260 mil peruanos que habitan en las zonas rurales. “Las inversiones en el país han privilegiado el ámbito urbano, especialmente las ciudades de mayor tamaño, no obstante, la brecha para alcanzar la cobertura universal en agua potable, en el ámbito urbano es de 5.5 %, mientras que en el ámbito rural es de 28.8 %”, señala, justamente, el Plan Nacional de Saneamiento 2017 – 2021, del Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento (MVCS).

Asimismo, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) del Perú, en su documento “Acceso a los servicios básicos en el Perú, 2013 – 2018”, en el ámbito rural, al 2018, el 73.6 % tiene abastecimiento de agua por una red pública y solo el 29.3 % tiene servicio de alcantarillado (de una población total de 7 millones de personas que habitan en el ámbito rural). La misma entidad advierte que, en la zona rural, solo el 2.6 % de la población accede a los niveles adecuados de cloro residual en el agua que se utiliza para consumo humano. Dicha cifra, en Cajamarca, llega al 12.4 % de la población y es esa región la que cuenta con la mayor población rural, con el 13.6 %.

Los problemas en las zonas rurales, durante la cuarentena, de hecho, no solo estuvieron relacionadas con los materiales para la cloración, también con los implementos de protección para dicho proceso, como guantes y mascarillas que deben tener los operadores para protegerse. “Se evidencia que los servicios de agua en el ámbito rural están en malas condiciones, siendo las causas directas de esta situación las siguientes: (i) limitada participación de la comunidad; (ii) inadecuada gestión financiera, ya que las cuotas no cubren con los costos de operación y mantenimiento; (iii) deficiente gestión técnica; (iv) deficiente mantenimiento de la infraestructura, pues no cuentan con el personal capacitado ni con las herramientas necesarias; (v) ausencia de supervisión”, sentencia el referido Plan 2017 – 2021 y recuerda el Decreto Legislativo 1280 (“Ley Marco de la Gestión y Prestación de los Servicios de Saneamiento”, el actual marco normativo que regula la gestión y prestación de los servicios de saneamiento a nivel nacional) que los prestadores rurales son monitoreados y supervisados por las áreas técnicas municipales de los gobiernos locales, que también deben brindarles asistencia técnica y capacitaciones.

En el caso del cloro, Chilón explica que es un material “volátil” por lo que las JASS –como Manzanas Capellanía– si no tienen las condiciones adecuadas, no pueden almacenar cloro para periodos prolongados. Es así que, como en este prestador, se acostumbra comprar algunos kilos, cada cierto tiempo, para la cloración que realizan cada siete días. 

“Misión cumplida”, leyó Chilón en el mensaje por WhatsApp que le envió José Humberto Chávez, de Chorro Blanco. Una foto acompañaba el mensaje y ahí los presidentes de ambas JASS: Chávez entregándole cuatro kilos de cloro a Zambrano. “Hemos apoyado a las JASS Manzanas Capellanía, le hemos regalado el cloro. La situación que estamos pasando es difícil para todos”, continuó Chávez, en el chat.

José Humberto Chávez, de la JASS Chorro Blanco, entrega el cloro necesario a Juan Carlos Zambrano de Manzanas Capellanía. Foto: Marya Chilón.


“La alegría de servir en tiempos de covid-19. En un gesto noble, la JASS Chorro Blanco brindó apoyo con cloro para que puedan seguir clorando el agua para consumo humano y brindar un buen servicio a las familias de Manzanas Capellanía. Gracias paisita Humberto, por su gran gesto. Estoy convencida que la vida le compensará cada buen acto que viene haciendo. #ElAguaNosUne”, publicó Marya Chilón en su Facebook, el 8 de abril, finalmente.


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*Esta crónica, junto a otras dos historias, fue una de los ganadores del concurso de testimonios “La vida cotidiana de los peruanos durante la Gran Pandemia” que organizó el Instituto de Estudios Peruanos (IEP). También fue publicada en el porta IAgua.

 

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9 de agosto de 2020

Microrrelato: Espacio en la ciudad


Tras seis asambleas, teníamos que decidir el destino de la huaca del barrio. Décadas atrás, cuando llegaron nuestros abuelos de provincia, la huaca simbolizaba el poderío de una antigua civilización. Pero nacieron nuestros padres y luego nosotros: el espacio se redujo y todos miraron ese montículo de tierra como espacio para construir nuevos edificios. La votación empezó temprano. Primero lo hicieron quienes querían la demolición, pero no esperaban el último esfuerzo de mi abuelo, quien abanderaba su conservación y convenció a su patota –los muchachos a quienes nos adiestró sobre cómo conquistar nuestras enamoradas– para que votáramos por conservar nuestra huaca.

Huaca Colli, Lima. Imagen: Internet.



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7 de agosto de 2020

Gastón Acurio está aburrido y otros dichos pandémicos


Gastón Acurio vivía aburrido entre libros de Derecho mientras saboreaba mentalmente qué sabor obtendría si mezclaba lo novoandino con la alta cocina. “Ya vuelvo”, dijo al promediar la una de la tarde, para irse a almorzar –pequeña premonición–, en su primer día como practicante de abogado, pero jamás retornó a la oficina que lo esperaba para sazonarlo en leyes. El resto es historia recocinada: no paró hasta convertirse en nuestro político más querido sin la necesidad de hacer política. Pero, para ello, Acurio Jaramillo se cuestionó lo que ahora nos preguntamos todos los que estamos confinados entre cuatro paredes por un virus de insospechadas consecuencias: ¿la vida que hemos llevado ha valido la pena?, ¿hemos notado lo verdaderamente importante? 

Gastón Álvaro Acurio Jaramillo
Gastón Álvaro Acurio Jaramillo. Imagen: Internet.

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Es 31 de diciembre y Ludo está aburrido y con sed, redactando un recurso de embargo, en una oficina de la avenida Arequipa, cuando lanza un gemido poderoso, “como el que dan los ahorcados, los descuartizados”. Ludo ha sudado y bostezado, así, los últimos tres años, “en plena juventud”, en la novela “Los Geniecillos Dominicales” de Julio Ramón Ribeyro. La ficción, que nunca decepciona como la realidad, evidencia, en cierto modo, los efectos de estas semanas en las que nos cuestionamos todo, desde si hemos abrazado tanto como deseamos y necesitamos, hasta si lo que hacemos en el día a día es verdaderamente transcendental. 

Julio Ramón Ribeyro Zúñiga. Imagen: Internet

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Se cumplía la tercera semana del aislamiento cuando una ráfaga de mensajes llegó vía WhatsApp: había sido incorporado en el grupo de exalumnos de la primaria. Saludos y recuerdos se mezclaron con memes y stickers hasta que sucedió lo que estábamos esperando, pero nadie deseaba: las fotos del anuario en el que nos proyectábamos, en la inocencia de nuestros diez años, sobre lo que seríamos de adultos. Veinte años después estábamos ahí, destrozados, frente a nuestros sueños de estudiantes. 

¿Es posible, acaso, que Roberto Gómez Bolaños se haya aburrido algún minuto mientras interpretaba al Chavo del 8, el Chapulín Colorado o el Chompiras? ¿Cuándo Gabriel García Márquez estuvo encerrado creando “Cien años de soledad” pensó en la posibilidad de abandonar la genealogía de esa mágica familia? ¿Hubo alguna ocasión en la que Diego Armando Maradona quiso abandonar a su selección mientras disputaba el mundial de fútbol de México 1986?

Diego Armando Maradona. Imagen: Internet.

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Había salido del trabajo sin notar que olvidaba las llaves de la casa. Era la tarde del viernes 13 de marzo, dos días antes de decretarse la emergencia nacional en el Perú y, por ende, el aislamiento social obligatorio. En las calles aún se respiraba, de alguna forma, confianza, pues mirábamos con lejanía a ese virus –aunque ya se iba propagando por la ciudad. 

Casi nueve semanas después trato de recordar cada minuto de ese día: acaso el último de lo que antes considerábamos una vida normal. Rememorarlo me devuelve a las pequeñas rutinas poco valoradas de esos días: saludar a los vigilantes del camino –cada día con una nueva frase cargada de humor–, disputarse con los compañeros de oficina –entre bromas cargadas de ironía– el primer lugar para calentar el almuerzo en el trabajo, comentarle al vendedor de periódicos que las portadas de los diarios deportivos del país escapan a cualquier género periodístico y pertenecen a una especie de realismo mágico. 

“A la próximo lo bajamos”, dijo alguien en el bus del Metropolitano en el que retornaba a casa, tras escucharse un estornudo, ese viernes 13 de marzo. Sonrisas escondidas vinieron después, en un vehículo casi repleto de gente que aún se sentía libre y que ahora camina con mascarillas, ojos vigilantes que sospechan de todos y de nadie y cuyas miradas escoden un futuro incierto. 

“Extraño dar abrazos” leí en un tuit, hace unos días. Por entonces escuché que hay una fuerza potente cuando nos damos un abrazo, al margen de a quién sea y en qué contexto, tanto si es a un familiar durante un cumpleaños o a un extraño en medio de la vorágine por celebrar un gol de Edison Flores. 

Dar un abrazo. Ese viernes 13 de marzo llegué temprano a casa, temeroso de tener que esperar en la puerta, pues no tenía las llaves de la casa. Sin embargo, a diferencia de otros días, solo yo faltaba de todos los miembros de la familia. Alguna broma se cruzó con los saludos. “Dijiste que llegabas a las diez” –se sorprendió mi madre. “A las diez para las siete” –me justifiqué.



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6 de agosto de 2020

Edison Flores y el gol decisivo


Van 72 minutos y 15 segundos del partido, cuando Edison Flores recibe el balón de un jugador ecuatoriano en el estadio Atahualpa de Quito, el 5 de setiembre de 2017. Entonces, durante los siguientes 5 segundos, tocará la pelota 7 veces, siempre con su chimpún izquierdo color rojo, mirará en dos oportunidades a la derecha, buscando una opción de pase, dará 5 pasos y disparará al arco, a las 5:27 p. m. Nada evitará, ni el arquero ni los tres jugadores contrarios que lo rodean, que el balón se cobije en la malla del arco y convierta el decisivo gol que llevó al Perú al mundial Rusia 2018.


El gol con la narración de Daniel Peredo. 




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25 de octubre de 2019

Mirar al costado: “Proyectos de amor” por las redes sociales

¿Existe la solidaridad en tiempos del Día del Shopping, Instagram y xenofobia? Wendy Bedoya y anónimos altruistas nos dan esperanzas.



Wendy Bedoya coge su celular e ingresa al Facebook. No para postear una foto del almuerzo o revisar las noticias o novedades de sus contactos, lo hace para publicar casos: historias de personas que necesitan algún tipo ayuda.

“He visto a una señora que necesita una silla de ruedas”, “un niño busca un albergue para tratarse una enfermedad en Lima”, “una adolescente internada quiere celebrar su quinceañero pero sus padres no tienen dinero”, le escriben por sus redes sociales a Wendy. Entonces evalúa e investiga la solicitud y, si es verídica, activa la red de solidaridad en su página “Proyectos de amor” para obtener la ayuda necesaria. Sea lo que fuese –hasta casas prefabricadas– siempre lo consigue.  

Al año, en promedio, puede beneficiar a más de 82 mil personas –entre campañas, voluntariados y otras iniciativas–. ¿Por qué lo hace?, ¿cuál es su sueño? –quisimos saber.


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UNA NOTIFICACIÓN

Un día de mayo del 2015, mientras superaba la muerte de Imelda, su abuela, encontró su camino. Estaba revisando fotos y videos en el Facebook, cuando vio una publicación en la que solicitaban ayuda para Mario, un adolescente con el 60 % del cuerpo quemado. Wendy lo ayudó con las operaciones que le permitieron recuperarse –abrir las manos, caminar, terminar el colegio– y Mario le aclaró el sentido de su vida. Tiempo después la llamó para darle una noticia: ¿Adivina a qué me dedicaré? –la sorprendió. Wendy no lo podía creer.  

Una nueva notificación suena en el celular de Wendy: otra solicitud de ayuda, esta vez por el WhatsApp. A la semana puede recibir, en promedio, cinco requerimientos de ayuda. Prioriza a las personas enfermas de bajos recursos.

“Me gusta la respuesta de la gente”, agradece, pero ello no evita que Wendy se angustie cuando pasan los días y no puede reunir la ayuda prometida. Si el caso es de Lima, el plazo autoimpuesto es de una semana. Cuando pasaron 6 o 7 días, se encienden las alarmas y recurre a empresas. No le gusta quedar mal con quien la necesita. Si la ayuda es en una provincia, se permite unos días más de licencia: por el viaje de traslado.

Las iniciativas que lidera han involucrado a más de mil personas, de distintas formas. “Algunas veces me dicen: pero yo no tengo dinero. Pero no es dinero, quizá es tu tiempo. O el juguete en buen estado de tu hijo. Hay muchas formas de ayudar” –afirma.



En el 2018 supo de un grupo de adultos mayores que vivía en casas con paredes de plásticos, en Cañete. ¿Conseguiremos la ayuda?, dudó. “Mucha gente pequeña en lugares pequeños haciendo cosas pequeñas puede cambiar el mundo”, escribió en el Facebook. Días después construyeron 16 casas prefabricadas que entregaron amobladas.

“Al final es una cadena de amor para lograr un solo objetivo. Debemos derramar amor por donde vamos” –solicita. “Y si tú ayudas, influyes en tu entorno”.

¿Un mundo mejor es posible? –le preguntamos con desconfianza. “La gente que hemos ayudado, cuando salió adelante, comparte sus donaciones –la cocina, la silla de ruedas– a otras personas. Quien recibe, replica la solidaridad” –sostiene con firmeza.


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HADA MADRINA

Wendy es diseñadora de interiores, pero prefiere transformarse en un hada madrina, como la identifican los niños en los hospitales donde realiza voluntariado, tanto por el amor que brinda como por sus cabellos largos y ondulantes, como en un cuento mágico.  

Dejó parcialmente –sin mucho pesar– la organización de eventos corporativos para preparar fiestas infantiles a menores con enfermedades terminales o crónicas y brindarles unas horas de juegos y música a fin de olvidar sus tediosos tratamientos.

“Ayudar es un sentimiento que no se puede cubrir. Es un pedazo en tu corazón que no lo llena nada”, explica. “Haciendo feliz a otro, tú eres feliz”.

¿La mejor gratificación? Cuando la llaman o buscan, mes a mes, para saber cómo está, darle un presente, quizá una fruta, una foto del niño que ayudó y cómo va creciendo, la niña que ya camina sola, el discapacitado vendiendo en su silla de ruedas, una carta de provincia, un abrazo profundo.  

Sanar jugando: triciclos para que los menores jueguen mientras realizan su tratamiento.

“Nunca me llego a desligar de los casos” –medita, mientras vuelve a observar las fotos que conserva en su celular: muchas historias, necesidades y sonrisas finales.

La experiencia le enseñó que además de dar, también debe enseñar. “Queremos cambiarles la vida a las personas. No solo ayudarlas, buscamos proporcionarles un trabajo digno, según sus posibilidades. Dar trabajo, que sean útiles, porque el asistencialismo es momentáneo. Por ejemplo, tenemos un proyecto de muñecos solidarios, que consiste en que los pacientes tejan, yo consigo la lana, ellos tejen y venden los muñecos: la mitad es para ellos y la otra parte para la fundación a fin de seguir ayudando”.


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MARIO Y UN SUEÑO

Wendy llora de felicidad cuando un paciente se cura. Como sucedió con Mario y, en especial, al enterarse de su destino: estudia Medicina para ayudar a otros niños con quemaduras. Lo que la impulsa a luchar por su sueño: tener un albergue para menores enfermos con cáncer.

Un buen día se puede cruzar con Wendy Bedoya Álvarez por las calles de Lima sin reconocerla, ni a otros anónimos voluntarios. Quizá tampoco prestar atención a quien necesita nuestra ayuda y está en la puerta de ingreso al trabajo, en el semáforo donde esperamos que cambie de luz para cruzar o en el asiento del costado del bus. De repente sí, entonces podríamos tener un mundo mejor.



PROYECTOS DE AMOR

Además de liderar Proyectos de amor, Wendy también encabeza Lanas de amor (pelucas de fantasía para niños con cáncer) y Sanar jugando (triciclos para que los menores jueguen mientras realizan su tratamiento). Asimismo, impulsa voluntariados en distintos hospitales de Lima y provincias para acompañar a los pacientes.  

> Esta historia se publicó en Gutnius (octubre de 2019)


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10 de agosto de 2019

Una travesía con Florentino Ariza y Fermina Daza por el Caribe

Leer a Gabriel García Márquez permite vivir más, gracias a su mágica virtud de construir mundos paralelos con las palabras.

[Texto publicado, originalmente, en Centro Gabo (memoria colectiva)].

Fermina Daza. Ilustración: Luisa Rivera. Fuente: WMagazín 


Los mundos ideados en la literatura son más excitantes que el mundo real. Los escritores más avezados tienen la potestad de crear e introducirnos en realidades paralelas, tan ajenas y disímiles a la nuestra, que superan las limitaciones temporales y espaciales a las que debe resignarse la humanidad.

Así, adentrarnos en un libro nos transporta a mundos que –desdichadamente– no tenemos acceso. Leer a Julio Verne, por citar un ejemplo, nos posibilita viajar al centro de la tierra o pasear cinco semanas en globo por África. Es decir, traspasar la realidad y ponernos a buen recaudo de la rutina y las desazones diarias.

Asimismo, podemos vivir más, cuando ‘vivimos’ las vidas de los personajes y, sobre todo, al tener experiencias que nuestra situación de mortales nos imposibilita: ser otros, tener varias profesiones u oficios, viajar a la Luna, cumplir sueños platónicos, ser, acaso, un presidente o un dictador, quizá un caballero que lucha junto al Mío Cid o un griego que regresa con Odiseo a Ítaca.

Es lo que sucede cuando nos sumergimos en las historias construidas por Gabriel García Márquez: realidades en las que podemos ingresar al cuarto donde el coronel Aureliano Buendía da forma a sus pescaditos de oro; viajar indiscretamente por el Caribe en el buque Nueva Fidelidad junto a Florentino Ariza y Fermina Daza durante los tiempos del cólera; o visitar a María de la Luz Cervantes, la mexicana de 27 años internada en un sanatorio de España.

Situaciones que nunca suceden entre nosotros pero que desearíamos, con todas nuestras fuerzas, que sean reales, que esos personajes tengan carne y hueso y habiten esta tierra con todas sus irrealidades, virtudes, fantasías y manías, y que sus tiempos sean los mismos que los nuestros para vivir. Interrelacionarnos, aprender de ellos, maravillarnos de sus proezas y vicios que se describen en las obras de García Márquez.

Es por eso, quizá, que algunos lectores hemos proyectado a esos personajes en las personas con las que nos cruzamos a diario, como la inconmensurable Mamá Grande, para hacer de este mundo uno más rico y a sus habitantes más atractivos o, acaso, solo poder soportarlos. Impregnándoles de las potestades literarias les conferimos particularidades que los transforman en más relevantes para, así, enriquecer las relaciones humanas. Acaso, ¿nunca se han cruzado con alguien que se parezca al gitano Melquíades, a María dos Prazeres o a José Montiel?

Ciertamente, quienes nacemos en América gozamos con la ventaja de comprender, con mayor cabalidad, esos mundos paralelos que construyen escritores como Gabriel García Márquez. En nuestra Amazonía, la costa, los Andes, el Caribe o la llanura, más que en otras partes del mundo, poseemos herramientas más poderosas para imaginar, con más realidad, esos mundos, gracias, en parte, a la herencia que nos legaron nuestros abuelos prehispánicos y las desgracias, catástrofes y actos heroicos que hemos superado.

Miguel de Cervantes decía que “en algún lugar de un libro hay una frase esperándonos para darle un sentido a la existencia".

¿Quién no ha sido tentado de releer El amor en los tiempos del cólera para encontrar esperanza en la existencia del amor? O de revivir los Cien años de soledad cuando la rutina lo agobia o de prepararse para una exposición con la lectura de Yo no vengo a decir un discurso. Quizá de experimentar las cosas extrañas que les suceden a los latinoamericanos en Europa con los Doce cuentos peregrinos o de involucrarse con una vida cautivante en Vivir para contarla.

Es por eso que podemos leer a Gabriel García Márquez en todo momento, a cualquier edad, sin importar el estado emocional, ya sea que estés fastidiado por una existencia sin sentido, feliz por un éxito momentáneo o derrumbado por una desgracia insuperable.

Leer a Gabo, en suma, permite vivir más, gracias a su mágica virtud de construir mundos paralelos con las palabras.

Gabriel García Márquez, en un retrato de Toño Vega.



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8 de enero de 2019

Universitario 2018: el campeonato del partido

2018: el año del infierno para el hincha de Universitario. Las siguientes líneas son una reflexión, en el marco del partido contra Sport Huancayo, el más importante que jugó la "U" para salvarse del descenso, sobre lo que significó esta temporada para el club y sus fieles: otra prueba de amor.

Aptitud: los dedos trenzados y toda la suerte que el hincha de Universitario atrajo para salvar la categoría. Todo cuenta cuando lo deseas con tu vida.

El hincha ha permanecido con las manos inquietas desde el inicio del partido. La camiseta que lleva puesta, con la palabra Nicolini en el pecho, evidencia que tocó el cielo en años previos. Pero hoy vino por otro tipo de obligación: no descender de categoría.

El encuentro crucial para Universitario en el año, contra Sport Huancayo, a las 20 horas del jueves 4 de octubre de 2018. El desastre en Ayacucho nos pone penúltimos, en el mismo infierno: la situación insospechada. La ansiedad nos carcome los días previos, pero también nos moviliza: en las tribunas, en la calle, en las redes, en Lima, en provincias, en todo el mundo. Un antes y un después.

Hoy hay que ganar sí o sí, como sea, como se pueda.

Los primeros minutos son áridos. El equipo intenta, quiere ser protagonista, pero sin resultados. Entonces jugamos en las tribunas: oriente y occidente. Lo vivimos en el estadio Nacional, con esas tribunas habilitadas, sin nuestras populares, sin el pueblo crema por una injustificada sentencia de las autoridades.

Nos han dicho, reiteradas veces, “no se puede jugar en el Monumental”, “partido de alto riesgo”, “no habilitaremos Norte”, “no hay garantías” y hemos padecido cinco controles para ingresar al estadio, un solo acceso para las tribunas populares, abuso de la autoridad… pero persistimos, somos obstinados, nos motivan y fortalecen.

Mitad de un primer tiempo trabado, sin claras opciones y con peligro en cada ataque de Sport Huancayo. El hincha mira al cielo y cruza los dedos: el medio sobre el índice, que trenza y dobla con tensión, sobre su pecho, en su espalda, con una convicción que convence al más ateo de las cábalas.

Jugamos todos, en la cancha, en la tribuna, en las caravanas, en los banderazos, en las redes... en la calle, en el aire, con el alma.


-       
-       - Jugadores, jugadores… los venimos a alentar… nuestra historia es de primera, de primera no se va…” –baja el desesperado aliento de las tribunas.

32 minutos. Tiro libre. Jersson Vásquez está frente al arco norte. Patea, pero va al travesaño. Germán Denis se anticipa y, de palomita, consigue el gol. ¡Gooolll! ¡Goooollll!

Y es Denis: ejemplo de quien llegó a mitad de temporada y fue vital como Pablo Lavandeira y (lo que jugó) Alberto Rodríguez.

La temporada se inició con una moneda al aire: sin poder contratar y con el futuro del equipo puesto en los hombros de jugadores jóvenes y algunos con cierta experiencia. Si se analiza este año desde la perspectiva del vaso con agua, entonces debemos saludar la aparición de jóvenes como Zubczuk, Osorio, Velarde, Barco, Morales y quienes pueden seguir creciendo como De la Cruz, Montesinos y otros.

Llegamos al entretiempo del partido. El hincha y sus dedos parecen desgastados, pero los segundos 45 minutos serán de mayor tensión y labor: traer toda la suerte al equipo y la mufa al rival. El entretiempo también es el momento del hincha contra los rivales que están en casa y parasitan al club. 

Del hincha que en las malas acompaña en las caravanas, participa en los banderazos, agota las entradas, viaja a provincia, viene por su cuenta al estadio: todos son importantes.

El inicio del segundo tiempo potencia el juego del rival, que mueve el balón y merodea el área: nosotros dejamos el papel protagónico para ser un extra.

Cada ataque de Huancayo es un año menos de vida. Los dedos del hincha se mueven intuitivamente como si supieran qué hacer: entrelazarse y bendecir nuestras aspiraciones. El corazón late vigorosamente, se lanzan respiros profundos, insultamos a la vida que nos apremia, apretamos los puños y recordamos a los dioses por unos minutos: nos hemos persignado.

-        -  Jugadores, jugadores… los venimos a alentar… nuestra historia es de primera, de primera no se va…” –exigen los presentes.





Entonces Lavandeira se barre en el césped para recuperar el balón. Denis lo revienta al infinito. Figuera pone la pierna fuerte. Zubczuk se impone en su área.

El aire está cargado de nerviosos. Aguantamos todo el segundo tiempo, pero la última jugada es un capricho del destino. El delantero de ellos frente a nuestro arco, dispuesto a patear. Lavandeira ya no tiene opción de cerrar y, como todos, se lleva las manos a la cabeza. La jugada más tensa. Algunos renuncian a mirar el desenlace y buscan una explicación en el infinito. Los corazones se prolongan en el aire… ¡Afuera! ¡Es un tiro desviado!

Los tres puntos son nuestros: nunca mejor dicho. Nuestros. Del equipo, pero sobre todo de los hinchas porque no lo ganábamos sin el empuje de las tribunas. Sin el aliento que desestabilizó a su 9 en la última jugada, que entorpeció el juego de los rivales, como contra Unión Comercio, Cristal, en Moquegua y en Cusco.

La hinchada que será el mejor refuerzo para el 2019, temporada en la que otros coleccionan figuritas. Porque, entre lo que nos exige nuestra historia (luchar por el campeonato) y lo que nos permite la situación, hay deberes que no negociaremos: darlo todo y sudar la camiseta.

Bonus track: 



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24 de diciembre de 2018

Papá Noel reparte felicidad a más de 4200 metros de altura

Más de 500 juguetes se repartieron entre niños y niñas de Pampamarca y anexos, ubicados a más de 4200 metros de altitud en la región Ayacucho. ¿Por qué resistir una lluvia incesante, granizada hiriente y una altura desequilibrante para alegrar la Navidad de quienes no conoces?

Niña de Pampamarca
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Alex espera su regalo de Navidad. Tiene 7 años, viste un gorro de lana y cinco prendas para cubrirse del frío. Estamos a una altura de 4250 metros y las últimas horas cayó una incesante lluvia, acompañada de granizada. El aire que rodea simula pequeñas cuchilladas en el cuerpo.

La primera prenda de Alex es un polo de la selección peruana, de Paolo Guerrero, aclara. Luego, otro polo manga larga de dibujos, seguido por una polera verde y una chompa de lana, aunque envejecida. Finalmente, viste una casaca azul con dos rayas rojas horizontales, que está húmeda. 

Él espera su regalo, como otros 500 niños y niñas de Pampamarca, un centro poblado ubicado en el distrito de Coracora, en la provincia de Parinacochas, región Ayacucho, hasta donde llegó Afrazame, un grupo de voluntarios que busca mejorar la calidad de vida en pueblos de la sierra del país que soportan temperaturas extremas. Además de los juguetes, se entregarán víveres, canastas y ropa.

Pero mientras se reparten los primeros donativos, Alex se saca la casaca húmeda. Está inquieto ya que tiene premura por recibir su obsequio. Juega, conversa, hace bromas con los otros niños y niñas que integran las colas designadas para repartir los regalos, divididas por edades: de 0 a 3 años, luego de 3 a 6, seguido de 7 a 10 y después de 10 a 13. Tanto para niños como niñas.

Alex es el primero de la fila de los niños de 7 a 10 años. Se despoja de su casaca húmeda, con la que empieza a jugar, ya que en el local comunal donde se realiza la repartición de donaciones se conserva un ambiente más cálido que en el exterior. Para calmarlo, le hemos pedido que se siente. Lo hace y encuentra un singular y desconocido atractivo en sus desgastadas zapatillas blancas, pero, antes de olvidarse, nos pregunta: ¿nos darán regalos a todos?



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Una rápida búsqueda en Google sobre Pampamarca evidencia ser un pueblo marcado por el friaje y los sismos. El frío se acentúa, sobre todo, a mitad de año cuando la temperatura desciende por debajo de los cero grados y penetra las casas de adobe e ichu.   

Para llegar ahí desde Lima, vía trasporte terrestre, se debe seguir un camino que toma cerca de 14 horas. La ruta contempla el sur de Lima, la costa de Ica, seguir por Nasca hasta Puquio (ya en Ayacucho) y desde ahí, después de dos horas y en un trayecto por ratos sinuoso y que te hace sentir el rigor de la altura, se llega a Pampamarca.

Los voluntarios de Afrazame siguieron ese recorrido para llegar con los regalos, pero, sobre todo, con las ganas de mejorar la Navidad. Inmediatamente se detuvo el bus comenzaron a preparar la “Feria Navideña” que englobaba juegos para los niños, puesto de premios, preparación y entrega del menú navideño, donación de canastas y obsequiar regalos para cada niño.

La mecánica de la feria consistió en que cada juego (tumbalatas, bowling, cestas de básquet, piscinas de pelotas) otorgaba “afrasoles”, que se podían intercambiar por premios.

Alex participó en todo. No importó la altura ni la lluvia, a las que está acostumbrado. Pero se mojó su casaca.

Adentro, en el local comunal, se la ha quitado. La impaciencia por recibir su regalo lo lleva a jugar con ella, que ahora está por los aires. Mira las bolsas con los regalos que tiene enfrente. Y mira a los niños que van recibiendo los juguetes más grandes, que se reparten tras un sorteo entre todos los presentes: los carritos a control remoto, los robots, los muñecos…

- ¡Guauuu!, se escucha cuando una niña recibe un set completo con los accesorios de la Barbie
- ¡Ohhh!, mencionan, ahora, cuando un niño recibe un carro con el que podrá recorrer las calles de Pampamarca.

Son los obsequios que los voluntarios de Afrazame donaron y recolectaron en Lima y que entregan en Pampamarca y tres anexos.

En total 520 juguetes. 520 sonrisas. 520 navidades felices.

Pasan los minutos y ahora se entregan las canastas a los adultos. Pero Alex, como todos los niños en el mundo, no entiende de razones. La impaciencia, propia de su edad, parece desbordarlo. Se para, juega bruscamente con sus amigos de la fila, con las niñas de los lados, con su casaca que se va secando.

Entonces los voluntarios recurren a cualquier medicamento para mantener el orden mientras se continúa con el programa:

- La lechuza, la lechuza, hace shh… hace shh… / Todos calladitos, como la lechuza, hace shh… hace shh…, cantan junto a los niños, a quienes les divierte el coro.

Es una victoria que repiten cada vez que se corre el peligro del caos. Hasta que llega el momento de repartir los juguetes a todos.

Alex, el primero de la fila, se pone de pie inmediatamente y sus ojos brillan. Su sonrisa no tiene fin, pero antes le pregunto: ¿Te gusta el fútbol? ¡Sí!, no duda. ¿Hincha de qué equipo eres?, lo interrogo.



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Afrazame es un grupo de voluntarios que busca mejorar las condiciones de vida en los pueblos ubicados a más de 4000 m s. n. m. y que soportan temperaturas extremas. Brindan ayuda durante tres momentos del año con campañas para recolectar útiles escolares, para combatir las heladas y el friaje y, finalmente, con las actividades por Navidad.

El nombre es una creativa combinación entre Frazada y Abrazo = Afrazame y han llevado ayuda a Acombamba en Huarochirí (2014), Lachaqui en Canta (2015), Cañaypata en Huancavelica (2016), Manco Cápac y Chambara Alta en Sayán (2017) y Pampamarca en Ayacucho (2017 y 2018).

En el 2019 apuntan a realizar la campaña escolar en beneficio de los estudiantes de Pampamarca, para lo cual, dentro de pronto, empezarán a juntar los kits escolares.

- ¿Hincha de qué equipo eres?, le había consultado a Alex.
- ¡De mi colegio!, fue su respuesta efusiva.

Y es por su colegio y sus ganas de estudiar que la próxima campaña de Afrazame es otra linda oportunidad para apoyar. 



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23 de septiembre de 2018

Juan Lepiani, el pintor patriota

Juan Lepiani es el autor de las pinturas con las que hemos imaginado los episodios más importantes que sucedieron en el Perú, como la escena de los trece de la isla del Gallo, la proclamación de la Independencia, la conferencia de Punchauca y, en especial, de la guerra contra Chile. Una reciente tesis, la primera sobre su obra, estudia la historia nacional en sus cuadros, en los que se mezclan lo heroico, lo trágico y la violencia.

"El último cartucho” (pintura de Lepiani en óleo sobre tela), actualmente en el Museo de los Combatientes del Morro de Arica (Centro de Lima) donde también se pueden encontrar “La Respuesta” y el cuadro de Alfonso Ugarte. 

1899. Solo dieciséis años habían transcurrido desde el final de la Guerra del Pacífico (1879-1883). Sus causas y consecuencias se debatían en la literatura de Manuel González Prada y en la pintura de Juan Lepiani, quien ya había presentado “La Respuesta”, cuadro sobre el momento en el que Francisco Bolognesi responde que pelearía hasta quemar el último cartucho.

Pero ese año, otro suceso de esa guerra despertaba su interés: la batalla de Arica (7 de junio de 1880). Para pintar la trágica muerte de Bolognesi, decide ir al mismo morro, previa carta de recomendación del presidente Nicolás de Piérola para ingresar a Arica (entonces cautiva por Chile), según describe la tesis "La historia nacional en la pintura de Juan Lepiani" (2018) de Ana Karina Saldaña. Entonces, ahí, se documenta, mide el paisaje, toma fotografías, llega a exhumar cuerpos, junto al historiador Gerardo Vargas Hurtado, tiene contacto con soldados y conversa con los peruanos que vivían allí, quienes le dan referencias sobre la batalla y el sacrificio de Alfonso Ugarte.

El cuadro [primera imagen de este post], que titula “El último cartucho”, se exhibe ese mismo año en la Casa Dubois (actual Jirón de la Unión) e impacta por su drama, movimiento y violencia, además de sus dimensiones (de 4.90 x 2.94 metros).

Un día antes del inicio de la muestra, el 21 de octubre de 1899, acude el presidente Eduardo López de Romaña. Impresionado, solicita al ministro de Instrucción (ahora de Educación) que sea visitado por los estudiantes y se use para dictar las clases de historia. Los alumnos, según registran los diarios, recitan poesías y se permite el ingreso del público, el cual rememoraba, impactado, la tragedia de una reciente guerra, que había vivido y padecido.

"La proclamación de la Independencia" (1904). Juan Lepiani lo pintó en Roma. La documentación fue una complicación para él, por lo que, según Saldaña, no hace retratos. Los personajes están dando la espalda y se reconoce a San Martín sin ver sus rasgos faciales. "Solo uno mira y se asume que es Lepiani. Era una práctica renacentista que el autor de la obra se coloque en el cuadro", indica la investigadora.

ILUSTRADOR HISTÓRICO

Juan Lepiani (Lima, 1864 – Roma, 1932) mostró temprano interés por la pintura histórica. Fue discípulo del pintor español Ramón Muñiz. En Europa, a donde viajó para desarrollar su técnica, realizó copias de obras de Rafael y Tiziano, entre otros. En total realizó 34 cuadros, de los cuales 10 son sobre historia nacional.

“La visión histórica de Lepiani abarca desde la llegada de los españoles hasta la República. El único cuadro con presencia inca es ‘La captura de Atahualpa’. Ello se deba, quizá, por lo complicado que era conseguir registro visual y documentos del Tahuantinsuyo. Para los pintores del siglo XIX, la fuente documental eran los textos. Y, tras su viaje a Europa, Lepiani no contaba con ese material, por lo que, muchas veces, solicitaba imágenes y recortes que le enviaban del Perú”, indica Saldaña, licenciada en Historia del Arte por la Universidad San Marcos y autora de la tesis.

Los cuadros más representativos de Lepiani son “Los trece de la Isla del Gallo”, “El asesinato de Pizarro”, “La conferencia de Punchauca”, “La proclamación de la Independencia”, “La respuesta”, “El último cartucho”, “Alfonso Ugarte”, “El ingreso de Piérola por Cocharcas”, entre otros, que tienen presencia obligatoria en los libros, nos permiten evocar la historia y pertenecen al imaginario popular. 

Información proporcionada por Ana Karina Saldaña. Complementariamente, indica que Juan Lepiani hizo dibujos al carboncillo, trabajos en acuarela, óleo sobre tela, lienzos, técnica mixta y trabajos de restauración.

Si bien Lepiani no abordó la época preinca, el virreinato o la figura de Miguel Grau, resalta su admiración por Francisco Bolognesi, la cual se basaría, probablemente, porque, cuando se declaró la guerra del 79, el héroe nacional ya estaba retirado del Ejército. Por ello, dos de sus principales cuadros tienen como elemento central a Bolognesi: tanto “La Respuesta”, como “El último cartucho”. Ambas pinturas, ubicadas en el Museo de los Combatientes del Morro de Arica, permiten diversos análisis.


NARRATIVA HISTORIOGRÁFICA

Siempre está el criterio de verificar si la representación en el cuadro coindice con el suceso histórico, analiza Saldaña. “Lo cual es complicado porque en el siglo XIX, con movimientos como el romanticismo o el arte pompier, que es donde ubico a Lepiani, se decía que el artista, como tal, tenía libertad en su representación con la intención primordial de que el mensaje llegue al observador sin considerar la exacta verosimilitud o no con el suceso. Tengamos en cuenta, además, que pintar un cuadro histórico es complicado, sobre todo al comparar las fuentes”, considera.

No obstante, resalta que Lepiani siempre tuvo el deseo de hacer representaciones muy cercanas al suceso histórico, como consta en sus documentos, manuscritos y cartas, que mantenía con Ricardo Palma o con el historiador Emilio Gutiérrez de Quintanilla, a quienes les pedía información, durante su estancia en Europa, para pintar, por ejemplo, “La proclamación de la Independencia”. 

"La captura de Atahualpa"
Además del estudio que hacía en los escenarios “reales”, como el morro de Arica o en Miraflores, escenario de la defensa de Lima, tras lo cual pintó “La defensa del tercer reducto de Miraflores”.

Es así que Saldaña encontró, en su archivo, recortes periodísticos con imágenes de La Serna,  San Martín o Grau. La investigadora resalta que Lepiani siempre tuvo la intención de representar a un héroe en sus cuadros. De hecho, en una de sus cartas, el pintor explica que, cuando representó a Francisco Bolognesi o Alfonso Ugarte, “personas dignas de aprecio”, buscaba rendirles homenajes por haber dado su vida a la Patria y para que, en la posterioridad, se sepa sobre sus sacrificios. Lo logró. 

El ingreso de Piérola por Cocharcas. Fue un cuadro solicitado. Lepiani tuvo contactos con varios presidentes, entre ellos Piérola. De hechos, a otros mandatarios les hizo retratos. "Lepiani se codea con la élite cultural y política. Pero no me atrevo a decir que era pierolista", afirma Saldaña.

Otros cuadros de Lepiani.

"La defensa del tercer reducto" (1894). Según la prensa de la época, le tomó tres meses de trabajo. "Se rompe la idea de que los cuadros sean con personajes tiesos. Acá están en movimiento. La pincelada es más ligera. El personaje que destaca es Narciso de la Colina, quien estaba a cargo del reducto N. ° 3", indica Saldaña.

"Alfonso Ugarte" (ca. 1922). Al terminar esta pintura, un veterano de guerra le cuestionó la representación del héroe, ya que jamás se lanzó del morro y murió en batalla -aseveró. El artista, cuya carta está publicada en un periódico, respondió que su intención fue rendirle homenaje. Como dato adicional, en este cuadro, Lepiani firma con doble "p": Leppiani. Saldaña reconoce que esa era una práctica común en el siglo 19. Incluso, en algunos documentos no firma como Juan y sí como "Giovanni Leppiani". 
"Los trece de la isla del Gallo" (1902). Saldaña explica que el arte pompier es un estilo académico y es ecléctico: sigue los lineamientos de la academia, tiene dibujo neoclásico, el color barroco, temas románticos, el hiperrealismo de la fotografía. Se contrapone al impresionismo. 

"La conferencia de Punchauca" (ca. 1921). Saldaña encontró, en su archivo, recortes de La Serna y San Martín. "Cuando le manda cartas a Gutiérrez de Quintanilla o Palma, le pide información sobre los uniformes. Además, él buscaba otras fuentes, como las representaciones teatrales que veía en Europa. En la medida de lo posible, buscó hacer una representación fidedigna, pero, cuando no se podía, obtenía información de recortes o diccionarios de vestimentas", comenta.

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8 de agosto de 2018

Giuliana Huamán: “Empoderatec seguirá creciendo, seremos un equipo más grande”

Empoderatec, la comunidad que visibiliza a las mujeres en tecnología, seguirá desarrollándose y tendrá, además, una segunda línea de acción. Pero el camino no fue, ni es plano. Su fundadora cuenta los fracasos y dificultades que superó para formar la StartUp que inspira y motiva a muchas mujeres.

Giuliana Huamán, administradora por la UNMSM.
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Giuliana venía pensando, durante mucho tiempo, cómo visibilizar a las mujeres que desarrollaban tecnología en el país. Entonces integraba, junto a las principales mentoras en emprendimientos del país, un grupo que se reunía, cada cierto tiempo, para generar ideas que convoquen a más mujeres al ecosistema peruano. “¿Si hacemos desayunos?”, se pensó.

Pero Giuliana quería hacer algo más. Fue cuando surgió su lado artístico. Sentada, en su cama, proyectó realizar un documental sobre las emprendedoras más destacadas en tecnología del Perú. Hizo un storyboard y planteó la propuesta en la siguiente reunión. A todas les gustó y le pidieron que lo realice. “Eres coach, artista, la has fregado, desarrollas personas”, le dijeron y dieron su respaldo. Eres tú. Así, diseñó Empoderatec y empezó a trabajarlo. Era julio de 2016.

Luego la idea mutó. Se convirtió en microdocumentales: virales que lleguen a todo el país.

“Empoderactec es una comunidad que visibiliza a las mujeres peruanas en tecnología, ciencia e innovación. Buscamos contar historias, pero no las de los emprendimientos. Nos enfocamos en la emprendedora como mujer. Así, quienes las ven se conectan con ellas. Muchas mujeres aprecian, en los casos que mostramos, que siendo madres o de una universidad pública también pueden hacer emprendimientos”, refiere.

Desde el primer video que publicaron, les escribieron por inbox. Muchas les contaban el impacto que generaban en sus vidas, sus propias historias y el deseo de realizar sus sueños. Pero también sus temores. Miedo a dejar sus trabajos, a contarles sus proyectos a sus esposos o padres, a saber si es la decisión correcta.

Por ello surge la segunda línea de trabajo de Empoderatec: el desarrollo de habilidades blandas.

“Empoderactec se va a convertir en un programa de desarrollo de soft skills (habilidades blandas) para mujeres. Ayudaremos no solo a visibilizar su labor, también trabajaremos sus capacidades para el desarrollo personal, antes del empresarial”, explica.

Empezarán el primer boot camp (curso intensivo) en Arequipa, en agosto. Para este año, además, estarán en Cusco y Huánuco. En cada ciudad capacitarán a, mínimamente, 50 personas, en un programa de formación de tres días. El objetivo es ambicioso: llegar a más provincias, de la costa y de la selva.

Giuliana advierte que ser emprendedor es bonito, pero requiere preparación emocional, exigencia personal y motivación para vencer la incertidumbre. “Queremos preparar ese tipo de habilidades”.



¿Dónde está el hombre del grupo?

Porque el camino no siempre es plano. Recuerdos no faltan. Giuliana rememora cuando realizó su primer emprendimiento. Tenía 25 años y había trabajado para empresas top del país. Pero tuvo un accidente que se convirtió en un antes y un después en su vida. Tras su recuperación decidió dejarlo todo y hacer solo lo que le apasionara.

Comenzó a investigar en redes. Así, poco a poco, se introdujo en el mundo de la tecnología. Postuló e ingresó a una pasantía que se hizo en el Perú, similar a como se desarrollan en Silicon Valley, dictada por reconocidas mentoras. Durante un año aprendió cómo desarrollar StartUp, herramientas de innovación y tecnologías nuevas. Al terminar el programa debía realizar su emprendimiento. El primero en su vida.

Pero fue un fracaso.

Para el proyecto se fusionó con dos compañeras: una programadora y otra de operaciones. Hicieron todo lo no recomendable. Alquilaron un departamento, se autofinanciaron, no quisieron recibir capital externo. Les pasó de todo. Las estafaron. Quedaron endeudadas, pero les quedó una enseñanza y un logro gratificante.

Era la primera vez que se fusionaban tres mujeres para hacer una StartUp, en el ecosistema de entonces. Se estaba en la segunda generación de StartUp Perú. Postularon y pasaron a la última ronda. Cuando ingresaron a la evaluación, las primeras preguntas que les hicieron fueron: ¿Y dónde está el hombre del equipo?, ¿quién programa en este equipo? Ninguna mujer integraba el jurado del certamen.

¿Qué está pasando?, pensaron. Lo denunciaron y desde la tercera generación, hasta hoy, hay una mujer en la mesa como jurado de StartUp Perú.



Los domingos no le contesto ni a Obama

Soy administradora de empresas por la Universidad San Marcos, artista escénica y coach. Desde hace 4 años me estoy especializando en temas de innovación y desarrollo de metodologías ágiles. También soy storyteller. Doy conferencias y me encanta viajar y capacitarme. Trato de nutrirme con nuevos conocimientos y regresar al Perú.

Giuliana, además, apunta a realizar su maestría y ser una emprendedora en serie. “Me gusta convertir ideas en proyectos. Formar equipos, delegar y dirigirlos”.

Gracias a sus experiencias y facetas ingresó a un programa de innovación y emprendimiento que, una vez al año, realiza el Massachusetts Institute of Technology (MIT). Este 2018 postularon cerca de 6 mil personas (ingresaron solo 100) y se desarrolla en Río de Janeiro, Brasil.

Pero también está la otra Guiliana Huamán. Quien brota espontaneidad. Es natural. Dice malas palabras y no tiene frenos. Superó la presión familiar y social. La fregó, se fue a la quiebra y se levantó. Se siente capaz de todo, es aventada y lo logra.

¿Cómo superó sus miedos cuando se fue a la quiebra?  Se preguntó si quería volver a trabajar. Su respuesta fue no. “Tenía que seguir. Y no me equivoqué”.

Sale con sus amigos y también se la pega. Generalmente hace deporte porque quiere tener una vida equilibrada. Sus domingos son sagrados. Ella y su cama. “Los domingos no le contesto a nadie, ni a Obama”, advierte.

También es embajadora de Niña Valiente, mentora en incubadoras peruanas, egresada del Founder Institute, columnista de Mujeres Emprendedoras del Mundo y becaria del PNUD.

Empoderatec es el punto en el que se fusionaron todas las cosas que hizo en su vida. El proyecto que empezó para ser un documental, en julio de 2016, y fue mutando, de reunión en reunión. En el camino, el Ministerio de la Producción se convirtió en el patrocinador de la primera temporada. Publicaron los primeros videos a inicios del 2018. Y, desde entonces, no han parado. La segunda temporada es patrocinada por la Universidad del Pacífico.

Explica que ahora es un movimiento que se podrá convertir en un modelo de negocio interesante. Por ello, Empoderatec seguirá creciendo, con un equipo más grande. Seguirán haciendo videos, para continuar visibilizando el trabajo de mujeres en tecnología, pero también se enfocarán en los boot camps, sobre todo en provincias, donde las necesidades son mayores. Y seguirá. Imparable.

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6 de mayo de 2018

Sonrisa Crema: pasión solidaria de hinchas de la 'U' y simpatizantes de Alianza Lima

Un grupo de hinchas de Universitario de Deportes formó una asociación de ayuda social que, ahora, también integran simpatizantes de Alianza Lima. ¿Se puede esperar un gesto de solidaridad de la Trinchera Norte, la barra radical del club estudiantil?

Foto: Sonrisa Crema.


PASIÓN SOLIDARIA

Katherine Guerrero recuerda el día de marzo del 2017 cuando Renzo, integrante de la Trinchera Norte, la barra radical del club Universitario de Deportes, la llamó a su celular. Ella, como vicepresidenta de Sonrisa Crema, una asociación solidaria, encabezaba una campaña para conseguir fondos y llevar útiles a escolares de Pisco.

- ¿Qué están vendiendo? –preguntó Renzo.

- Llaveros. Los ofrecemos afuera del estadio Monumental –respondió Katherine.

- Flaca, tenemos 400 calendarios que les podemos donar para que los vendan –ofreció el miembro de la Trinchera.

- ¿De verdad? ¿A cuántos los podemos vender para darles una parte?

- No. Todo lo que junten es para Sonrisa Crema, porque sabemos que ustedes se sacan la conchasumadre –prosiguió Renzo.


Horas después, cerca de 400 calendarios que la Trinchera Norte elaboró sobre el club y su historia, y vendía a 10 soles cada uno, estaban en la casa de Katherine. No lo podía creer. “No te esperas ese gesto de la barra”, comenta.

Así, Sonrisa Crema consiguió parte de los fondos que necesitaba para su campaña escolar.

Foto: Sonrisa Crema.

LABOR

En setiembre de 2016, Jean Pierre y Katherine notaron que muchos hinchas de la 'U' participaban en labores sociales y luego los veían en las tribunas. Entonces, pensaron en formar una asociación.

- ¿Por qué no formar nuestro grupo? Conocemos gente de la 'U' que siempre apoya… ¿Pero, funcionará? –se preguntaron.

Programaron una primera actividad para diciembre de ese año: repartir regalos en los alrededores del estadio Lolo Fernández, en Breña, a los niños que trabajan en la calle. Tenían planificado entregar 33 obsequios. Al final, repartieron más de 90, incluidos alimentos a las personas que viven a la intemperie, en el Centro de Lima. Así nació Sonrisa Crema, cuyas actividades se estructuran en cuatro pilares: educación, salud, deporte y labor social.

Después de esa Navidad, han realizado, hasta el momento, otras campañas en Villa María del Triunfo, Chosica, Alpas (Barranca, norte de Lima) y Pisco, donde sabían que encontrarían más hinchas de Alianza Lima que de Universitario, pero, ello, no debilitó su voluntad de ayudar. De hecho, tres de los doce integrantes de la asociación solidaria... ¡son hinchas blanquiazules!

Para conseguir fondos, además de recibir donaciones y vender merchaidising, ellos aportan determinadas cuotas. Y para las campañas, además, cuentan con dos ONG aliadas que se encargan de la salud bucal. Así, no solo dan charlas de prevención, sino que también contribuyen a mejorar la salud de las personas.

Junior, jefe de proyectos del grupo, explica que son conscientes que no pueden solucionar todos los problemas de las personas que viven en los lugares adonde llegan, por lo que tratan de incidir en la prevención: “No se puede curar a todos, pero sí prevenir enfermedades”. Por ello, están en la búsqueda de voluntarios y profesionales.

Su meta, además de ser reconocidos por el club y cambiar la imagen negativa de los hinchas, es mejorar la calidad de vida de las personas.

- “No vamos a tomarnos fotos –aclara Junior–. Tampoco queremos solo entregar donaciones. Buscamos aportar a la localidad, que mejoren y salgan adelante por sus propios medios”.

Sunqu Crema es otra organización, de hinchas merengues, de ayuda social. Foto: Sunqu Crema.

‘LOLO’

“Que los nuevos 'U' recuerden que para ser 'U', hay que ser honrados, trabajadores y gente de bien. Quien no se sienta capaz de tener un comportamiento acorde con esas cualidades, que ni siquiera piense en ser hincha de la 'U'. Ejemplos hay miles y hay que seguirlos", dijo, alguna vez, Teodoro ‘Lolo’ Fernández, principal ídolo y referente del club.

Bajo esos ideales, además de la personalidad de ‘Lolo’, quien en vida demostró ser una persona correcta, sencilla y con coraje, Sonrisa Crema formó sus principios.

Para ellos, ser hinchas del club crema es un estilo de vida que llevan en las venas.

- Ir a la cancha o estar acá, en el Lolo (el estadio), es importante para nosotros –indica Katherine.

A su pasión, ellos le sumaron solidaridad. Un trabajo cuya remuneración es emocional. “Las personas te abrazan y tenemos que contenernos”, comenta Dayana, encargada de la Secretaría y Contabilidad del grupo. Agrega que les llena ver tanta alegría. Que es, al final, lo mejor que reciben y la razón de su nombre: sonrisas cremas.


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BUEN CORAZÓN


Sunqu Crema (corazón crema) es otra organización integrada por hinchas de la “U” que, desde el 2015, realiza iniciativas en distintas regiones. Al año, trabajan tres actividades: Campaña Escolar – Tiyakuy (derecho a la educación), Campaña de Heladas – Qhataya (derecho a la salud) y Campaña de Navidad – Ayni (derecho al esparcimiento).


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